Las piedras en el arte contemporáneo

lunes, 13 de mayo de 2013
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Aun cuando no puede definirse como una tendencia contundente en los circuitos comerciales del mainstream, la presencia cada vez más notoria en ferias y galerías de piedras y rocas como objeto escultórico devela el potencial que tienen estos volúmenes naturales para convertirse en una preferencia estética del mercado artístico. Si bien su utilización en la escena contemporánea no es novedosa y basta remitirse a propuestas de Joseph Beuys, Richard Long, Lee Ufan y Jimmie Durham, su resonancia actual se percibe a partir de 2012 con éxito en la instalación monumental que los suizos Fischli/Weiss realizaron en la meseta de Valdresflye en Noruega. Integrada por dos enormes rocas que se enciman una en otra tocando sólo un mínimo de la superficie de ambas, la pieza denominada Rock on top of another rock (Roca en la parte superior de otra roca), evoca tanto el misticismo del monumento arcaico como la oscilación entre la estabilidad y la inestabilidad. Una circunstancia que los autores trataron en 1984 con una serie de fotografías que presentaban el balance y escaso equilibrio de esculturas de objetos encontrados. En marzo de este año, el prestigiado museo londinense Serpentine Gallery promovió otra versión de esta obra, la cual, con el mismo título y un desequilibrio más audaz, se encuentra en el jardín que albergará la nueva expansión del recinto. En el contexto mexicano, Pedro Reyes, un artista de presencia global perteneciente al establo de la galería inglesa Lisson, expuso en 2012 en la galería Labor, del Distrito Federal, y en 2013 en su stand en la feria Zona Maco, una enorme roca volcánica perforada en la cual se insertan relieves en piedra que reproducen distintas partes del cuerpo humano. Considerada como un retrato escultórico, la obra se basa en el planteamiento del filósofo renacentista Pico della Mirandola sobre la autoconstrucción y transformación del ser humano. Y por último, la propuesta de uno de los artistas más reconocidos en el mainstream: el mexicano Gabriel Orozco. Integrada con 52 piedras de río de pequeño y mediano formato intervenidas con relieves de lenguajes abstractos, la exposición que presenta actualmente en la galería Kurimanzutto, de la Ciudad de México, delata una poética relacionada con la estética zen. Equilibradas en la fusión entre naturaleza e intervención humana, las esculturas destacan por una silenciosa belleza que integra el presente y la historia de cada piedra a través de la intromisión en su interior. Trabajadas en conjunto con distintos talladores, las piedras de cambiantes texturas y tonos evidencian la importancia que ha adquirido la forma, el color y la metáfora de la transformación temporal en la obra de Orozco. Interesantes, no sólo por la propuesta sino también por la audacia mercadológico-creativa, los trabajos mencionados confirman la eficacia comercial y artística que otorga el saber mantener un equilibrio entre el cambio, el concepto personal y las demandas estéticas del mercado.  

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