El genio, el minotauro y el asesino

martes, 14 de mayo de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- Phil Spector es uno de los grandes genios de la industria musical, en un época en que la música grabada tenía un valor. Una época dónde se compraban grandes modulares para escuchar con mayor fidelidad el sonido de un acetato o CD, antes de que al mp3 le bastaran unas mugrientas bocinitas de computadora. Un hombre así merece una película, pero los sucesos ocurridos en los últimos años de su vida, como se observa en la cinta Phil Spector, escrita y dirigida extraordinariamente por David Mamet, tienen un mayor preso dramático. La cinta, que cuenta con reparto de lujo, gira en torno del juicio al que fue sometido este genio desbordado, sin control (Al Pacino), acusado de asesinato de una joven actriz, Lana Clarkson, en 2003. Spector, un amante de las armas, es acusado de haber disparado a Clarkson, a quien le puso una pistola en la boca. Prácticamente no hay duda de que Spector lo hizo; sin embargo, el productor musical argumenta lo contrario. Spector contrata a Bruce Cutler (Jeffrey Tambor) para su defensa, quien hace equipo con Linda Kenney Baden (Helen Mirren), quien utilizará las pruebas de balística para sembrar una duda razonable en el jurado. Spector está loco, es un genio, pero su personalidad desbordada hace difícil tener simpatía por este hombre; para describirlo, Mamet utiliza la imagen del Minotauro, esta bestia mitad hombre y mitad toro con un deseo incontrolable por la carne humana, que debe ser encerrado en un laberinto para seguridad de la gente. ¿Es Spector una bestia similar al Minotauro? Y si es así, ¿en qué sentido? Spector, el genio de pasiones desbordadas, vive en su propio laberinto. Es una persona solitaria encerrada con sus propios demonios. Al parecer, la bestia está calmada dentro de los confines de su laberinto, pero de vez en cuando requiere de la presencia de humanos, a los cuales simbólicamente tenderá a devorar. O no tan simbólicamente, como podría haber sucedido en el caso de Clarkson... El meollo del asunto es que a los ojos del jurado y de Mamet, no se juzgó al hombre, sino al “Minotauro” que debía ser encerrado en una prisión para la seguridad de la gente. Las dudas razonables no tuvieron peso y la “bestia mitológica” recibió el castigo que se merece.

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