Feliz aniversario Martha Graham

martes, 14 de mayo de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- El 11 de mayo de 1894 nació Martha Graham. Pionera de la danza moderna estadunidense y figura clave del arte escénico universal, se le considera “la madre de la danza contemporánea”. Y cómo no, si se entiende que en el siglo XX, durante la Primera Guerra y la Segunda Guerra Mundial, se transgredieron límites insospechables en la historia de la humanidad. En shock frente a la infamia, el mundo de la cultura y el arte hizo eco hacia una rebelión a las convenciones y las formas de expresión o ideologías románticas. El ballet resultaba, en esas circunstancias, un arte decadente y banal. Había que romper con sus concepciones. Justo así, en esas ganas de romper con todo empezó a gestarse la danza moderna. Muy lejos de la danza clásica, Graham empezó a bailar ya entrada en los 25 años e inició su carrera como coreógrafa; posteriormente, abriéndose paso, a través del análisis, y rompimiento con el arte burgués y complaciente. La influencia del expresionismo, cubismo, futurismo e infinitos “ismos” daba pié a la exploración del pasado del arte. Martha Graham buscaba su propio vocabulario y lenguaje lejos del ballet en las formas arcaicas del Oriente, en el primitivismo africano, en las viejas técnicas de enseñanza medievales, prohibidas u obscurecidas y olvidadas durante el Renacimiento. Su investigación se apuntalaba en lo anti-clásico y anti-académico o convencional. Su manera de abordar el cuerpo implicaba entonces una vanguardia que rompía moldes predecibles. Así, Graham inicia las bases para el entendimiento de que la danza debe de ser es una manifestación orgánica de cuerpo y mente, en la que el torso --centro y eje emocional del cuerpo-- dicta el origen del movimiento y la acción de la pelvis se incorpora a la totalidad de la danza, a veces sensualmente y a veces como plena energía sexual. La artista transitó entonces por la acción primitiva hacia el suelo, hacia la tierra eje de la realidad inmediata. Como bailarina y coreógrafa, la gran artista dio a su danza un peso específico y la colocó dentro de la esfera de lo humano. Es decir, tuvo una noción clara de que el mundo de la fantasía no correspondía al momento social y político. Seis millones de judíos muertos en los campos de concentración, más los que mató Stalin en Rusia, más las víctimas de las Bombas Atómicas, eran fantasmas imposibles --aún al día de hoy— de desaparecer tras los castillitos de cartón de princesas y príncipes encantados. Graham inauguró también una amplía investigación teórica, no basada en la simple consecución de los pasos, sino en principios de movimiento cuyos desarrollos llevaban a la abstracción cuando no a la revelación de otros universos. La literatura explicativa de todo ese material se amplió día a día gracias a los avances tecnológicos y científicos del siglo XX. Y gracias a la artista, se amplió la libertad de la expresión basada primariamente en la comunicación, en un desarrollo técnico que descansaba en los principios del entrenamiento especializado en busca de un mayor rango de la utilización del cuerpo humano y con ello, la profundización teórica y práctica basada en principios científicos acerca del movimiento y la exploración de nuevas formas y caminos expresivos que incluían la restauración de la importancia masculina en la danza; la consideración del aporte individual de cada experimentador, y una nueva y amplia utilización del espacio. En fin, gracias a Graham la danza moderna redescubrió al bailarín y lo transformó en un ser superior. Por ello, para aquellos que piensen que la técnica y sobre todo la obra de la artista es forma y no fondo, la buena noticia es que están equivocados y que a los 119 años de su natalicio, Graham sigue siendo la figura más importante para entender el complejo proceso artístico de artistas como Pina Bausch y William Forsythe por mencionar dos ejemplos claves de la danza actual.

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