Cine: "La demora"

sábado, 18 de mayo de 2013
MÉXICO, D.F. (Proceso).- La primera secuencia de La demora (Uruguay-México-Francia; 2012) traza el laberinto imposible en el que viven atrapados María (Roxana Blanco) y su padre, Agustín (Carlos Vallarino); la desnudez humillante para el viejo que necesita que lo bañen, cuerpo adolorido por la edad y un cerebro con principios de Alzheimer, o demencia senil, lo mismo da; ahí está la frustración y el agotamiento en el rostro de la hija, madre soltera de tres chicos en edad escolar que hacen ruido en el cuarto de al lado. El lenguaje visual y dramático que ha desarrollado el realizador mexicano-uruguayo Rodrigo Plá estremece por su concisión. Poca o ninguna explicación de cómo llegaron ahí; parece que Agustín conoció mejores épocas, en sus lapsos de ausencia busca la casa donde vivía, el hombre que antes fue; María carga ahora con todo, subsiste con un trabajo en una fábrica de textiles y costuras extras; la situación se hace intolerable ante el rechazo de la hermana para apoyarla con el padre, María busca un asilo, pero ninguna institución de gobierno lo acepta porque no son suficientemente pobres. El título evoca esa muerte que no llega a tiempo, pero Plá evita cualquier concesión melodramática, tiene clara la diferencia de lo que significa manipular las emociones del público con chantajes melosos y lo que es provocar emociones auténticas; pero la responsabilidad queda a cargo del espectador, que llore o que se cierre. Todo un camino andado desde Desierto adentro, truculenta historia sobre un padre aplastante que busca la redención construyendo una iglesia, cinta que se sostiene por sus excesos mismos, una forma de misticismo que raya en la alucinación; brinco incluso respecto a la exitosa La zona, excelente trabajo que confronta los prejuicios sociales y los miedos animales de un barrio de ricos que persiguen y destruyen a un joven ratero. Esta vez Rodrigo Plá sólo expone la herida, el caso de tantos en este planeta donde ya se ha olvidado hacer lugar para los viejos; el espacio físico y la cámara con sus acercamientos claustrofóbicos acusan la falta de salida. Basada en un cuento de Laura Santullo, también autora del guion, La demora evita caer en la sordidez de la misma manera que sortea el sentimentalismo; a pesar del agobio de la hija o la mirada de animal herido y asustado del padre, si no grandeza, sí se mira en cada uno la dimensión de dignidad; cosa que, claro, hace todo aún más doloroso para el que público que lo ve. No está fuera de lugar comparar esta película con Amor de Michael Haneke; ambas exponen las actitudes frente al sufrimiento de lo inevitable, la vejez y algo peor que la muerte, el aniquilamiento de la dignidad. Como en sus cintas anteriores, la colaboración entre Rodrigo Plá y Laura Santullo denota un manejo muy claro de la estructura dramática; pero, lejos de una aplicación esquemática de los tres actos, cada movimiento ocurre como consecuencia inevitable: peripecias como falta de trabajo, amenaza de miseria, falta de apoyo para los ancianos, nunca parecen gratuitas, dependen de la injusticia social.

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