Más puntos en común

martes, 21 de mayo de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- En modo alguno es una impertinencia o alarde de cinismo, estimados lectores, el que les pregunte si adivinaron quien es el que les escribe; más bien es una muestra de respeto hacia ustedes el pedirles que sepan la naturaleza de servidor de ustedes, que represento y de que soy símbolo, pues así tendrán la clave para mejor juzgar lo que les escribiré a continuación: que el mundo que conformó el Congreso de Viena, diseñado en la reunión en esa ciudad por los representantes de las grandes potencias del momento (El Reino Unido, Rusia, Austria y Prusia) y que dejó en herencia al mundo, tiene puntos en común con la globalización neoliberal en la que respiran, es decir, que ambas sociedades tienen algo… ¿qué digo?... ¡mucho tienen en común!... del espíritu y la materia de la que esta hecho servidor; o sea, que ambas sociedades han sido generadas y se basan en fingimientos, en apariencias de cualidades, en sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan. Servidor ve al Congreso de Viena y a esa su globalidad neoliberal, como mundos paralelos en tiempos diferentes, mundos en que individuos y grupos minoritarios, tuvieron en el pasado y tienen en el presente la sartén por el mango, o sea, el poder de decidir; individuos y grupos de poder que fingieron en el mentado Congreso y fingen en la citada globalidad, lo que no eran ni son, ni sintieron ni sienten, es decir, que en una y otra sociedad, estaba y está regidas por minorías astutas y ambiciosas, por simuladores y disimuladores que dicen una cosa y sienten otra, o como dicen los moralistas: por seres y grupos de poder minoritarios que manipulan una doble moral, que aplican con diferentes varas por añadidura… todo según sus muy particulares intereses y privilegios ya establecidos o deseados. Veamos algunos ejemplos. La Revolución Francesa, grito de libertad, ¿por qué no tardó en hacer de su lema: libertad, igualdad y fraternidad, una imposición llevada a cabo a punta de bayonetas…¿por exceso de entusiasmo?...¿qué decir de ese hecho? De Napoleón, ¿qué pensar? Mejor será recordar lo que dijeron de él contemporáneos del mismo: el papa Pío VII lo consideró un comediante, un farsante… como lo es por naturaleza servidor… lo que parece ser cierto si se toma en cuenta que aprendía y se adiestraba con su amigo, el célebre actor Talma, el modo y manera de pasar de una idea a otra, para emplear ésta con tanta o mayor energía cuanto más hubiere fallado la otra. El príncipe Metternich, político austriaco al que la constitución de la Santa Alianza en el seno del Congreso de Viena hizo árbitro de la política europea por más de 30 años, analizó y llegó a la conclusión de que el corso era un hombre de dos caras… aunque lo mismo se puede decir de Metternich, que como político, junto con los representantes de Inglaterra, Rusia y Prusia, dijo y sostuvo, de cara al público, que el mentado Congreso tenía por meta el establecer y mantener el equilibrio de poder, el asegurar el orden social y la paz, y en la intimidad con sus colegas admitía que las grandes frases sobre la reconstrucción del orden social, la regeneración del orden político y la paz duradera, eran recitados para tranquilizar a los pueblos y para dar el Congreso de Viena un aire de dignidad y grandeza, ya que el verdadero objetivo del mismo era la distribución entre los vencedores de Napoleón de los despojos arrancados al vencido… y a la Revolución Francesa… pues no hay que olvidar que el principal fin o por lo menos uno de los más importantes del mencionado Congreso, fue la de organizar un frente conservador para hacer frente y hacer abortar en lo posible los brotes de entusiasmo por la libertad y la igualdad generados y por generar en los pueblos, en las masas por la tan temida y odiada Revolución Francesa, incluso más temida y odiada que el propio Napoleón, pues no pocos nostálgicos del pasado vieron en el corso al hombre del destino, al hombre que la Providencia había escogido para cumplir el fin maravilloso de superar el caos, crear un nuevo orden y una administración, restablecer el culto y atar corto a demagogos, anarquistas y ateos, como dijo su famoso connacional Chateaubriand. Tantas ideas y tan contradictorias que flotaban en el ambiente, fueron recogidas, seleccionadas, ordenadas y puestas en práctica, según sus respectivos intereses, por los representantes de las grandes potencias del momento --Inglaterra, Rusia, Austria y Prusia—en el Congreso de Viena… lo que hizo del mismo un escenario mundial de lo que servidor de ustedes, estimados lectores, es por naturaleza, representa y simboliza… CONTINUA….

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