Muere el cantautor Georges Moustaki

jueves, 23 de mayo de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- A dos años de haberse retirado de dar conciertos por padecer problemas respiratorios, hoy falleció en la Costa Azul de Niza el afamado cantautor e intérprete de Le Meteque (“El extranjero”), Georges Moustaki, cuya fama trascendió las fronteras de la canción europea gozando de un enorme séquito de fans en México, donde actuó en el Palacio de Bellas Artes y en la Sala Nezahualcóyotl de la UNAM.
Con mi hocico de extranjero De judío errante, de pastor griego Y mis cabellos a los cuatro vientos Con mis ojos completamente desvelados Que me han brindado el aire de soñador Yo que ya no sueño nunca más…
Joseph Mosutaki nació en el seno de una familia griega de Corfú, en Alejandría, Egipto, un 3 de mayo de 1934, y a los 18 años de edad viajó a Francia instalándose definitivamente en París. Como medio de sobrevivencia, Moustaki cantaba en las terrazas de los cafetines y los cabarets de La Ciudad Luz, convirtiéndose en periodista ocasional.
Para vivir mi vida en la ensoñación Yo seguí al sol y al viento Sin jamás poner ni gota de agua en mi vino Haciendo de cada día un festín…
Tocaba el piano, el acordeón y la guitarra. El primero en dar a conocer sus canciones fue Henri Salvador y posteriormente Tino Rossi, Yves Montand, Colette Renard y Dalida, hasta encontrarse con La Môme Edith Piaf, cuya amistad fue más que íntima: a ella le obsequió Milord que le escribió en 1959, con música de Marguerite Monnot, un éxito inmediato y perenne. “Descubrí Estados Unidos por enero de 1959 con Edith Piaf, quien partió conmigo para una serie de recitales en Nueva York. Con Edith vivimos del amor y de la música. Nuestra diferencia de edad me gana, entre alguna gente, una fama de gigoló; pero no me afecta. Nuestra pasión se burla de los malpensados… Piaf marcó un antes y después, antes porque yo era un pobre desconocido. Después, me encontré célebre, rico y envidiado”, escribió Moustaki en su libro testimonial Memorias (Isla Saint-Louis, 1988). Una década más tarde, se presentó en la sala escénica del Olympia de París haciendo dueto con la prestigiosa pianista y cantautora Barbara en La dame brune (“La dama bruna”), otra de sus canciones que lo lleva a conquistar la consagración en voz del vocalista debutante Serge Reggiani, con Votre fille a vingt ans (“Su hija tiene 20 años”), Ma liberté (“Mi libertad”) y Sarah. Sería en 1969 cuando Georges Moustaki mismo grabó Le Metéque, expresión despectiva de los franceses a los extranjeros (“sudaca” en España, “mojados” en Estados Unidos, etc.), una pieza libertaria conforme al tono de la época.
Y yo seré príncipe de sangre Soñador o igual, un adolescente Como te plazca elegir Y haremos de cada día Una eternidad de amor Que viviremos hasta morir.
Esta tierna balada de Moustaki vendió un millón de ejemplares en Francia y fue recibida con entusiasmo en varios países de Europa y el Canadá francés. Luego de su gira por Bélgica, Moustaki logró la aclamación del público parisino en el teatro de music hall Bovino de Montparnasse, los primeros días de 1970. Un año después, Le Temps de Vivre (“El tiempo para vivir”), resultó particularmente un tema bastante admirado por los franceses:
Nos tomaremos el tiempo de vivir De ser libres, mi amor… Bien, yo estoy acá, No te espero sino a ti Todo te es posible, Todo se te permite…
El cantautor de origen griego emprendió entonces la conquista internacional yendo con su canto al Japón, Brasil, Canadá, África y México. El 28 de octubre de 1973 fue contratado por el Carnegie Hall de Nueva York. Como él, sus acompañantes musicales formaron parte de un colorido crisol multirracial mediterráneo, eran artistas de diferentes culturas intercalando ritmos afrocubanos, sudamericanos y brasileiros; acaso, algo de blues y erotismos Te amo, yo tampoco al estilo de Serge Gainsbourg, en “Yo no sé dónde comienzas, no sabes dónde termino”. Y loas ecológicas:
Había una vez un jardín llamado la Tierra…
Viajero incansable, George Moustaki pintaba en sus ratos libres, sacando en 1996 su disco de regreso en vivo rumbo a los cinco continentes: Tout reste à dire (“Todo falta por decir”); en él, compartió temas con Enzo Enzo y Nilda Fernández, cantando un texto que le regaló el escritor americano Jerome Charyn: Gentle Jack. Rafael Catana, cantautor rupestre, poeta y periodista radiofónico, señaló al dar a conocer la noticia: “En México recordamos las veces cuando vino George Moustaki primero a Bellas Artes, en 1974, y ya en la vuelta del nuevo siglo, a la sala Nezahualcóyotl de la UNAM, donde dio una conferencia de prensa. Allí mostró su lado bello y humanista, siendo gran amante de las mujeres del mundo. “Esa es la imagen que me queda porque era un tipo griego y francés que tenía novias brasileñas, hombre de izquierda, un artista muy modesto porque no acumuló dinero ni propiedades a granel y vivía modestamente en una casita pequeña, barquito, o algún departamento modesto para un artista de su envergadura. “Con la muerte de Georges Moustaki se termina una época de la inteligencia sin él. Amigo de la Piaf, icono de los sesenta, lo interesante de Moustaki es que deja sus canciones para que las nuevas generaciones lo descubran. Aún tenemos tiempo para vivirlo así, por siempre”, concluyó Rafa Catana.

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