Música: Solistas Ensamble y "La ópera de tres centavos"

viernes, 31 de mayo de 2013
MÉXICO, D.F. (Proceso).- El 29 de enero de 1728 se estrenó, en el Teatro Lincol’s Inn Field de Londres, The Beggar’s Opera u Ópera de los mendigos que, sorpresivamente, marcó un récord de representaciones, alcanzando las 62 escenificaciones continuas. Este resultado es contradictorio porque si bien por un lado era una obra que tenía razones para agradar al público “vulgar” (ya que se trataba de una sátira política como muchas de su tiempo), por otro lado era, precisamente por su contenido, contraria al gobierno reinante y el estado de cosas existente, lo que quiere decir contrario a los intereses de quienes podían pagar la entrada al teatro. Sin embargo, y como quiera que fuese, el caso es que se llegó a ese número de presentaciones, cosa en verdad asombrosa si consideramos que hoy, en México, muchas buenas puestas en escena están limitadas, de entrada, a cumplir una temporada que no va más allá de las 50 funciones. No obstante ese éxito, la obra cayó en desuso y se “perdió” durante largos años, pero de pronto volvió a tener un boom tan o más importante que el de su estreno, ya que, en 1920, llegó a la friolera de mil 463 representaciones en el Teatro Lírico de Londres. Así las cosas, y para celebrar los 200 años de su estreno, el gran innovador del teatro, Bertolt Brecht, creó su propia versión de The Beggar’s Opera, La ópera de tres centavos que, con música del igualmente importantísimo hombre de teatro y música Kurt Weill, estrenó el 31 de agosto de 1928 en el Theater Am Schiffbaurdamm de Berlín. Dividida en un prólogo y seis escenas, La ópera de tres centavos es una ácida crítica al sistema capitalista y a la corrupción a todos los niveles que propicia. Así, a través de las canciones y los diálogos, la trama, en realidad sencilla, de Mackey Navaja, sus suegros, organizadores y jefes de los mendigos, su esposa, digna sucesora de sus padres y esposo y personajes, lugares y circunstancias aledañas, se va desenvolviendo, declamando una serie de verdades que, no por serlo, son muy frecuentes que digamos en una obra de teatro y menos en una ópera por muy barata, hasta de tres centavos, que ésta sea. La ópera de tres centavos ahora ya es un clásico, y en funciones salpicadas, aquí y allá, pero que merece una temporada formal en un teatro de primera, está presentándose con el grupo Solitas Ensamble del INBA; el sábado pasado asistimos al Auditorio Blas Galindo del Centro Nacional de las Artes. Con la dirección musical de Manuel Sánchez Rivas al frente de la pequeña Sinfónica de Alientos de la Policía Federal, y la adaptación y dirección escénica de Horacio Almada, Solistas Ensamble ofrece una versión estupenda en la que, con una enorme economía de medios, con apenas el vestuario y dos o tres aditamentos más, la historia se va plasmando en escena con claridad absoluta y sin dejar resquicio para la simulación de cualquier asistente que, después de presenciarla, pretendiera alegar incomprensión o fingir ignorancia. Un trabajo de conjunto digno de todo elogio es el realizado por el Solistas Ensamble en esta puesta en escena, en donde, siendo cantantes, todos bailan y actúan, demostrando así, una vez más, que los intérpretes de agrupaciones corales como ésta son capaces de desplegar toda una gama artística y que, para hacerlo, lo único que requieren es una adecuada dirección. Aplausos pues para todo el conjunto, pero imposible, por los personajes encarnados y su correcta interpretación, no hacer mención especial de Grace Echauri, Lorena von Pastor y Violeta Dávalos.

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