Reubicación de la Ruta de la Amistad

martes, 7 de mayo de 2013
MÉXICO D.F. (apro).- Como toda una proeza de ingeniería califica el Patronato de la Ruta de la Amistad A.C., el traslado de la escultura Sol, del artista japonés Kiyoshi Takahashi, que debió recorrer tres kilómetros volando por encima del puente peatonal de Perisur y haciendo que se levantaran diversos puentes peatonales al paso del convoy, en el cual se transportaron las dos esferas de concreto armado con siete metros de altura cada una, que componen la obra. Ubicada originalmente en Periférico Sur, cerca de la avenida Santa Teresa, la obra como el resto de las 22 esculturas de la Ruta no sólo se vio afectada por el desordenado crecimiento urbano, el abandono, el vandalismo y el deterioro de sus materiales, sino también por la construcción del segundo piso en esa vía rápida que terminaría por dejar a las obras, con todo y su monumentalidad (que va de los siete a los 26 metros de altura), en un marasmo de puentes, pilares y moles de concreto. Así, el considerado por años “corredor artístico más largo del mundo” al contar 17 kilómetros desde San Jerónimo hasta Cuemanco, dejó de serlo desde 2012, cuando con apoyo del organismo internacional no gubernamental World Monuments Fund, que incluyó en su lista de World Monuments Watch a la Ruta de la Amistad, las esculturas comenzaron a ser reubicadas en el trébol que une la avenida Insurgentes Sur y Periférico. Ya se encuentran ahí Las tres gracias del checoslovaco Miloslav Chlupac; El ancla, del suizo Willi Gutmann; Hombre de Paz, del italiano Costantino Nivola; Muro articulado, del austriaco Herbert Bayer; Janus, del australiano Clement Meadmore; México, del español Josep María Subirachs; Reloj solar, del polaco Grzegorz Kowalski; y Señales, de la mexicana Ángela Gurría. Cercanas, sobre Insurgentes, se ubican: Hombre corriendo, del mexicano Germán Cueto; Disco solar, del belga Jacques Moeschal; y Estación #9, del estadunidense Todd Williams. Y sobre Periférico, en su lugar de siempre, Torre de los vientos, del uruguayo Gonzalo Fonseca; y Sol bípedo, del franco-húngaro Pierre Székely. El sábado 4 de mayo, con un concierto, noche japonesa, y la presencia del embajador de Japón en México, Shuichiro Megata, debe llevarse a cabo la inauguración oficial de Sol que tiene también su lugar en el trébol, en la esquina suroriente, misma donde se encuentra la zona arqueológica de Cuicuilco. Según la información del patronato y de la investigadora María Teresa Favela Fierro, Kiyoshi Takahashi nació en Niigata, Japón, en 1925; y luego de realizar estudios en la Academia de Arte de Tokio, vino a México en 1958 y se estableció en la ciudad de Jalapa, Veracruz, donde se interesó por el estudio de las esculturas prehispánicas y el arte moderno de México. No sólo realizó obras para la Universidad Veracruzana sino que fue profesor y jefe del Departamento de Escultura en la misma. En 1960 logró exponer de forma individual en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México. Y en 1988, luego de una ausencia de años, regresó para presentar una retrospectiva en el Museo Rufino Tamayo. Falleció en 1996 en su natal Japón, a la edad de 71 años. “Su obra –escribe Favela Fierro en la revista electrónica Discurso Visual 17-- sigue siendo para las nuevas generaciones una fuente de energía, sobre todo para quienes desean enriquecerse con la sabiduría que surge de la verdadera búsqueda del recóndito sentido de las cosas. Además, dejó una ‘escuela’ en la Universidad Veracruzana y un profundo y sincero legado entre sus alumnos y la plástica mexicana de aquella época, que aún pervive y asombra.” Concibió su obra para la Ruta de la Amistad como dos esferas a las cuales se ha eliminado una cuarta parte de sus cuerpos. El artista buscó que a partir del efecto óptico de la velocidad con la cual se suponía transitarían los autos sobre el Periférico parecieran dos esferas completas girando sobre su propio centro. Hay que recordar que la Ruta --concebida por el escultor Mathias Goeritz para que participaran artistas de diferentes países, y llevada a cabo con el apoyo del recién fallecido arquitecto Pedro Ramírez Vázquez como parte del programa cultural para las Olimpiadas de México 68-- se realizó en aquel año en una zona casi desierta de la Ciudad de México, cercana al Pedregal, donde efectivamente los coches transitaban a una velocidad considerable. El traslado de la obra de Takahashi tuvo un costo de seis millones de pesos, aportados por el gobierno de la Ciudad de México, “como parte de la promesa de conservación para la Ruta de la Amistad por la construcción del segundo piso del Periférico Sur”. Para Luis Javier de la Torre, presidente del Patronato de la Ruta de la Amistad, la reubicación de las obras, que además del trébol de Periférico e Insurgentes, ocupan también el de Periférico y Viaducto Tlalpan, “es uno de los proyectos más importantes”. Y para Ramón Velázquez, director general de CAV Diseño e Ingeniería, empresa que ha apoyado el proyecto, su importancia radica en que otorga a los capitalinos “la oportunidad de disfrutar unos elementos escultóricos que fueron creados en el 68 y que por muchos años han estado siendo agredidos por el contexto urbano, por el crecimiento urbano.” El recorrido que ahora se ofrece para visitar las esculturas puede hacerse a pie o en bicicleta.

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