Actualidades musicales: Cristina Ortega y el oportunismo oficial

sábado, 1 de junio de 2013
MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- El boletín de prensa número 488 del INBA, fechado el 28 de mayo pasado, nos hace saber que la gran soprano mexicana Cristina Ortega fue galardonada en Barcelona, España, con la Gran Cruz de Mérito Humanitario por su destacada carrera artística y su contribución al desarrollo del arte y la cultura. El boletín tiene este título: “La concertista de Bellas Artes, Cristina Ortega, fue galardonada en España”. Prosigue: “La soprano mexicana Cristina Ortega, integrante del Grupo Concertistas de Bellas Artes de la Coordinación Nacional de Música y Ópera del INBA, quien cuenta con relevante trayectoria nacional e internacional en escenarios de ópera y concierto, fue galardonada por su destacada carrera artística el sábado 25 de mayo en el Hotel Palace de Barcelona -donde se reconoce también a personalidades de la filantropía, las ciencias y las artes de todo el mundo-, en España, con la Gran Cruz de Mérito Humanitario, otorgada por la Institución al Mérito Humanitario en ese país”. Así, lo primero que destaca el encabezado y cuerpo de la comunicación, es que la cantante es integrante del Grupo de Concertistas de Bella Artes de la Coordinación Nacional de Música y Ópera (CNMO). De esta pertenencia se deriva la información que se nos ha hecho llegar. Lo que no se dice es que dicha información no fue propiciada, ni siquiera solicitada por la CNMO, la cual ni se hubiera enterado del acontecimiento en España si no es porque la propia maestra Ortega se los comunicó. Lo que quiero significar es el hecho de que, ante algo positivo, de relevancia internacional incluso, esta dependencia del INBA se apresura a difundir como mérito propio el que uno de sus miembros sea galardonado en el extranjero, como si ese reconocimiento fuera fruto no del esfuerzo personal y aislado de la artista sino del trabajo de la Coordinación. Al respecto, vale recordar que la maestra Cristina Ortega debutó en 1963 en la ópera de Monterrey, y en 1964 lo hizo en Bellas Artes con el papel de Violeta de La Traviata de Verdi. Esto quiere decir que este año está cumpliendo 50 de su debut total y 49 del de Bellas Artes, y hasta este momento ningún, absolutamente ningún homenaje le ha rendido la institución, como sí lo ha hecho con otros cantantes, no digamos de menor merecimiento pero sí de bastante más corta trayectoria. Vale recordar también que la maestra formó, en 1972, su propia compañía de teatro lírico, y se convirtió en el auténtico bastión -sin participación oficial- de la permanencia de la zarzuela y opereta en nuestro país. De esta cantera salieron, entre otras reconocidas figuras de la ópera mexicana de hoy, el barítono Jorge Lagunes y el tenor Alfredo Portilla. Las últimas grandes temporadas de opereta y zarzuela que se hicieron en México en las últimas décadas de la pasada centuria, las realizó Cristina Ortega con su compañía en el Teatro de la Ciudad. No obstante eso, en el año 2004 cuando “celebró” sus 40 años como concertista con un concierto que ella misma organizó en la Sala Ponce, porque  le negaron la Sala de Espectáculos de Bellas Artes, ninguna, ninguna autoridad del INBA en general ni de la Coordinadora Nacional de Música y Ópera en particular estuvo presente. A las puertas de sus 50 años como primera figura de la ópera nacional, es de desear que con la sensibilidad de María Cristina García Cepeda, directora general de Bellas Artes y, la inteligencia de Rafael Tovar, presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, se corrija semejante anomalía y, con una auténtica gala, se rinda el homenaje que realmente merece una figura de la talla internacional como es la maestra Cristina Ortega.

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