De la ópera al jazz y de regreso

martes, 25 de junio de 2013
MÉXICO, D.F.(proceso.com.mx).- Originado en las postrimerías del siglo XIX y principios del XX y no precisamente entre las élites sociales, el jazz, como buena música que es, fue paulatinamente ganando adeptos y, más importante, espacios, hasta convertirse en música de concierto, alcanzar las grandes y exclusivas salas y, mutatis mutandis, alcanzar hasta la ópera. Ejemplos espléndidos de eso son, entre otras, Rhapsody in Blue y Un americano en París, debidas a la inspiración del gran Gershwin (Georges, 1898-1937), quien culmina este traslado maravilloso con Porgy and Bess, esa ópera única y distinta a todas que compuso apenas dos años antes de su muerte, y de la cual se desprende cobrando vida propia, “Summertime”, aria --o canción si usted prefiere-- en verdad hermosa, de ejecución obligada para toda soprano negra que se respete. No obstante esa expansión, que el jazz está presente en más de una composición sinfónica, que su influencia ha abarcado muchas formas de música y que ha tenido y sigue teniendo intérpretes y compositores que son toda una leyenda (algunos que se han quedado en los límites jazzísticos únicamente y otros que con igual maestría saltan del jazz a la música clásica y al revés), el jazz sigue, de alguna manera, siendo de públicos no masivos. Y si bien es cierto que ocasionalmente puede escucharse en algunas grandes salas de conciertos, verbigracia Bellas Artes o Sala Nezahualcóyotl en nuestro país, la inmensa mayoría de las veces se deja escuchar en lugares específicos de parroquianos más o menos habituales. Pues bien, en uno de esos “hoyos” de jazz se está empezando a realizar un experimento que de desagradable no tiene nada sino lo contrario: puede resultar una experiencia sumamente grata para el escucha que acuda, sea por el jazz o por la ópera. Se trata del espectáculo De la ópera al jazz y de regreso que, en el recinto jazzístico más antiguo de esta ciudad (a menos que alguien me corrija), situado allá por San Ángel, está realizando la soprano Alicia Cascante en compañía de dos de esos especímenes que son parte viva de la síncopa en México, Carlos Macías al piano y, en la batería, El Pinocho. Imagine usted el resultado desenfadado, irreverente y, claro, musicalmente delicioso de esta mezcla. Fiel a su parroquia, la Cascante inicia haciendo ópera pero siendo soprano; empieza con la iconoclastia (¿se podrá decir así?) de cantar una aria propia de mezzosoprano, por ejemplo la muy gustada “Habanera” de la Carmen de Bizet. Los instrumentistas le ponen filin al asunto. Se sigue con el vals de Musetta de Bohemia de Puccini y se va deslizando hacia “La vida en rosa” que inmortalizara la Piaf, y con otras similares se encamina al bolero que, siempre “jazzeado”, hace escuchar diferente a cosas tan conocidas como “Júrame” y hasta “Veracruz” y la inolvidable Toña La Negra. No para allí la cosa, nos vamos hasta el tango y “Solamente una vez” suena distinto. ¿Hizo Gardel jazz alguna vez? Habrá que averiguarlo pero, mientras tanto, llegamos a “La chica de Ipanema” y, sin decirlo, regresamos a la ópera con qué mejor que, justamente, “Summertime”. Un par de encores son obligados pero, claro, aquí se dice más sencillo y más directo: “Otra, otra” que, por supuesto, se complacen. No es esta, estrictamente, la primera vez que algo similar se hace; y sin embargo,por hoy, lo único presente es este rico viaje De la ópera al jazz y de regreso que, sin duda, gustara a quien lo presencie y lo oiga en el New Orleans Jazz Bar México (http://www.neworleansjazz.com.mx) de Av. Revolución 1655.

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