Actualidades musicales: Excepcional cierre de la Sinfónica Nacional

miércoles, 26 de junio de 2013
MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- Un cierre de temporada en verdad excepcional fue el realizado el viernes y domingo pasados por la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), con su titular Carlos Miguel Prieto en el pódium y la interpretación de la monumental ópera Boris Godunov de Modesto Mussorgski que, como se sabe, es la más épica de las óperas rusas. Por su monumentalidad y las exigencias vocales que conlleva, Boris Godunov no es representada con mucha frecuencia, aunque por su importancia sí forma parte del repertorio de las más destacadas casas de ópera del mundo. En nuestro país pueden contarse con los dedos de la mano las veces que ha sido ofrecida desde que se estrenó, en el Teatro Marynski del hoy nuevamente San Petesburgo, el 8 de febrero de 1874. Por eso y por las calidades alcanzadas durante sus dos audiciones, este Boris Godunov deberá pasar a los anales como algo excepcional pese a que, extrañamente, pocos colegas le prestaron atención y por lo cual se perdieron de algo, vale repetirlo, realmente poco común. El elenco internacional fue encabezado por el gran bajo ruso Nikita Storojev, secundado por la mezzosoprano Margaret Lattimore, el tenor John Daniecki y el barítono mexicano Octavio Pérez, a quienes enmarcó el buen coro Enharmonía Vocalis. Mención especial merece, por el correcto desempeño que tuvo en sus pequeñas partes, el niño que interpretó a Fyodor, hijo de Boris, y de quien lamento no mencionar el nombre porque no figura en el programa de mano. La versión presentada por la OSN, en la modalidad de ópera-concierto naturalmente, aunque incluyó el prólogo y los cuatro actos de que consta el original, fue una versión corta con escenas de cada una de las partes mencionadas, agilizando así su presentación pero exponiendo a cabalidad el argumento y vicisitudes de esta ópera que, presentada completa, tiene una duración de unas cuatro horas aproximadamente. Con un dominio perfecto de la obra, Storojev cantó su Boris de memoria y lo interpretó dándole intencionalidad y acento actoral a cada una de sus participaciones. Con 25 discos grabados y otros tantos videos y actuaciones bajo batutas tan prestigiadas como las de Rostropovich, Ashkenazy y Claudio Abbado, Nikita Storojev es un huésped de lujo en cualquier teatro del mundo aún hoy, en el que algunos consideran que no se encuentra ya en sus mejores momentos. Su Boris fue en realidad algo memorable. Los otros cantantes, dadas las dimensiones de la obra, estuvieron obligados a realizar más de un personaje y por ello no puedo referirme en específico a cada interpretación; sin embargo, puedo afirmar que el trabajo de todos fue digno de aplauso y considero pertinente destacar la participación de Octavio Pérez, quien tuvo que multiplicarse pero bien librado salió de cada una de sus partes. Compenetrado en los vericuetos de la ópera, distinguiendo bien cada uno de los momentos y circunstancias, protesta en un momento y júbilo en otro, por ejemplo, el coro hizo honor a su nombre y fue, sin duda, una muy grata armonía vocal. Evidenciando largo, atento y detenido estudio de la obra, Carlos Miguel Prieto condujo con gran concentración, precisión pero no exento de libertad ese enorme tour de forcé que es el Boris Godunov, que dado el esfuerzo que conlleva bien merecería más de una reposición aunque fuera con otros cantantes ya que, se entiende, un elenco como el integrado en esta ocasión no es cosa que se consiga todos los días. Ejemplar cierre de temporada, pues, éste de nuestra Orquesta Sinfónica Nacional, a la que confieso tenía algún tiempo de no escuchar y con la que, evidentemente por lo que aquí escribo, tuve grato reencuentro.  

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