Festejo mundial por medio siglo de "Rayuela", de Cortazar

viernes, 28 de junio de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- En varias ciudades del mundo se festejaron los 50 años de la aparición de una de las novelas emblemáticas del “boom” latinoamericano, Rayuela, de Julio Cortázar, editada originalmente por Francisco Porrúa en Sudamericana de Buenos Aires. La obra del narrador argentino, sin duda la de mayor envergadura experimental de aquel fenómeno literario que trascendió el ámbito de la lengua española, está emparentada con Cien años de soledad, del colombiano Gabriel García Márquez y La ciudad y los perros, del peruano Mario Vargas Llosa. En la capital argentina se inauguró una exposición bibliográfica, y se bautiza la Plaza del Lector (donde se ubica la Biblioteca Nacional) como Plaza Rayuela, y se anunció que en 2014, cuando se conmemoren los 100 años de su natalicio, se designará el Año Cortázar. En París, donde el autor radicaba y murió (sus restos se encuentran en el cementerio de Montparnasse), el Instituto Cervantes abrió una muestra de imágenes sobre la ruta parisina del escritor. En la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima inició un ciclo de conferencias en torno a la célebre novela. Y en Madrid hubo hoy un homenaje en el Centro de Arte Moderno y la editorial Alfaguara publica una nueva edición de Rayuela. En la Ciudad de México, el Centro Cultural Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica (FCE) exhibe una serie de cinco representaciones enormes del juego de la “rayuela” (en México se le llama “avión”) y 55 pequeñas maquetas de la portada del libro, así como once textos escritos exprofeso por destacados prosistas nacionales. Hoy se sabe que Cortázar influyó en su editor Francisco Porrúa para el diseño de esa portada. Le dijo que deseaba solicitar a un amigo pintor suyo, Aldo, para que le enviara alguna representación gráfica o foto. El mismo le mandará más tarde una rayuela fotografiada. Cortázar le hace esta propuesta a Porrúa: “Y AHORA VAMOS A PONERLE LA TAPA AL LIBRO. (…) Muy rápidamente explicado, imagináte que acabás de comprar, haciendo un loable sacrificio, un ejemplar de Rayuela, y que sin perder un instante te has sumido en su lectura. Si sos un hombre normal, sostendrás el libro con la mano izquierda, mientras la derecha se ocupa de dar vuelta las páginas, ir y venir con la pipa, alternándola con los tragos de caña Mariposa que te habrá servido tu mujer, y de cuando en cuando hacer una ademán de admiración que agita el aire de la estancia. Bueno, quedamos en que tu mano izquierda sostiene el libro. Parte de la palma y la raíz de los dedos se apoyan en la carátula, es decir en la Tierra. Pero la parte más espiritual de tu mano, la punta de los dedos, la sed y la ansiedad que viven en la punta de tus dedos, buscan del otro lado el Cielo, tal vez alcanzan a rozarlo, a entrar por un momento en él. ¿Sentís la cosa? Tu mano también lee el libro, con esa visión extrarretiniana de que hablan los hombres sabios, y que en realidad es otra tentativa de aprehender lo que, dentro del libro, buscan tus ojos. ¿Simbología fácil? Puede ser. Pero yo he sido siempre sensible a las tapas de los libros, y a veces he descubierto en ellas cosas extrañamente asociadas al texto, siempre que las ediciones no fueran de Santiago Rueda. Bromas aparte, creo que mis sinrazones se entienden bastante bien... O sea que, en la medida de lo posible, yo me planto en la idea de la rayuela acostada, y libramos los dos la batalla. Espero poder mandarte la maqueta lo antes posible: ahora mismo le rajo un úkase a Silva, que se me ha quedado de lo más silente en París.” Cuando Silva le enviara luego el proyecto con una rayuela vertical. Se dice que su entonces esposa, Aurora Bernárdez, lo convence de su eficacia: “Basta mirar la maqueta de Silva para comprender que es mucho más eficaz que el lector vea la rayuela completa cuando agarra el libro, y no que el dibujo se deslice como un gusano alrededor del libro.” Al escritor le gustó la portada de la primera edición. En 1960, cuando Francisco Porrúa le publicó Los premios, Cortázar le contó que estaba escribiendo un libro muy distinto “que sobre todo sorprenderá a los editores”. Así, cuando concluyó Rayuela, Cortázar dijo a su editor que Sudamericana era “una editorial poco formal todavía para Rayuela”. En su intercambio epistolar Cortázar finalmente le consignó que aceptaba su publicación, ante lo cual Porrúa señaló que “la introducción de una obra que parece ajena al catálogo, cambia el carácter del catálogo”. De acuerdo con una entrevista que le realizó C. Alvarez Garriga para el diario ABC de España en 2003, Paco Porrúa comentó sobre su relación con Cortázar: “Tuve muy buena relación con él, siempre. Era una persona ¬muy argentina, también es eso¬ para quien la amistad era muy importante. Para muchos escritores, después de tener un cierto éxito de público y de crítica, el editor se convierte en una figura casi molesta, un hombre sentado que está esperando un manuscrito. Por otra parte, es cierto que el editor tiene siempre una posición de medianía, no es mucho más que un intermediario entre autores y público.” Le inquirió: --Parece que usted fue algo más. Cortázar le tenía una gran confianza e incluso cuando iba a editar Rayuela le preguntó... --¬Había entre nosotros algo que era bastante común entonces y que quizá aún no ha desaparecido del todo, la relación de amistad entre editor y autor. En otro tiempo el editor era un hombre que no tenía mucho que hacer, y la edición era a gentleman's occupation, una ocupación de caballeros. En apariencia, no hacía más que publicar a un autor pero casi siempre esa publicación estaba acompañada por una amistad, por una relación privada. Eso está perdiéndose, evidentemente. Hoy las editoriales tienen una relación impersonal con los autores, que son un producto más, el fabricante de un producto. “Con Julio hubo una relación de otro tipo. Para mí ¬porque fue casi cuando empecé a trabajar en Sudamericana¬, fue la primera relación con un autor que resultó una relación verdaderamente de editor-autor, de auténtica amistad, aunque epistolar sobre todo, pues nos veíamos muy poco. “Las cartas de Julio son espléndidas. Tienen una peculiaridad poco conocida y que era la facilidad misma de Julio. Se ponía a escribir y no paraba hasta el final, no se detenía en ningún momento a reflexionar o tachar una frase. En este sentido esas cartas son muestra de un escritor de raíz profunda.” --¬José Blanco Amor escribió antes de 1969 que el editor de Cortázar --¬debía ser usted--¬ le mostró en su despacho un panel lleno de telegramas de todo el mundo pidiendo los derechos para traducir la obra, y que era la primera vez que eso ocurría en la historia de la literatura argentina. --¬Recuerdo que hubo una entrevista con él; posiblemente tenga razón. No sé si la primera vez, porque en los sesenta Julio ya era bastante conocido en Francia. “Asistí entonces a lo que se llamó el boom, que nunca me lo he explicado muy bien: un fenómeno que requeriría un estudio político-social-literario de la entidad americana en ese momento. Lo que podemos decir francamente es que no fue obra de los editores. Los editores siguieron, continuaron ¬si quiere, aprovecharon¬ ese momento, pero nada más. Como dije, publicamos Las armas secretas pensando que quizá venderíamos mil o dos mil ejemplares. No había ninguna urgencia de presentarlo como un futuro gran escritor argentino. “Se publicaban las cosas porque llegaban a las manos de uno. En ese sentido, la labor de un editor, como el caso mío en la Argentina, es la de la persona que está en un sitio determinado en el momento oportuno, y nada más. Se me ha citado en la Argentina no solamente como el padre del boom ¬--una cosa bastante excesiva--¬ sino también como descubridor de García Márquez y Cortázar, ¬lo cual también es muy relativo. Cortázar empezaba a escribir pero ya era muy estimado, para editarlo bastaba una mirada; si esa atención no la pongo yo, la hubiera puesto otro editor tarde o temprano.” Alguna vez el editor de Cien años de soledad y Rayuela apuntó: “Rayuela era y es un buen libro y eso es todo lo que a mí me corresponde. Y me sigue correspondiendo como su editor. Ese es mi trabajo.”

Comentarios