Buscando la verdad (II)

miércoles, 10 de julio de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- Sabido es, estimado Cándido Buenafé, mi hermano en Cristo Nuestro Rey, que el Señor dijo: “La verdad os hará libres”. Ante esta sentencia divina, ¿qué deben hacer cada uno y el conjunto de sus fieles seguidores cuando a la verdad se le convierte en crimen y a los que la dan a conocer se les persigue por considerarlos peligrosos delincuentes, como sucede en nuestros días? Estoy consciente que para muchos de nuestros hermanos en la fe de Cristo puede que el contestar esa pregunta puede ser un grave problema de conciencia, pues al contestar que no defenderá la verdad y a los perseguidos por comunicarla, no faltarán quienes les digan que prefieren ser esclavos de la mentira, con lo que corren el peligro de condenarse a los horrores del Infierno; y si contestaran que sí los ampararían y hasta defenderían, tampoco les faltarían quienes les dijeran que mejor lo pensaran bien, pues con esa su decisión admitían que hay más de una verdad… tendrían razón. Pero no hay que angustiarse por eso… ya que todo fiel cristiano, si no lo ha olvidado, claro, no ignora que el mismo Cristo dijo: “Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”… pero, repito: ¡cuidado!, pues ello puede llevarlo a la peligrosa duda de si existen o no otras verdades… por lo que no hay verdades absolutas… cuando todo buen cristiano sabe que su salvación eterna, no hay de otra, está subordinada a dar testimonio de la verdad revelada por Dios, cumplir con la misma y defenderla, y que si no se cumple con ese mandato divino no hay salvación… pero, repito no hay por que acongojarse y mucho menos desesperarse. Por fortuna, para todo fiel creyente, en la Edad Media apareció una teoría que expresa, fundamenta y afirma el absoluto de la verdad divina: la teoría de la doble verdad, de acuerdo con la cual algo puede ser verdadero filosóficamente, pero no teológicamente, y al contrario. Esta teoría ha tenido sus críticos, para no pocos de los cuales no es más que una estúpida idea, propia de tiempos obscuros, como el Medievo, y de ser creída por cerebros primitivos o poco educados, sin conocimientos, pero… ¡ah sorpresas!... tiempo después, en la edad moderna, una mente brillante, la del filósofo alemán Hegel, llamó la atención sobre la “verdad” encerrada en las “opiniones falsas”, pues según él, toda doctrina falsa encierra parte de verdad y se inscribe en la cadena evolutiva que conduce al saber absoluto y verdadero, aunque esa opinión falsa sigue conservando su falsedad, que radica en su “parcialidad”, por tener sólo en cuenta una parte y no el todo. Esta idea fue llave para abrir puertas a otros filósofos, como Nietzsche, gran enemigo de nuestra fe cristiana, pero su idea de que ni existe ni existirá ninguna pauta o criterio de verdad absoluta o eterna, igualmente dio golpes de muerte a toda pretendida verdad absoluta en la filosofía y en la ciencia… abriendo así, digo, puertas al perspectivismo, que afirma que toda realidad es susceptible de ser considerada desde distintos puntos de vista, ofreciendo cada uno de ellos una faceta de la misma; al relativismo filosófico y científico que de plano dice que no existen verdades absolutas, o si existen, no son accesibles al entendimiento humano y la única solución que admite es de que todo lo más que alcanza cada verdad, depende y vale para las circunstancias o condiciones del momento en que son formuladas… y eso no siempre… estas suposiciones y afirmaciones son de una u otra manera conformadoras y regidoras de las escuelas más relevantes de los pensares de la actualidad, como en la de Derrida, con su teoría de la “deconstrucción”, que arremete contra todo “egocentrismo” o discurso racional; la de Deleuze, que propone que debe “acribillarse” a la razón y seguir la ley de no obediencia a la ley o la de Lipóvetsky teórico del “yo” seducido, que no enajenado, por el consumismo y liberado por la elección de lo que se adquiere. Todos estos filosóficos pensares han conducido y siguen conduciendo al hombre moderno, que pensó: “Mi reino es de este mundo”, como dijera Albert Camus, de frustración en frustración o, lo que es lo mismo, de fracaso en fracaso, el de la libertad, la igualdad, la fraternidad y el del mismo progreso y el de la ciencia, motor del mismo. ¿Resultado?, hombres sin fe alguna común a todos; esa fe común a todos fundamental por crear la obediencia consentida, difícil de generar, por no decir imposible, en esta globalidad de clases, dividida, porque en ella, para tener éxito en lo que sea, incluso para poder simplemente sobrevivir en ella, hay que ser competitivo en toda actividad, así en lo individual como en lo comunitario… todo lo opuesto de lo que, por lo general, ofrecen las religiones… y muy en particular la cristiana, con su fe en el reino de Dios, que “no es de este mundo”, y con primero y principal mandamiento: el del amor a Dios y al prójimo, que compendia toda la ley y lo dicho por los profetas. Estimado Cándido Buenafé, mi hermano en Cristo, esa es la verdad que tenemos los cristianos para ofrecerla al mundo. Con el fervoroso deseo de que Cristo Nuestro Rey y Señor nos ayude en esa tarea. Bulmaro Peregrino

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