Alistan homenaje a Buñuel con motivo del trigésimo aniversario de su muerte

martes, 2 de julio de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- Con motivo del trigésimo aniversario de su fallecimiento, el cineasta Luis Buñuel será homenajeado el 29 de este mes por la embajada de España en México, la Filmoteca de la UNAM y la Cineteca Nacional. El realizador de Un perro andaluz, Ensayo de un crimen, Nazarín, Viridiana y Los olvidados será recordado con la proyección de su filmografía. Además de abordar su vida en mesas redondas, está programada la reapertura de la Casa Buñuel, en esta ciudad, donde el creador cinematográfico pasó largos años. Después de vivir en Francia y Estados Unidos, Buñuel arribó a México en 1946, con la idea de regresar de inmediato a París para filmar una película. Los planes fallaron. El productor Óscar Dancingers ofreció a Buñuel su primer filme mexicano: Gran casino, basada en una novela de Michel Weber. La película no inspiró mayormente a Buñuel. El resultado fue un melodrama honesto y aceptablemente realizado, pero nada más, según notas periodísticas de la época. De acuerdo con el historiador de cine Emilio García Riera, Gran casino fracasó en taquilla. Buñuel esperó tres años para dirigir su siguiente largometraje, El gran calavera (1949), comedia basada en una pieza española de Adolfo Tarrado e interpretada por Fernando Soler (a la vez coproductor y codirector de la cinta) y Rosario Granados. La película, divertida y poco ambiciosa, tuvo éxito en taquilla. Poco después el mismo Dancigers dio a Buñuel la oportunidad de realizar la que muy seguramente fue la primera obra del genio en el cine de lengua castellana: Los olvidados (1950). Durante sus años de inactividad, el cineasta español se dedicó a recorrer los barrios pobres de la ciudad de México. Con ayuda de su coargumentista Luis Alcoriza (que ya había trabajado con él en El gran calavera como adaptador y actor), Buñuel filmó una historia de niños y jóvenes reducidos a la miseria y la delincuencia. La fotografía y la escenografía corrieron a cargo de Gabriel Figueroa y Edward Fitzgerald, respectivamente. Los olvidados puede ser vista como denuncia de la miseria, pero es, sobre todo, un acercamiento solitario a personajes no sublimados por el ánimo sentimental, lastimero y conmiserativo típico del melodrama. Son apreciados como seres humanos verdaderos, capaces de acceder lo mismo a la ternura que al crimen. Su conducta no está regida por dictados moralistas, sino por el azar, la imaginación, el inconsciente. De ahí la inclusión en la cinta de sueños misteriosos, y de ahí también el poderoso aliento poético y realista que anima una obra excepcional. Cuando se estrenó en México, la cinta no tuvo éxito y recibió críticas severas. Se le reprochó lo “denigrante”. Sin embargo, cuando en el festival de Cannes ganó el premio a la mejor dirección y fue elogiada por la mejor crítica mundial, Los olvidados se reestrenó en el pequeño cine Prado y su éxito fue rotundo. Eso no libró a Buñuel de plegarse a las reglas del cine comercial. Su siguiente filme, Susana (carne y demonio), producido por Sergio Kogan, fue un aparente “churro”. En esa película, también filmada en 1950, la malvada protagonista (Rosita Quintana, esposa de Kogan) escapa de una prisión para trastornar una idílica hacienda: provoca el deseo incontrolado en todos los personajes masculinos, incluido el patrón (Fernando Soler). Los espectadores advirtieron en ese melodrama divertido y desaforado una gran carga del mejor humor subversivo. En 1958, Buñuel trasladó al ambiente mexicano de principios de siglo la novela de Benito Pérez Galdos, Nazarín, que ganó el premio Internacional del Festival de Canes de 1959, al que concurrió sin la representación del cine nacional. La que sí concurrió con esa representación fue La Cucaracha, que no ganó un solo premio.

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