Buscando la verdad

martes, 2 de julio de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- ¿Por qué angustiarse, entristecerse, frustrarse e incluso enojarse al ver que la verdad, en vez de liberadora, es considerada un crimen, y los que la buscan y la sacan a la plaza pública se les convierte en siniestros delincuentes? ¡Ah, mi estimado Cándido Buenafé, amadísimo hermano en Jesús Nuestro Señor! Me sorprende que sea presa de esos sentimientos negativos un ser como usted que, al juzgar por su carta a este buzón, es un cristiano firme y por añadidura lector asiduo de la Biblia, sagrado libro que no nos habla de Dios, sino que es el libro en el que Dios nos habla de El por medio de los testigos que él mismo se eligió en medio de su pueblo de Israel, en diversas ocasiones y en diferentes formas, primeramente por medio de los profetas y después por medio de su Hijo hecho hombre y en quien reside la plenitud de la Divinidad. Permítame recordarle, amadísimo hermano en la fe de Jesucristo, que todo buen y fiel seguidor de la misma debe tener en cuenta y no olvidar nunca que Dios Nuestro Señor es omnímodo, es decir, que abraza y comprende todo el Universo, como creador amoroso que es él mismo; omnipresente, o sea, que está en todos los lugares; omnisciente, esto es, que todo lo sabe, y omnipotente, que todo lo puede, o lo que es igual, que a su poder nada puede oponerse ni ponerle límite. Resultado de esas cualidades se desprenden tres verdades divinas y por lo tanto absolutas, a saber: que todo proviene de Dios, que su palabra es la verdad desde el principio y que nada ocurre sin la voluntad de Dios, ni la hoja del árbol se mueve sin su permiso, ni se nos cae un cabello de la cabeza si él no lo consiente. También es obligatorio creer y nunca olvidar a todo buen cristiano que el dudar y peor si niegan estas verdades centrales de la doctrina, está en servidumbre de error, el cual conduce a la destrucción; claro, si no se arrepiente, pues Dios es misericordioso, siempre propicio a perdonar a quien reconoce su pecado, tiene propósito de enmienda y cumple con la penitencia debida para redimirse del mismo. Aquí, mi buen Cándido Buenafé, mi hermano en Jesucristo, me voy a permitir informarle que a servidor igualmente le desconcertó, alarmó e incluso enojó el hecho de que la verdad sea considerada un crimen en estos nuestros días, y a los que la buscan y más a los que la sacan a la plaza pública, se les califique de peligrosos malhechores; también, como a usted, mi hermano, fue causa de descontento, ¿qué digo? De desencanto y disgusto, el ver a los USA, nación cuyos presidentes juran sobre la Biblia al asumir su cargo, encabezando esa siniestra acción. Pero ya eso pasó, pues resulta, al ir a leer la Biblia para dar sosiego a mi ánimo, ésta se abrió, ¿por casualidad?, en la parte donde se menciona al patriarca Noé y a sus descendientes, entre ellos a Nimrod, biznieto del mismo, del que nos informa que fue un osado cazador y el primero de los sobrevivientes del Diluvio Universal en ejercer el poder sobre la tierra, el primero en crear un reino, una ciudad estado: Babel, demostrando con ello, según estudiosos e intérpretes del significado de los hechos bíblicos, ser un rebelde, pues al sentirse limitado por el pacto de Dios con Noé, y a través de él con sus descendientes, decidió ser libre, pero en realidad únicamente ejerció su propia voluntad, los citados, también nos dicen que había hombres que temían a Nimrod y otros que lo veían como guía de progreso y seguridad, en lugar de temer o confiar en Dios, así, sus seguidores, lo fueran por temor o conveniencia, no ganaron la libertad, sino que fueron entrampados y hasta esclavizados al gobierno e incluso dictadura del jefe. Con Nimrod, según también estudiosos e intérpretes de los hechos bíblicos, comenzó la política organizada y se estableció el estado, el gobierno de los menos sobre los más y se abrió la edad de las ciudades, y con la concentración urbana se da la creación de nuevas formas de dependencia, discriminación y hasta de esclavitud, debido a la sed de dominio y voluntad de protegerse contra las amenazas exteriores e interiores, resortes en los que se apoyan los grandes imperios. Tal vez, a esta altura de la presente, mi fraterno Cándido Buenafé en Dios Nuestro Señor, se pregunte qué tiene que ver la verdad tan siniestramente perseguida con la verdad que todo fiel cristiano está obligado a acatar si no quiere que se condene su alma al fuego eterno… o si existe más de una verdad, preguntas que requieren una explicación larga, misma que dejo para próxima carta; mientras, reciba un sincero y fuerte abrazo de su hermano en la fe de Jesucristo. BULMARO PEREGRINO

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