Cumple Óscar Chávez su cita anual en el Auditorio Nacional

domingo, 1 de septiembre de 2013
MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- Ni la persistente lluvia ni la manifestación contra la privatización del petróleo convocada por Cuauhtémoc Cárdenas, impidieron que anoche el compositor y trovador Óscar Chávez se reencontrara con su público en el Auditorio Nacional como es ya costumbre desde hace 16 años. Si bien el coloso de Reforma no mostraba un lleno total y los bloques de asientos vacíos eran evidentes, miles fueron los que acudieron a escuchar el concierto Se vende mi país que ofrecía ser también una expresión contra las políticas privatizadoras de los últimos gobiernos, incluido el de Enrique Peña Nieto. El llamado Caifán mayor no decepcionó en esa parte. Acompañado de Los Morales, abrió su presentación -dedicada al recién fallecido actor Enrique Lizalde- con un huapango “para sacar al gobierno de su estupidez” y siguió con varias canciones que invitaron al público a reflexionar sobre la situación actual del país. Así, cantó el poema musicalizado Alta traición, de José Emilio Pacheco: No amo mi patria. Su fulgor abstracto es inasible. Pero (aunque suene mal) daría la vida por diez lugares suyos, cierta gente, puertos, bosques de pinos, fortalezas, una ciudad deshecha, gris, monstruosa, varias figuras de su historia, montañas y tres o cuatro ríos. Cantó a otros poetas, a José Gorostiza, Roque Daltón, asesinado por sus propios compañeros del Ejército Revolucionario del Pueblo, de El Salvador -recordó Chávez- y Ramón López Velarde, así como canciones no de su autoría sino de otros compositores como Marcial Alejandro, David Haro, María Grever. Ante un público poco abierto a lo no convencional, el compositor se animó a presentar algunas de sus nuevas composiciones y cantar canciones poco conocidas de Tata Nacho o Alfonso Esparza Oteo, aunque algún asistente le reclamara: -¡Ya canta algo que me sepa! -Si quieres te canto El Rey -le respondió Chávez, sonriendo. Aunque sí llevaba preparadas algunas de sus clásicas como Por ti, Macondo, Flor de Azalea, El pendejo, Perdón, y desde luego la que comienza a ser obligada y que dio título al concierto Se vende mi país, que cantó mientras las pantallas laterales mostraban imágenes de Atenco, las protestas de los maestros, los zapatistas, Lucio Cabañas, Genaro Vázquez, Cherán y las marchas de los familiares de los desaparecidos. Fue con estas canciones cuando el público se le entregó más abiertamente al compositor, que al final prometió el reencuentro para el próximo año, cuando “celebraremos nuestras 17 primaveras o 17 inviernos”. El público salió con ganas de más canciones, especialmente aquellas como Hasta siempre, La niña de Guatemala y otras de las más conocidas.

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