Músicas planetarias, de lo mundial a lo glocal

martes, 3 de septiembre de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- Uno de los atractivos en la revista Dosfilos, publicación bimensual “de literatura y política” como la anuncia su fundador desde 1974, el poeta zacatecano José de Jesús Sampedro, Premio de Poesía Aguascalientes 1975, son los artículos sobre música moderna y fundamentalmente, sobre el rock internacional. El otro: un original dibujo ilustrado a colores en cada portada de la revista por Luis Fernando, sobre figuras rocanroleras y del pop mundial (en el reciente número 121 de Dosfilos, la viñeta está dedicada al conjunto australiano Little River Band, mientras que el texto central Little River Band, bajo el signo del agua corresponde a Chuck Miller, en traducción de Georgia Aralú González Pérez). Para la edición mencionada el musicólogo y escritor de la columna Speakeasy del desaparecido diario El Nacional, Sergio Monsalvo C., quien dedica cuatro páginas de su crónica Signos en Dosfilos a disertar sobre “Músicas planetarias (de lo mundial a lo global)”, bajo una cita de Umberto Eco que reza: “Si queremos hacer conciencia positiva en materia de ciencias humanas, estamos obligados a escuchar la nueva música que surge a nuestro alrededor, a descubrir sus filosofías y a reflexionar sobre las realidades que expresa.” Extrañamos, en este contexto, al buen músico michoacano Jorge Reyes Valencia (1952-2009) y sus álbumes experimentales Comala y A la izquierda del colibrí pues Monsalvo (https://twitter.com/sergiomonsalvoc) no lo menciona. Comienza por ubicar la voz de la world music en la historia: la música del mundo, afirma, nació hace 25 años, siendo un “término inscrito entre los últimos coletazos del postmodernismo”.  Y ante la imposibilidad de mayor contundencia, sintetiza:
Abarca estilos con muy poca o con ninguna coincidencia entre sí. Algunos lo entienden como música popular regional de exportación (Buena Vista Social Club). Otros, como oscuras grabaciones etnomusicológicas de algún folklore del mundo hechas in situ (como el trabajo del precursor Brian Jones con los maestros Joujoukas). Hay quienes lo utilizan para hablar de música acústica territorial (Rabih-Abou Khalil), los más para indicar sonoridades desconocidas (The Kronos Quartet), etcétera.
Desde luego, Monsalvo no se refiere al extinto dancing club habanero Buena Vista Social Club, sino al CD y película del mismo nombre (en World Circuit Music y Discos Corasón) elaboradas en 1996 por el guitarrista Ry Cooder y el cineasta germano Wim Wenders, respectivamente, con venerables músicos del son cubano y del bolero filin: Compay Segundo, Rubén González, Ibrahím Ferrer, Omara Portuondo, Elíades Ochoa, Juan de Marcos González Barbarito Torres… La referencia al fundador de The Rolling Stones y rival sexy del bocón Mick Jagger, el difunto Lewis Brian Hopkins Jones (Cheltenham, G.B., 1942- Hartfield, 1969) da cita al disco Brian Jones presents the pipes of pan at Joujouka, un álbum de estudio producido y ejecutado por el propio Jones, quien incorporó el sonido de los músicos maestros de Joujouka, grabados en 1968 en su localidad de Marruecos, con reedición de 1995 por el minimalista Philip Glass (Baltimore, E.U., 1937): Brian Jones presenta las flautas de paz desde Joujouka. Y en cuanto a Rabih Abou-Khalil (en árabe ???? ??? ????), se refiere al intérprete de oud, flautista y compositor libanés de jazz, nacido el 17 de agosto de 1957. Prosigue Monsalvo: “La fundación modélica WOMAD (siglas que corresponden a World Of Music Art & Dance) partió del británico Peter Gabriel (exGenesis), quien lo definió así: “El puro entusiasmo por la música de todas partes del mundo condujo a concretar el concepto a finales de los ochenta en el Reino Unido: como una organización que aspira a divertir, informar y despertar en el público el valor y las posibilidades de una sociedad multicultural y diversa”...
El reconocimiento y el uso de estilos y de instrumentaciones musicales como los del raï argelino, el zouk antillano, el yöik finés, el bhangra hindú, el desert blues sahariano, el junkanoo de Las Bahamas, el turbo folk búlgaro, el klezmer neerlandés, el reggae jamaicano, el afrobeat nigeriano, el canto tuvano o celta, el balkan beat, el tex-mex fronterizo o el flamenco español, son sólo algunas de las muestras del mestizaje que se han llevado a cabo…
E indirectamente, agrega Monsalvo, han tenido que ver con el éxito de “las músicas planetarias” una pléyade artística que enlista los nombres: Mory Kante (Guinea), Cesaria Évora (Cabo Verde), Manu Dibanjo (Camerún), Carolina Chocolate Drops y Flaco Jiménez (E.U.), Nusrat Fate Ali Khan (Pakistán), Joji Hirota (Japón), Youssou N’Dour (Senegal), Les Têtes Brulées (Francia), Lorena McKennitt (Canadá), Mystere De Voix Bulgares (Bulgaria), Madredeus (Portugal), Vërttina, Natacha Atlas (Bélgica), Enya & The Chieftains (Irlanda) y la cantante israelí Ofra Haza. De aquella época data su derivado genérico, la world beat music (“música de los ritmos del mundo”): “En el aspecto musical, el hipermodernismo está considerado como el paso siguiente de la world music (la proyección al exterior de las tradiciones y del folklore popular locales, como productor exóticos y excéntricos, considerados como portadores del ‘sentido de la diferencia’), así como del world beat (oroyección exógama de los mismos productos con capas aleatorias de diversas corrientes electrónicas, del dancefloor al house avant-garde, por ejemplo, en que las ‘diferencias’ se mezclan y se disuelven binariamente unas a otras).” A la sonoridad hipermoderna se le conoce hoy como glocal music o música glocal. Y en ella está ensamblado el paisaje sonoro de la fragmentación con la que está construida nuestra realidad actual, concluye Sergio Monsalvo.
Este rubro neologista surgido en Japón: <pensar globalmente y actuar localmente> (glo-cal) significa que los elementos que conforman el producto económico o cultural que se quiera dar a conocer por doquier sean dúctiles, es decir, que se adapten a las peculiaridades del entorno en que han sido solicitados, moldeando sus propias cualidades y características en función de las demandas finales… “La música glocal de lo que va del siglo no es un fenómeno meramente sonoro: implica ya comportamientos y entendimientos sociales, dimensiones históricas, geográficas, economicas y tecnológicas…

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