Acrobacias aéreas a ritmo de rock maravillan al público del Cervantino

sábado, 11 de octubre de 2014
GUANAJUATO, Gto. (proceso.com.mx).- Una vez más, el público del Cervantino fue felizmente sorprendido por los espectáculos de gran formato, a cielo abierto, que el Festival programa en la plaza de Los Pastitos, en la entrada principal de la ciudad, con las dos presentaciones de Voalá Projects, en este primer fin de semana de la 42ª edición. Al ritmo de un festín sonoro, las constelaciones hicieron su aparición en el cielo guanajuatense de la mano de una enorme grúa de cien toneladas. [gallery type="rectangular" ids="384551"] El espectáculo comienza también en las alturas: en el fondo azulado del círculo de tela, una de las bailarinas-acróbatas del grupo se mueve. Y es una nadadora en el mar, haciendo giros de nado sincronizado a 30 metros por encima de los espectadores. Después, sostenidos por cuerdas, un grupo de 13 acróbatas cruzó estos cielos elaborando distintas coreografías, bailarines pisando un escenario imaginario e infinito en una sincronía perfecta, a ritmo de rock, el cual corre a cargo de la banda Duchamp Pilot. El espectáculo aéreo es de Roberto Strada y Gastón Iungman; el primero, especialista en artes visuales, técnicas expresivas y teatro aéreo; el segundo, compositor, intérprete y experimentador sonoro. Ambos se han enfocado en la producción de espectáculos callejeros, como el que presentan en esta ocasión en la edición 42 del FIC. Para este espectáculo, denominado “Muaré” (del francés moirée, efecto visual de líneas aparentemente en movimiento) incursionó la coproducción de Free Arts. La agrupación española-argentina se sostiene por los hilos de la luna, y sus bailarines y acróbatas giran en el espacio ataviados con trajes a rayas, como los círculos de tela de los cuales penden, de distintos tamaños y alturas. Y el resultado es entonces un conjunto de constelaciones, el sistema solar a escala ante los ojos del espectador. Desde las alturas, los bailarines y acróbatas lanzan polvo brillante; después tiras de papel (como serpentinas) y al final, nieve artificial. No dejan de volar, no dejan de girar, no dejan de armar acrobacias como paracaidistas en caída libre desde un avión, uniéndose y alejándose al ritmo de la música. Una dramática iluminación complementa la intensidad del espectáculo, del que es imposible para el público de la plaza desprender la mirada de principio a fin. Abajo, sobre el escenario musical, el vocalista alentó a los asistentes con su medio español. “¡Viva México cabrones, Viva México, nos gustó mucho Guanajuato!”, repitió en los intervalos entre pieza y pieza. Este espectáculo multidisciplinario, creado con el único propósito de impactar los sentidos del público, sin otras pretensiones pero con recursos de iluminación, sonoridad y acrobacia utilizados con refinamiento, fue el recibimiento cervantino en las plazas de Guanajuato.  

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