Coriolano, drama de Shakespeare estrenado por la CNT en el Cervantino

domingo, 12 de octubre de 2014
GUANAJUATO, Gto. (proceso.com.mx).- Cayo Marco o Coriolano es el sátrapa por excelencia, en la antigua Roma… o en algún lugar del mundo moderno, incluyendo a México. El drama de William Shakespeare basado en la historia del general romano, adaptado por primera vez en México, fue estrenado por la Compañía Nacional de Teatro en el Festival Internacional Cervantino. Este montaje basado en la dramaturgia shakespereana es uno en la trilogía que la CNT por Luis de Tavira encomendó a los directores David Holguín (la versión de Shakespeare), Alberto Villareal (la de Bertolt Brecht) y Martín Acosta la de Gunter Grass, basadas en la traducción de Otto Minera. [gallery type="rectangular" ids="384577"] El montaje de Alberto Villarreal fue estrenado a mediados de agosto en el Teatro Jiménez Rueda. La versión de David Olguín cumple su propósito dentro del Festival Cervantino, que homenajea a William Shakespeare en el 450 aniversario de su nacimiento. El eje temático que gira en torno al bardo británico incluyó las escenificaciones de “Sueño de una noche de verano” por Juliana Faesler y José Luis Castillo en el Teatro Juárez, también este fin de semana, y otras piezas clásicas como “Romeo y Julieta”, “Mucho ruido y pocas nueces”, además de música de la época conferencias y cine alusivos al autor de vigencia universal, a cargo de grupos de diversas nacionalidades reunidos en el FIC. Con una escenografía bien lograda, a lo largo de casi tres horas, pueblo y gobierno se debaten entre las posibilidades de la democracia y la representación popular, y la imposición voluntariosa del general Coriolano, héroe y villano aplaudido, odiado y temido, pleno en su soberbia y en la intransigencia propia del militar. Luis de Tavira presentó al “Coriolano” de David Olguín, como la visión actual, paradójica, del autor inglés, más viva que nunca, surgida de la expresión de la cultura “necesaria, indispensable en estos tiempos difíciles, terribles, que vive el país”. Esta obra, dicen, es la más política de Shakespeare, y una de las menos conocidas y menos representadas. David Olguín abundó –en una conferencia de prensa previa al estreno- en la dificultad escénica de lleva la multitud popular. “Sólo siete personajes tienen nombre propio en la obra. El resto es colectividad”, por lo que fue necesario que la mitad de la Compañía Nacional tuviera presencia en escena. Esta es, además, “una obra incómoda” por su contenido, y “alejada del típico lirismo shakespereano”, dijo el director. “El peso lo llevan los conflictos, no es tan encandilante”. Es, reconoce, un paquete grande de producción, que quizás en otro momento hubiera sido imposible de afrontar por la CNT. La historia tiene lugar en la naciente república romana. El general Cayo Marcio es el héroe en la batalla contra los volscos que pretenden invadir la ciudad, a la que traiciona, ya como Coriolano, inconforme y soberbio por la inclusión de los tribunos o representantes del pueblo en el Senado. Acusado de traición, a punto de encabezar la invasión a Roma, es la madre del general quien dirige y decide su destino, convenciéndolo de ceder a la compasión, lo que deriva en su trágico final. La obra es por momentos, densa, algo atribuible al discurso eminentemente político a lo largo de su desarrollo. El traductor, Otto Minera, propuso a la CNT la interlocución histórica alrededor de la figura de Coriolano que asombra por esa vigencia, “uno de los textos culminantes de la dramaturgia prodigiosa de Shakespeare, obsesionado por la política”, en palabras de Luis de Tavira. El director de la CNT califica como una “oportunidad impresionante” la convergencia que se dio para presentar este espectáculo en el Festival Internacional Cervantino, como parte el homenaje a Shakespeare. Tocado por las recientes masacres de jóvenes en el territorio mexicano, De Tavira se pregunta “hacia dónde va este país, en esta batalla entre civilidad y barbarie” y cómo no sentir que estos sucesos nos atañen a todos, “que todos debemos hacer algo al respecto”. Al espectador, Coriolano (papel a cargo de Juan Carlos Remolina) lo lleva a cuestionarse hondamente sobre estos y otros debates, como el que provoca la figura femenina predominante en la obra y en la vida de Coriolano, su madre, Volumnia, personificada por Julieta Egurrola, quien como explica Luis de Tavira, es la madre mexicana que entrega en sacrificio a su hijo, la única a quien éste escucha y obedece; una Piedad dispuesta a la inmolación de la progenie en aras del fin de la guerra. De la paz. En Coriolano, a diferencia de sus obras más conocidas, Shakespeare no utiliza el lenguaje del amor, sino el de los asuntos públicos: la política, el poder, la guerra. “Pone el dedo en la llaga de este, nuestro presente. Es rica en su contenido, pero logradísima en su forma”, la describió Otto Minera. Como dice el director David Olguín, ningún bando se salva en la obra. Hay “un realismo brutal, despiadado, cruel” que retrata lo mismo a las clases nobles, los patricios (o los encumbrados políticos de hoy) que al pópulo miserable, encandilado por representantes que los azuzan por sus propios intereses. Olguín deja, plantea, una gran pregunta para los gobiernos de América Latina, trasfondo recreado en Coriolano: “¿En qué medida se puede sostener el ideal democrático en pueblos que tienen hambre?”.

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