Sobre y tras el derecho

martes, 14 de octubre de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- Amables lectores: el de la presente va a tener la osadía de hablar de un tema muy amplio y complicado: el Derecho. Complicado porque los estudiosos del mismo no están de acuerdo; unos hay que lo ven y presentan como una idea, como una ciencia pura, pero hay otros que lo consideran como un mero producto de hechos, reduciendo su realidad a un fenómeno de fuerza. ¿Dónde está la verdad? Para aclarar un tanto ese fenómeno que es el Derecho, vayamos a los hechos, ¿y qué nos dicen los mismos? Pues que se puede decir, en general, que el derecho es el conjunto de normas jurídicas, es decir, el conjunto de aquellas reglas indispensables para ordenar la convivencia entre los humanos, reglas que, a veces injustas, han sido y son impuestas por la fuerza. Lo anterior ha llevado a analistas del tema a escribir que el Derecho es como un deber heterónomo, o sea, un sistema de mandamientos cuyos contenidos son impuestos por una voluntad extraña, que es obedecido por unos por conveniencia, por otros por miedo y otros más por costumbre. ¿Qué les parece? La historia del Derecho nos muestra, por su parte, que en todos los pueblos primitivos las normas jurídicas coincidían con las reglas religiosas, con lo que Derecho y religión eran una sola cosa. Los sacerdotes eran también magistrados y las sentencias con las que solucionaban los conflictos tenían un carácter sagrado, y eran considerados oráculos que procedían directamente de los dioses; pero con la evolución de la vida social, el Derecho se fue diferenciando claramente de la religión, ya que, ésta última trataba de las relaciones del hombre con Dios, y el Derecho trata únicamente de las relaciones de los hombres entre sí, lo que no impide que, en lo moral, Derecho y religión coincidan no pocas veces; así vemos que Derecho y religión mandan lo mismo: no mentir no robar, no matar, etcétera. Esa mezcla de poder, Derecho, religión y moral, en su interacción puede dar resultados varios, lo que ha hecho que los estudiosos de los mismos lleguen a la conclusión de que según sea el Estado, así será su Derecho. Y ahí se dividen las opiniones, pues unos dicen que el Estado es generado por una clase dominante para mantener su dominio, por lo que el Derecho no es más que un aparato normativo destinado a organizar y proteger los privilegios de esa clase fundadora del mismo. Así opinan unos; otros hay que afirman que el Estado es una institución armonizadora e integradora de unos grupos sociales no incompatibles, por lo que el Derecho es sustancialmente idéntico en toda sociedad, pues es el aparato normativo destinado a evitar las luchas internas y establecer una sociedad en la que todo sea armonía… ¿Es esto verdad o no lo es?... pero eso no es todo, pues hay otros teóricos del Derecho que afirman que en las sociedades tan complejas como las actuales, no se ha dado fin a las pugnas entre distintos grupos y clases sociales, las cuales convierten al Derecho en una entidad no tan coherente, por lo que la globalidad en la que respiran se ve agravada por los triunfos parciales de los grupos no dominantes y, al mismo tiempo, por la pervivencia de los antiguos grupos de poder y sus antiguas normas ya en decadencia, imposiciones parciales de grupos de oposición e imposiciones mayores del grupo social dominante a las otras partes integrantes de la sociedad. Esas son las principales teorías sobre el Derecho… ante los hechos de la realidad: las reformas laborales para flexibilizar el trabajo y así no desincentivar a los empleadores… o sea, a los patronos… tanto de la industria productiva como del ramo de los servicios, así como los rescates carreteros y los bancarios llevados a cabo con los impuestos de todos, a los que hay que añadir los recortes al gasto público y otras medidas de austeridad impuestas por la burocracia administrativa de las finanzas internacionales, el Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional y acatadas… o sea, aceptadas con sumisión y respeto… por los más diversos gobiernos… esas imposiciones, ¿Qué perfil dan al Derecho en esa globalidad en la que nos movemos y nos mueven?... ¿Esas imposiciones no lo convierten en un poder heterónomo, es decir en un poder extraño, ajeno a las necesidades e intereses de los más?... apreciados lectores de la presente, ¿cuál es su opinión al respecto?. Deseándoles lo mejor, su seguro servidor.   JUAN DERECHO

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