Otro anunciado rescate de La Merced

jueves, 23 de octubre de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- Hace poco más de diez años, en enero de 2004, en el marco del Programa de Rehabilitación del Centro Histórico, se destruyeron por completo los restos de la Acequia Real que se encontraban en el costado sur de Palacio Nacional, sobre la calle Corregidora. El fin fue reabrir a la circulación vehicular esa calle, para reunificar los lados oriente y poniente del centro y permitir el tránsito directo hacia la avenida Anillo de Circunvalación, según expusieron varios funcionarios del Fideicomiso del Centro Histórico (FCH) al semanario Proceso. La obra no logró su propósito porque el cúmulo de gente que acude a esa zona impide una circulación adecuada. Pero abrió en su momento la polémica respecto de la pertinencia de hacer peatonales los centros históricos y la conservación del patrimonio cultural. Se dijo entonces que la acequia se había derruido porque, al fin, no era original. Funcionarios del FCH coincidieron en que sólo se retiró “material y construcción contemporáneo”, porque lo que parecía la Acequia, el canal con sus puentes, era una recreación hecha en la década de los años ochenta del siglo pasado. Fue uno de los tantos canales --herencia de la ciudad lacustre de Tenochtitlán-- que atravesaban la ciudad pero fueron cegados y se consideró “bonito recordarlos”. Entonces se hizo una “recreación”, con lo cual Corregidora se cerró al paso del automóvil. Pero el arquitecto Juan Urquiaga, quien hizo la reconstrucción en su momento, y el historiador Efraín Castro Morales coincidieron entonces en que sí había vestigios originales que se intervinieron para que hubiera una lectura adecuada de lo que fue la Acequia. Como se hace con las pirámides precolombinas, son ruinas pero se complementan; de otro modo, no se entendería lo que son. El arquitecto Sergio Zaldívar destacó que si bien los restos de la Acequia “eran modestos y en gran medida no originales”, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), dirigido entonces por Castro Morales, proyectó su restitución “considerando la importancia de fortalecer la memoria, fin último de la conservación del patrimonio. Al INAH, de acuerdo con sus extrañas decisiones, hoy no le parece grave que este elemento se elimine, porque ‘no todo es original’ (por cierto, ninguna ‘pirámide’ de nuestro pasado es original, todas están ‘reconstruidas’, algunas con demasiada imaginación”. Ahora, con una nueva administración al frente del gobierno de la Ciudad de México, se presentó en la XIV Feria Internacional del Libro del Zócalo, el libro “Cien visiones por La Merced”. Dicha obra recoge propuestas para mejoras en esa zona del oriente de la ciudad, que se han plasmado en papel varios diseños a lo largo de los años, sin que acabe de reconstituirse. En ese marco, Salomón Chertorivski Woldenberg, secretario de Desarrollo Económico (Sedeco) del Distrito Federal, anunció que está terminado el plan para la peatonalización de la calle de Corregidora. Se trata en realidad de un plan más grande y ambicioso para rehabilitar la zona de La Merced. Abarca 220 hectáreas “de historia, vida cultural, económica y social… una zona olvidada en las últimas décadas, tanto es así que los últimos 15 años, perdió a más de la mitad de sus habitantes y cada vez menos personas quieren vivir en el centro del centro”. Relató que tras el incendio de la Nave Mayor del mercado de La Merced --el 27 de febrero de 2013--, se hizo una convocatoria para el rescate de todo el barrio, a la cual respondieron “850 arquitectos, urbanistas y paisajistas, que sin ninguna remuneración económica participaron, y los 100 mejores y más importantes proyectos que salieron del concurso están reflejados en este libro”. En la presentación, el titular de la Secretaría de Cultura, Eduardo Vázquez Martín, destacó que en el proyecto para rehabilitar a La Merced están involucrados vecinos, autoridades, intelectuales, arquitectos, artistas y comunicadores. Y enfatizó: “Hoy la ciudad tiene que reinventarse y el Centro Histórico tiene que darle a la zona de La Merced, mucho de la dignidad que ha tenido durante toda su historia. Requiere también ser integrada a una fuente de desarrollo y prosperidad que se merece, por su enorme valor histórico y por la enorme valía de sus habitantes y vecinos”. Quizá ya nadie se acuerde de la Acequia Real destruida. Pero es importante que los proyectos, además de ser consensuados entre tanta gente, respeten el patrimonio material e inmaterial y no se tomen decisiones que las nuevas autoridades cambien en el siguiente sexenio.

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