"Sobre y tras el honor"

jueves, 9 de octubre de 2014
MÉXICO. D.F. (apro).- Respetables lectores: lo siento por ustedes, pero éste servidor que les escribe opina que viven en una globalidad enferma, corrompida ¿pues qué otra cosa significa la crisis económica en que está sumergida desde hace años, en la inseguridad en que se mueve por las guerras locales que se están dando continuamente, el temor que a tantos de ustedes afecta y el consumo en crecimiento que se está dando de las drogas en esa globalidad en la que se mueven y los mueven? ¿Piensan que exagero, que me equivoco? No lo creo. Reflexionen y juzguen si no me dan la razón lo diferentes grupos de ciudadanos que están protestando en varios países contra una crisis provocada por ineptos políticos, incompetentes economistas que se creen los únicos poseedores de la verdad y desaprensivos burócratas de las finanzas internacionales; crisis que no la están pagando los autores de la misma, sino los ciudadanos con su miedo al desempleo, a los recortes al gasto público y la inseguridad en su diario vivir. Por lo que a este servidor respecta, opina que dicha crisis económica y sus consecuencias se deben principalmente a una cualidad que es poco cotizada en esa su globalidad en la que respiran: el honor virtud moral que lleva a la persona al más severo cumplimiento de sus deberes respecto al prójimo y de sí mismo… y si sobre él se atreve a escribir, considera que lo hace con cierta autoridad, pues, entre otros, en vida escribió un ensayo que tenía por tema el del honor. De inicio, en un ensayo, servidor de ustedes, asenté que el honor en general es objetivamente la opinión que tienen los demás de nuestra honestidad y, subjetivamente, el temor que inspira esa opinión; y señalé que había varias clases de honor, dedicando cierto espacio al honor de la función u honor de cargo, que es el que debe tener y mostrar toda persona que con su poder de decisión afectan la vida del prójimo. Esas personas pueden ser públicas… y también de la iniciativa privada… es decir, que pueden ser políticos, gobernantes, o como ahora los llaman, empleadores, así como gerentes, directores, consultores, asesores… en fin, toda la alta burocracia profesional de instituciones gubernamentales y de los negocios, sean estos nacionales o internacionales… recuerden al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional… igualmente un servidor expuso que estos sentimientos de honor y vergüenza son inherentes a todo hombre que no está enteramente corrompido. En lo relativo a la honor de la función o de cargo, un servidor consideró que a las personas que influyen con sus decisiones en la vida cotidiana de otros, se les deben exigir las cualidades necesarias para tan determinante actuación, pues de otra manera sería como confiar el mando de un transatlántico a un individuo que no tiene ni idea de las reglas de la navegación… ¿Estará pasando eso en esa globalidad en la que respiran, estimados lectores?... ¿qué me dicen?... igualmente, un servidor hizo hincapié en que todo ciudadano afectado por las decisiones de los individuos del poder, público o privado, tiene el legítimo derecho de pedirle rendición de cuentas a los mismos… y también de exigir una indemnización por el daño recibido. Aquí no estaría por demás el recordar al personaje modelo, al que llevó a lo más alto el punto del honor: el samurái, ese individuo que en el antiguo sistema feudal japonés, pertenecía a una clase inferior de la nobleza, constituida por los militares que estaban al servicio de los daimios. El samurái fue de origen campesino; con el tiempo la diferencia entre él y la masa campesina fue acentuándose, hasta convertirse el primero en una casta militar consagrada al ejercicio de las armas, con orgulloso y profundo sentido del honor… que podía llegar al suicidio, a la autoinmolación por medio del harakiri. Hay que recordar que el harakiri no era simplemente un suicidio, sino una institución legal y de ceremonia; un proceso por medio del cual los guerreros podían expiar sus crímenes, disculparse por sus errores librase de las desgracia, redimir su honor o demostrar su sinceridad… en fin, que la vida carecía de importancia para el samurái comparada con el significado del honor. Teniendo en cuenta que en esa globalidad en la que se mueven y los mueven, no faltan y más bien sobran los que, como dijo Víctor Hugo: “son gente que observa las reglas del honor como si observaran a las estrellas: de lejos”… ¿no es como para añorar a los samuráis?... ¿qué responden? Deseando que no sea así para los respetables lectores de la presente, queda de ustedes servidor. ARTHUR SCHOPENHAUER

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