"¿Qué será?"

miércoles, 12 de noviembre de 2014 · 21:59
MÉXICO, D.F. (apro).- Los humanos, como especie, ¿somos seres nacidos para el progreso o para la decadencia?... ¡uf! ¡Qué problema! La pregunta, respetables lectores de la presente, no es gratuita y menos intrascendente, pues la respuesta a la misma puede depender, en gran medida, de lo que somos ahora y seremos después. Ya, desde la antigüedad la humana criatura se interesó por conocer el mundo y se preguntó quién era él mismo, de donde venía y cuál sería el fin de su existir. Esas inquietantes preguntas dieron lugar a variadas respuestas, y son, puede decirse, las que dieron vida a los mitos y leyendas, en las que se entrelazaban los hechos verídicos con otros totalmente imaginarios de los que son ejemplos los libros de la Biblia referidos a la historia del pueblo judío, las sagas escandinava y las obras clásicas de la literatura de la India… Y esa mezcla de mitos y leyendas, de verdades y mentiras fueron para el hombre, durante milenios, la manera de explicarse y dar sentido a su existir y al de las sociedades que fue formando… es decir, que esa fue en cierto modo, la historia de los primitivos… ¿Por qué se dio esa mezcla de verdades y mentiras en la generación de la historia del hombre?, pues porque de ignorancias era el único modo en que las personas y las sociedades que iban formando daban solución a sus ansias de saber de dónde venían, quienes eran, de tener identidad, de satisfacer el instinto gregario, de pertenencia que anima a todo humano… Y porque el humano tiene imaginación, y lo que no conoce, lo inventa… insisto: durante milenios, ese tipo de historia, de respuestas a las necesidades y anhelos de los hombres y las sociedades que formaban, satisfizo a los mismos… Más tarde, no fue así; por ejemplo, en el mundo europeo, esas necesidades y anhelos, mucho más y mejor fueron satisfechos por la nueva religión cristiana, quien dijo a los hombres que eran seres caídos, degradados… pues habiendo salido perfectos y puros de las manos de Dios, nuestra débil naturaleza nos llevó al pecado al comer del árbol del bien y del mal, y aunque redimidos posteriormente de tal situación por la sangre de Cristo en la cruz, continuamos sujetos al progreso o a la degradación, a la decadencia, según sea buena o mala nuestra conducta en la Tierra, pues así lo había dispuesto nuestro creador. La visión fantasiosa, así como la providencialista de la historia, estuvieron vigentes varios siglos antes del medioevo y durante el mismo en Europa; dominó poco más o menos hasta el siglo XVIII, que fue cuando surgieron los primeros pensadores: Voltaire, Montesquieu, Vico, Herder, Fichte y otros; los cuales fueron proponiendo una historia que estuviera fundada en los aspectos colectivos de la sociedad, como la economía, la moral, costumbres, medio geográfico, mentalidades, etcétera… y la relación que pudiera haber entre ellas y las transformaciones que experimenta la sociedad con el tiempo debido a esos factores y las influencias que se dan entre ellos. De esa manera, el antiguo sentido de la historia perdió progresivamente su carácter mágico y sagrado que había tenido anteriormente, y la crítica histórica rechazó tanto las fábulas como las falsificaciones que tanto la afectaron en sus principios y durante la época del Medievo. Con más saber, con los progresos de la erudición y el aumento de documentos y noticias se desarrolló una aguda crítica sobre su valor y se fueron creando bases científicas de la misma, pues los creadores de la moderna historia se esforzaron en la búsqueda de leyes y causas generales que pudieran explicarla. Así mismo pensaron que la función del historiador no era la de simple acumulador de datos, sino que debía incluir también, y principalmente, un esfuerzo para analizar internamente los acontecimientos y descubrir la naturaleza del pasado mediante el estudio de aquellos fenómenos más generales y uniformes. Igualmente pensaron que la finalidad de la historia debía ser la de educar y ejemplarizar… y con este pensamiento pragmático… o sea con la idea filosófica según la cual el único criterio para juzgar la verdad de cualquier doctrina se ha de fundar en sus efectos prácticos… digo, con ese pragmatismo, tuvo fuerte impulso el concepto de progreso…debido sobre todo a la razón, ya que el hombre , el ser que hace historia, es un ente de razón y perfectible por añadidura, como pensaron Kant, Herder, Condorcet, Hegel, por citar algunos… Pero también hubo otros que creyeron que era una criatura decadente… mas eso sería materia de otra carta, estimados lectores de la presente. Con el respeto que se merecen, de ustedes servidor. LIGORIO D’REVUELTAS

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