"Pavesas", de Beckett, en el Teatro Santa Catarina de la UNAM

jueves, 20 de noviembre de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- De una manera opuesta a su título, No queda nada que decir, esta producción sí dice mucho al atender los remanentes. Esos residuos que nos hablan sobre el lugar donde hubo un proceso e implican tiempo. La puesta en escena reúne cinco textos cortos de Samuel Beckett. Es una curaduría escénica al compilado de obras breves de teatro del autor irlandés, titulado Pavesas --para la edición española de 1987--, el cual contiene sus escritos entre 1963 y 1981. Dicha curaduría teje las cinco propuestas de los jóvenes directores Juan Carrillo, Damián Cervantes, Mariana Gándara, Mónica Jasso y David Jiménez, la cual fue coordinada por Martín Acosta, quien para esta ocasión también realizó el diseño de escenografía. Con el recorrido, que todo ese equipo de creativos logra como una exploración, puede verse y sentirse a un Beckett que reta al espectador a contemplar lo que queda como si fuese un paisaje, hasta que él mismo se encuentre allí y se vuelva parte de éste. Puede comprenderse también que los residuos en Beckett son de naturaleza mínima en extensión y elementos visuales. De hecho, pavesa, singular del título de aquella compilación en castellano, significa polvo --del latín “pulvisia”, de “pulvis-eris”--. O bien puede ser definida como las partículas pequeñas y ligeras de materia que se desprenden de un cuerpo en combustión y que acaban por convertirse en ceniza. Es decir, lo que queda en apariencia es poco, inmóvil y silencioso. Martín Acosta observa la pavesa de Beckett desde este sentido formal: “…Convocar la negación para develar este lenguaje que --todavía hoy-- sigue siendo nuevo y audaz. La ausencia de la acción. La suspensión de la acción. La acción que se niega…Y que sin embargo se mueve…” Para poder apreciar las cinco pavesas escenificadas en el Teatro Santa Catarina, la escenografía consiste en tan sólo tres pedestales de diferentes alturas, un sencillo cajón de arena, una caja rodante --en la que cabe una mujer sentada en su mecedora-- y el ático, que ya de por sí forma parte de la infraestructura de ese foro de la UNAM. El elenco, integrado por Nailea Norvind, Harif Ovalle, Sergio Ramos Ruiz, Georgina Tabora y la niña Erandi Solís Ochoa --de 10 años --, desarrolla cuidadosamente el estudio corporal y de la voz que las pavesas de Beckett requieren. Ese estudio está remarcado por la iluminación a detalle de Félix Arroyo. El montaje No queda nada que decir forma parte del ciclo “Los grandes dramaturgos del siglo XX” y puede ser sumado a las revisiones del legado del autor de Esperando a Godot a 25 años de su fallecimiento.

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