"Sobre la decadencia"

jueves, 20 de noviembre de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- Respetables lectores: Servidor, en anterior a este buzón, señalaba que la percepción de decadencia, curiosamente, se dio en la cultura, en la civilización occidental (por referirnos únicamente a la cultura o civilización preponderante y determinante en la globalidad en que nos movemos y nos mueven), se dio, repito, al mismo tiempo, en que se estaban dando la creación de la nueva historia en el siglo XVIII, cuando varios pensadores y teóricos de la misma la vieron como elemento imprescindible y fundamental para el perfeccionamiento y progreso del hombre, autor de la misma. Esa noción de la decadencia, que se opone a la del progreso, propia del progresismo histórico, tiene sus orígenes en la consideración y valorización del imperio romano llevadas a cabo por el francés Montesquieu y el inglés Gibbon, y también a la teoría del italiano Vico, el cual distinguió en la historia de cada pueblo tres periodos sucesivos: el de la edad divina (propio de la teocracia), la edad heroica (propio de la aristocracia) y la humana (correspondiente a la democracia). Igualmente, esa noción de decadencia del humano, en cierto modo, se debe al ginebrino J. J. Rousseau, por aquello de su idea de una realidad primitiva ligada a la autenticidad de lo humano, idea que liga a su vez a una decadencia vinculada a la idea de civilización. Más cercano a nosotros, O. Spengler, alemán él, es uno de los representantes más señalados de la opinión de la decadencia de las culturas, de las civilizaciones, así como de los hombres que las integran. Su teoría parte de una clara diferenciación de cada una de las civilizaciones, lo que va contra la supuesta unidad de la historia universal, admitida por muchos otros historiadores. Considera que cada cultura, cada civilización tiene su propio estilo y, de acuerdo con su pensar, con todo ser vivo, tiene sus etapas de nacimiento, crecimiento y muerte. De acuerdo con su pensar, Spengler afirmó que la civilización occidental y cristiana, creadora del mito del progreso histórico está en decadencia. Ustedes, respetables lectores, ¿qué piensan al respecto? El inglés Toynbee, por su parte, se pregunta si la civilización occidental y cristiana, vertebradora y rectora con mucho de la globalidad, puede decirse que está en decadencia. Él cree que se ha convertido en un componente de la gran sociedad que significa la globalidad en la que respiramos, y también se pregunta si hay que optar por una visión cíclica o por una visión progresiva de la historia. ¿Dónde piensan que está o queda la bolita, respetables lectores de la presente? En nuestros días, el italiano G. Sartoris analiza y llega a la conclusión de que la mayoría de las personas son manipuladas y conformadas por elementos de gran penetración y seducción: por la televisión y el mundo de la red para los cuales sólo existe lo que se ve, lo que está dando individuos cada vez más desinformados, seres que bien pueden saber que ocurren muchas cosas, y a veces a quién, pero a gran medida ignoran quién las produce, por qué y para qué. Individuos que, en cierta medida, son producto de reflejos condicionados, como los perros de Pavlov. Sartoris también cree que el mundo actual se está desmoronando, que está volviendo a sus orígenes, con eso de los particularismos y las nuevas tendencias del hombre a moverse en tribus, en círculos humanos estrechos, como lo hizo que bajó de los árboles y creó las formas más primitivas de gobierno: la tribu; tribalismo que está haciendo que él mismo esté dando pasos atrás, de ir a ser homo sapiens a presapiens. Otro autor, el alemán Max Otte, abundando en lo ya dicho anteriormente por Sartoris, viene advirtiendo desde hace años lo peligrosos que son o pueden ser los medios de comunicación por su poder de manipulación de los hechos, que un día sí y otro también pueden llevar (¿y no lo llevan ya?) al mundo por los caminos que más convengan a sus muy particulares intereses. El estadunidense N. Karr, por su parte, nos previene ante el gran riesgo que representa nuestra satisfacción y complacencia por los progresos alcanzados en materia de las máquinas y de nuestra dependencia creciente que tenemos de las mismas, a tal punto, que bien podemos llegar a ser unos simples apéndices de las mismas. Yubal Harari, por cierto, profesor de historia de la universidad hebrea de Jerusalén, opina que el hombre ha recorrido un largo camino a través de la historia para terminar sujetado y movido por los más primitivos y criticables de sus instintos: los del egoísmo, la agresividad, la insensibilidad y la autodestrucción (¿será debido todo ello a la competencia que exige la globalidad?). Éste autor asimismo afirma que el hombre era más hábil y sabía más hace treinta mil años y que su cerebro ha ido reduciéndose a lo largo de sus diez mil años últimos. De él es también esta frase lapidaria: "ahora somos mil veces más poderosos, pero no somos mil veces más felices". Ante lo escrito en la presente, respetables lectores de la misma, según su opinión, ¿creen que los autores citados están en lo cierto o no? ¿Qué me dicen? Con los mejores deseos de su seguro servidor. LIGORIO D’REVUELTAS

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