"Sobre y alrededor del trabajo (3 de 3)

martes, 16 de diciembre de 2014
MEXICO, D.F. (apro).- Hubo un momento cumbre, estimados lectores de la presente, en la historia de los trabajadores, y fue cuando, por medio de la revolución, tomaron el poder y crearon la Unión Soviética, mas ¡ay!, ese hecho terminó en una caricatura siniestra, pues cayó en un capitalismo de Estado; vertebrado y dirigido por la burocracia de un partido y la brutal dictadura de un hombre: José Stalin. Otro momento promisorio hubo, y fue, como lo señaló G. Myrdal es su libro El Estado del futuro, cuando a mediados del siglo pasado, el Estado, en todos los países ricos del Mundo Occidental, “se convirtió en un democrático Estado benefactor (de bienestar), con promesas formales y categóricas de alcanzar metas de desenvolvimiento económico, de trabajo para todos, de igualdad de oportunidades para los jóvenes, de seguridad social y normas mínimas protegidas en lo que se refería no sólo a los ingresos, sino a alimentación, vivienda, salud y educación para las personas de todas las regiones y todos los sectores”… hubo y hay mal pensados que dicen que esa idea y proclamación del Estado benefactor fue generada, más que nada, por la existencia en ese momento del llamado mundo comunista… estimados lectores, ¿qué opinan ustedes al respecto?. Como fuera, la situación de Guerra Fría existente por tantos años entre el llamado mundo comunista y el libre Occidente, favoreció en cierto modo las luchas de los obreros en Occidente por una vida mejor para ellos y sus familias. Y cosa curiosa, los patrones, los economistas partidarios de los mismos y hasta los gobiernos, dando pruebas de sensibilidad, comenzaron a hablar de capital humano al referirse a los obreros o trabajadores por parecerles que ese título era más digno y menos degradante que el de recursos humanos… ¿Tenían razón?... el caso es que libros de economía, revistas patronales, de cámaras de comercio y la industria y artículos de diarios no se hablaba más que de capital humano… ¿y qué vino después?... ¡Llegó la globalidad en la que nos movemos y nos mueven!, vertebrada y regida por la libertad irrestricta del capital y del mercado libre y competitivo, pero en la que el trabajo de los más es casi tan discriminado y despreciado como en la antigüedad, ya que en el mismo se sacrifica al trabajo y a los trabajadores, al capital humano por perseguir y lograr la maximización constante de la producción y el beneficio del capital, lo que da una realidad de sociedades opulentas para unos pocos y de necesidades, miseria y hasta horrores para no pocos, pues en esta globalidad la riqueza se está concentrando cada vez más en menos manos y en la cual, con la justificación de no desincentivar, de no desalentar a los capitalistas, las instituciones internacionales representativas de los mismos, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, “recomiendan” y están imponiendo, para no atemorizar ni desalentar a los capitalistas, bajos impuestos a los mismos y aumentando impuestos indirectos; están imponiendo también, esas mentadas instituciones, “recortes” en los gastos sociales, reformas a la leyes laborales, reformas que despojan a los trabajadores de derechos adquiridos o bien dejan imposibilidad de adquirir buenos salarios y otras prestaciones sociales al capital humano que se inicia en el trabajo; estas medidas y otras parecidas están llevando a una realidad en la que las huelgas, el reclamo de mejores condiciones de trabajo o aumento de salarios pueden ser ignorados o acallados y hasta criminalizados con el argumento de que con ello se atenta contra la estabilidad económica, o que con ello pueden atemorizar o desestimular a los inversionistas extranjeros o nacionales, que pueden llevar por esa causa sus capitales y sus negocios a otros países más seguros, es decir, a otros países donde el capital humano, los salarios de los mismos, sean más baratos. Dato curioso, cuando existía el mundo comunista, los ciudadanos de los mismos huían de ellos por miles en busca de la libertad, en nuestros días, en esta globalidad democrática, miles del alabado capital humano huyen de sus respectivos países en busca de trabajo que no encuentran en sus lugares de origen y/o en busca de mejores salarios que los de hambre que privan en sus tierras, huida que no pocas veces tienen un término trágico para no pocos de ellos. Ante la situación precaria de la tanta y única energía capaz de crear valores, ante la frágil, inestable e incluso perecedera situación de tanta y única energía capaz de poner a otras, la del agua, viento, sol, química, etcétera al servicio del hombre, de la humanidad, es curioso digo, que al mismo tiempo, en la globalidad en la que nos movemos y nos mueven, se recomiende y se lleve a cabo que se paguen buenos salarios y se les haga objeto de prestaciones a los que hacen que se observen y se conserven la ley y el orden ya establecidos, como son los funcionarios públicos, policías y militares, que para que no sean víctimas de presiones, de objeto de sobornos, para que no se corrompan… buenos salarios para que así cumplan, con entusiasmo, responsabilidad y equidad con su trabajo. Ante este hecho, pregunto: ¿Por qué no se piensa así respecto del salario de esos otros muchos más que son los otros trabajadores? Ustedes, estimados lectores de la presente, ¿Saben el por qué? Con el sincero deseo de que Dios les libre de ser uno de esos tantos y tantos que la globalidad va marginando por considerarlos de más, su sincero servidor. JUAN CONTRERAS

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