Conservación de archivos y bibliotecas... la historia de los desastres

martes, 2 de diciembre de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- Cuando apenas se asimilaba la noticia de la venta del archivo del escritor colombiano Gabriel García Márquez a la Universidad de Texas, en Estados Unidos, --incluido el manuscrito de la novela del boom latinoamericano, Cien años de soledad--, diversos medios de comunicación dieron a conocer una noticia que parecía similar: “Manuscrito original de Alicia va a museos de Estados Unidos”. Sin embargo, resultó no ser igual. El manuscrito de Alicia en el país de las maravillas, del escritor inglés Lewis Carroll (1832-1898), es patrimonio de la Biblioteca Británica, que lo prestará a la Biblioteca Morgan de Nueva York y al Museo Rosenbach de Filadelfia para celebrar los 150 años de su primera publicación en 1865, informó en un cable Associated Press (AP). Titulado originalmente Las aventuras subterráneas de Alicia, el libro que fue un obsequio de Carroll a la niña Alice Liddell, fue escrito entre 1862 y 1864 por Charles Dodgson, nombre real de Carroll. Las ilustraciones son dibujos del propio autor. AP relata que en 1928 el manuscrito fue comprado por un comerciante estadunidense y finalmente regresó a Gran Bretaña en 1948, donde se conserva. México se jacta de su patrimonio arqueológico y presume por el mundo sus políticas de conservación. Pero si de algo carece es de una fuerte y definida política de adquisición de archivos y bibliotecas. Muchos de los que se encuentran en los recintos bibliográficos del país son el resultado de la generosidad y conciencia de sus creadores que los han donado: El historiador Silvio Zavala a la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia y la crítica de arte Raquel Tibol, a la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada, por citar un par de ejemplos. El escritor Fernando Benítez (1912-2000) consigna en su obra El libro de los desastres la pérdida de bibliotecas y libros antiguos, muchos incunables, que cruzaron la frontera hacia Estados Unidos. La biblioteca y archivos del propio Benítez no se encuentran en una institución pública, pues fueron vendidos a la Fundación Dr. Ildefonso Vázquez Santos, con sede en la ciudad de Monterrey. ¿Por qué el interés de conservar en determinado lugar la biblioteca y archivos de un intelectual o artista? Al escribir sobre la venta del acervo de Benítez, Rafael Vargas explicó a Proceso (14 de enero de 2012): “Toda biblioteca es un proyecto de vida, y la biblioteca de un escritor forma parte de su biografía tanto como las imágenes fotográficas que de él se captaron en el curso de los años. Y es quizá aún más reveladora, pues la fotografía admite la pose, pero los libros que un escritor poseyó dejan ver, a través de subrayados, notas, comentarios, el parecer íntimo, espontáneo, a veces impensado, de quien es no sólo su lector, sino también su interlocutor, su exégeta”. De García Márquez habría que imaginar todo lo que revela el manuscrito de Cien años de soledad y los documentos relacionados con la novela. Para saberlo con precisión se tendrá que ir ahora a Texas. Y no se hable ya del incalculable valor simbólico del manuscrito, “en tanto pieza única e irrepetible”, como sostiene la investigadora Idalia García Aguilar sobre este tipo de objetos. La especialista de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es coautora con Bolfy Cottom del libro El patrimonio documental en México, reflexiones sobre un problema cultural, en el cual se plantean los problemas de la conservación de los acervos documentales del país desde diferentes ópticas incluida la legislativa. La presentación del volumen es de Ramón Aureliano Alarcón, quien sostiene que la conservación y conocimiento de los acervos documentales no está clara en las políticas culturales del Estado mexicano, además de que no se ha desentrañado la responsabilidad social de instituciones como archivos, bibliotecas y museos. Quizá muchos piensen que la política cultural en materia de acervos documentales de México nada tiene que ver con la venta del acervo de García Márquez, pero en lo referente a Cien años de soledad sí hay un vínculo estrecho, pues el autor además de haber vivido 50 años aquí en México, escribió la novela en una casa de la colonia San Ángel Inn, al sur del Distrito Federal. De esta manera, esa novela forma parte de la historia y patrimonio simbólico del país, aunque no será parte del patrimonio cultural material mexicano.

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