Conmueve a la mexicana Dana Rotberg el estreno de White lies

viernes, 28 de marzo de 2014
GUADALAJARA, Jal. (apro).- Luego del aplauso de más de mil personas en el Teatro Diana al terminar la proyección de White lies (el largometraje que el comité de selección neozelandés escogió para que representara su país en la categoría de Mejor Película Extranjera en los Premios Óscar 2014), su directora, la mexicana Dana Rotberg, manifestó estar muy conmovida. La cinta, que tuvo un éxito de taquilla en Nueva Zelanda, se ubica en los inicios del siglo XX en una pequeña comunidad de esa nación. La historia aborda la vida de Paraiti, una curandera maorí que, pese a las leyes, ayuda a mujeres pakeha (blancas). A principio de la trama, la curandera atiende a Rebecca, la esposa de un empresario local pudiente. La mujer está embarazada y quiere que el pequeño no nazca, por lo cual se cree que ella pudo haber sido infiel, pero en realidad hay un gran secreto, tensión racial e hipocresía. Para Rotberg, los pueblos indígenas del otro lado del mundo son hermanos y mantienen una cosmogonía similar a la de las etnias mexicanas, “porque en la Colonia nos pasó lo mismo”. White lies tuvo, la noche del 27 de marzo, una proyección de gala en el marco del 29 Festival Internacional de Cine de Guadalajara. La taquilla recaudada será donada a dos organizaciones, ODES, dedicada a cuidar a los caninos que son abandonados, buscándoles un hogar, y Cordica, fundación que vela por la seguridad de niños con síndrome de Down. En la alfombra roja, la cineasta mexicana dijo estar agradecida de volver a nuestro país y de presentarse aquí con su película: “Es la primera exhibición en América Latina, espero que la película le llegue al corazón al público mexicano, porque soy una cineasta de este país y porque no importa dónde viva, la perspectiva y la mirada serán siempre mexicanas y tengo mucha curiosidad de ver cómo la audiencia recibe esta historia del otro lado del planeta.” También manifestó que “rodar White lies fue una experiencia realmente apasionante. El quehacer cinematográfico que nos une y del cual los humanos hablamos es universal, la comunidad del pueblo indígena maorí de Nueva Zelanda, una mexicana y gente inglesa haciendo esta cinta, ha sido una experiencia que me remitió mucho a mi mexicanidad, curiosamente encontré esto en los pueblos indígenas, son hermanos, de sentir la generosidad, la cosmogonía, el amor a la tierra y el respeto al entorno”. La directora radica desde hace 10 años en Nueva Zelanda.

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