Someterán a Tláloc a un proceso de restauración, anuncia el INAH

miércoles, 16 de abril de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- Con 165 toneladas de peso y siete metros de altura, el monolito conocido como Tláloc será sometido a un proceso de restauración para eliminar las posibles alteraciones que la piedra haya sufrido a lo largo de más de 50 años de exposición a la intemperie, pues es la escultura insigne del Museo Nacional de Antropología. Según el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que anunció la intervención mediante un comunicado, los especialistas han determinado que la escultura guarda un buen estado de conservación y presenta sólo “algunas alteraciones superficiales provocadas por los contaminantes provenientes del tránsito vehicular de Paseo de la Reforma”, vía en la cual se encuentra el museo construido por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez. Por ahora se están realizando los estudios preparatorios desde diversas disciplinas, y ellos abarcan desde un registro fotográfico pormenorizado del estado de la escultura monumental hasta la toma de muestras de rocas similares en el pueblo de Coatlinchán, Estado de México, de donde se trajo el monolito el 16 de abril de 1964 (día en que coincidentemente cayó un torrencial aguacero), para realizar pruebas y elaborar productos que puedan aplicársele en el futuro. El reportero Armando Ponce consignó en la edición 463 de Proceso que la figura conocida como Tláloc se llevó al MNA por disposición del entonces presidente Adolfo López Mateos. Había una polémica entre varios especialistas, porque estaba adherida a la roca madre. De hecho, los arqueólogos Román Piña Chan y su esposa Beatriz Barba afirman que aquélla fue cortada de ahí. Además, los pobladores de San Miguel Coatlinchán se opusieron a que el monolito fuera sacado del pueblo. La directora Sandra Rozental realizó con esta historia el documental La piedra ausente, que se proyectará en el museo los días 23 y 30 de abril. Y justo en la segunda función el equipo de restauración ofrecerá una charla sobre los trabajos a realizar. El proyecto de intervención se lleva a cabo en el marco de los festejos por el cincuenta aniversario del recinto y es realizado por el Laboratorio de Conservación del MNA, dirigido por Sergio González García. El estudio previo, detalla el INAH, permitirá conocer las causas del desgaste de la piedra y vigilar futuras alteraciones. Además, el registro fotográfico se realizará por cuadrante para tomar detalle de los grabados de la vestimenta o maxtlalt (que es una falda, por lo cual se cree que el monolito es Chalchiuhtlicue, hermana de Tláloc). Asimismo, se llevará a cabo una comparación con fotos antiguas para conocer si hay fisuras y faltantes en la obra. Además, se toman muestras de la materia depositada en la superficie, como grasa, hollín y polvo para determinar cuál será el mejor proceso para eliminarla sin afectar al monumento. Se hicieron pruebas de limpieza con agua destilada y cepillo. Y también se limpió la pileta que rodea la pieza, aparte de que se midió la acidez del agua. Incluso se tiene previsto remodelar la fuente y bajar unos centímetros el espejo de agua para evitar que el líquido deteriore la roca. En el proyecto, iniciado en 2013, intervienen diversas instituciones, entre ellas el Centro de Ciencias Aplicadas y Desarrollo Tecnológico de la UNAM, las coordinaciones nacionales de Arqueología y de Monumentos Históricos, y la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía, del INAH. Según los primeros resultados, “la propuesta de conservación y restauración del Tláloc de Coatlinchán incluye la limpieza superficial de la escultura usando métodos no invasivos, la eliminación de encharcamientos de agua de lluvia, el tratamiento de fisuras, la intervención del soporte metálico para evitar que se oxide y se debilite, y el desarrollo y aplicación de un programa de mantenimiento a largo plazo”. No obstante, asegura el instituto “es posible afirmar que las principales alteraciones observadas son superficiales”, entre ellas variaciones cromáticas, manchas y zonas oscuras debido a los contaminantes del tránsito vehicular. Además, exhibe un par de fisuras, una en los orificios de la boca y la otra debajo del tocado.

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