Jacinto y Nicolasa

martes, 13 de mayo de 2014
MÉXICO D.F. (apro).- La impartición de justicia es uno de los temas más dolorosos y que reflejan en forma lamentable el estado de cosas en nuestro país en torno a temas como la corrupción, el racismo y los privilegios del poder y el dinero. Recientemente hemos conocido el caso de César Cruz Benítez, originario de la comunidad indígena de San Ildefonso, Hidalgo, donde es el gobernador tradicional hñahñu. En 2012, fue detenido en un retén policiaco en su estado natal. Los policías no le informaron sus derechos y no entendió por qué lo detenían. En un hecho sin precedente en la historia de los procesos judiciales en México, en 2012 presentó un amparo en su lengua materna: el otomí.  En la demanda solicita que se reconozca el derecho de los indígenas a ser notificados y procesados en su lengua materna. Sin embargo, en días pasados la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación votó en contra del proyecto que proponía amparar a César. Ante circunstancias de este tipo, muchas de las cuales nunca llegamos a conocer, resulta particularmente relevante la puesta en escena de obras como Jacinto y Nicolasa, la cual  después de sus exitosas presentaciones en el teatro La Capilla, inició una nueva temporada el pasado 28 de abril en el Foro La Gruta, del Centro Cultural Helénico. Jacinto informa, presionado por su comunidad rarámuri,  que ha cometido un asesinato  y se entrega a la policía estatal. No obstante, le piden que “vuelva luego” porque el juez no está,lo ignoran y nadie quiere tomar su declaración. Es así como inicia un peregrinaje absurdo de tres días  a pie, que se repite cada lunes en busca de ser atendido. Nicolasa es una madre cuyo hijo de 13 años desaparece junto con un amigo. Ella también acude ante la policía del estado para que se indague el paradero de su vástago, pero lo único que obtiene es indiferencia y extorsión. Además de pedirle dinero, le sugieren mejor organizar a su comunidad para la búsqueda de su hijo. Ante esta situación, Nicolasa recurre a sus sueños y a la ayuda de las comunidades aledañas para encontrar a “Chelis”. Los sueños y las pesadillas prevalecen en ambos personajes para revelan revelar y compartir con los espectadores su origen y su destino, conforme a la cosmogonía y creencias de su pueblo. La dramaturga Camila Villegas consigue un texto dramático revelador de una historia que parece distante, pero que, como comenta la propia autora, está inspirado en situaciones cotidianas y frecuentes que ocurren actualmente en la sierra Tarahumara. Bajo la dirección de Alberto Lomnitz,  los actores Olivia Lagunas y Bernardo Velasco sacuden la conciencia y emociones del espectador al encarnar con realismo a dos indígenas que evidencian la integridad, el honor, la dignidad y las costumbres de su raza. El trazo escénico está diseñado con austeridad, sin más elementos que un par de sillas de madera y una iluminación que apenas rompe con la penumbra, así como sonidos incidentales que recrean a la urbe y el ámbito rural. Jacinto y Nicolasa se presentará hasta el 28 de julio en el Foro la Gruta, del Centro Cultural Helénico, los lunes a las 20:30 horas.

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