La mujer barbuda de Austria y bubis polacas en Eurovisión 2014

martes, 13 de mayo de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- Como acontece cada año desde la caída del Muro de Berlín, esta primavera asistí al Festival Eurovisión 2014 de Copenhague, Dinamarca, invitado para emitir mi voto simbólico desde México en el famoso certamen sonoro, y comprobé una vez más cuán alejadas están mis preferencias musicales de los resultados oficiales. La mujer barbuda de Austria Conchita Wurst arrasó con su pieza “Renacer como Fénix”, la cual yo ubicaba en tercera posición. (www.rtve.es/alacarta/videos/eurovision-2014/conchita-wurst-canta-rise-like-phoenix-representacion-austria/2556370/) Mi gran favorita de España 2014 fue “Bailando en la lluvia” de Ruth Lorenzo (oír cómo luce ella incomparable a partir del minuto dos en www.rtve.es/alacarta/videos/eurovision-2014/ruth-lorenzo-canta-dancing-in-the-rain-representacion-espana/2556346/). Cosa curiosa, pues desde 1968 cuando triunfó “La la la” de Joan Manuel Serrat en Londres, Inglaterra, interpretada por la catalana Massiel, ninguna representante hispana me había atraído tanto en Eurovisión. Holanda se llevó el segundo puesto con “Después de la tempestad viene la calma”, de The Common Linnets, dueto adoración del locutor castizo de la cadena televisiva hispana, a cargo de la transmisión del festejo para Iberia. Por su parecido con la rola de Police y Sting de 1980 (“Every Breath You Take”), la relegué al sexto lugar. Mi segunda rola de Eurovisión 2014 pertenecía a Gran Bretaña: Molly Smitten-Downes con “Somos infantes del universo”, más ecos lennonianos. Pero bien, no me decepciona tanto fallar en mis resultados porque después de todo, Eurovisión como casi cualquier otro concurso musical está lleno de cuatachismos. Bien sabemos que los países europeos suelen votar sus preferencias “en bloque” conforme a intereses geográficos y similitudes culturales, como es el caso de las naciones escandinavas, quienes comparten (y reparten) sus selecciones entre sí: Dinamarca = Suecia = Noruega = Islandia = Finlandia, y a menudo favorecen a viejos aliados (Irlanda, Países Bajos), pero jamás piensan en Alemania (los nazis se quedaron con Schleswig-Holstein). No obstante lo anterior (y mi cariño al príncipe Hamlet por aquello de “algo está podrido…”, etc., etc.), me gustaba la triada femenina teutónica de Elaiza con “¿Es lo correcto?” para el tercer escalafón. Desde luego, Eurovisión se ha convertido en un escaparate comercial hiperultratecnológico más allá de la supuesta representatividad con lo mejor del talento musical de cada país en Europa. De este modo, el peso de las sonoridades ya resulta un pretexto, y muy a menudo lo que el jurado euro toma en cuenta oficialmente va más allá, con tal de impactar al auditorio (once mil almas en Copenhague) o apantallar a los millones de televidentes hasta el lejano Oriente (los locutores viking de Radio y TV Denmark elogiaban a China minuto a minuto). Pero a mí, amigos, amigas y amig@s, me latía la representatividad rusa para el cuarto peldaño, con el dueto Donatan-Cleo y “Somos eslavas”. Aunque habrá quien piense que lo que verdaderamente me atrae son las bubis de la “campesina” polaca que apareció en el escenario. Lógico, mi visita a Copenhague fue virtual. Quien me invitó a Eurovisión 2014 para votar simbólicamente representando a México, es verdad, fui yo mismo. Lo que mejor pude apreciar entonces fueron los efectos multimedia y, sinceramente, como solicitaron a los 26 artistas finalistas europeos elaborar su propia bandera antes de instalarse en Copenhague y entregar un video de su trabajo (que salía en vivo antes de cada quien entrar a cantar), el estilo de los finlandeses más jóvenes del concurso musical me conquistó. ¿Comentarios?

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