La historia de López Mateos en un nuevo libro de Emilio Arellano

martes, 20 de mayo de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- Luego de escribir un par de libros sobre el ideario político y social de Ignacio Ramírez El Nigromante, el abogado Emilio Arellano realizó un nuevo volumen, ahora dedicado a Adolfo López Mateos, quien gobernó el país del 1 de diciembre de 1958 al 30 de noviembre de 1964, y al cual considera “el presidente más estimado por los mexicanos”. Como en sus anteriores libros, Ignacio Ramírez, “El Nigromante”. Memorias prohibidas y La nueva República, el abogado y descendiente tanto de Ramírez como de López Mateos, hurga en archivos familiares y también acude a los testimonios, leyendas, recuerdos y versiones “de seis generaciones de ancestros” del expresidente, descendiente de personajes como el propio Nigromante, Francisco Zarco Mateos, el dramaturgo Juan Antonio Mateos, Ramón López Velarde y Jesús González Ortega, entre otros. López Mateos fue polémico porque durante su gobierno se mantuvo en la cárcel a los líderes sindicales del movimiento ferrocarrileros Demetrio Vallejo y Valentín Campa, se reprimió el movimiento magisterial y se cesó a su líder Othón Salazar, se asesinó al dirigente campesino Rubén Jaramillo, junto a su esposa y sus tres hijos en Xochicalco, Morelos. Y al muralista y militante comunista David Alfaro Siqueiros “decidió aplicarle con la máxima rudeza una pena de ocho años acusándolo de haber incurrido en el delito de disolución social” (estuvo de 1960 a 1964 en Lecumberri, en su cuarto encierro carcelario), consignó la crítica de arte Raquel Tibol en una de sus columnas en el semanario Proceso. En el libro Adolfo López Mateos. Una nueva historia, editado por Planeta, Arellano aborda su figura desde otra óptica. Para él “López Mateos es considerado un baluarte del nacionalismo mexicano del siglo  XX e impulsor del industrialismo, la cultura y el progreso nacional, sin entreguismo a inversionistas extranjeros”. Y cita que solía decir: “Estamos interesados como nación en captar inversionistas nacionales y extranjeros, pero que no se piense que el país está en remate o bajo un proceso de subasta pública internacional. Debemos dar prioridad a los inversionistas nacionales y luego de manera complementaria llegarán los extranjeros, sobre todo en materias tecnológica y energética que tanto requerimos para complementar nuestros procesos productivos internos.” Desarrolla la genealogía del presidente que tuvo como secretario a Jaime Torres Bodet y creó instituciones como los museos Nacional de Antropología y de Arte Moderno. Explica sus vínculos con otros personajes de la historia para remarcar su “gran linaje liberal”. Aprovecha para aclarar que, contrario a lo que se llegó a decir en algún momento de su historia para desprestigiarlo, incluso con la falsificación de documentos, no tuvo antecedentes familiares en España ni nació en Guatemala. Es en el capítulo “Yo soy Adolfo”, donde Arellano se aboca a describir el desarrollo político del presidente que --destaca-- “se atrevió a declararse socialista y de izquierda moderada en plena Guerra Fría”. No se espera, siendo descendiente del presidente, que el autor haga alarde de objetividad. Es claro, lo dice desde las primeras páginas, que busca demostrar la calidad humana y política del personaje y no le escatima elogios y cuando así lo considera, destaca hechos que de suma relevancia como el haber nacionalizado la industria eléctrica “que le trajo infinitas críticas de la derecha ultraconservadora nacional e internacional, que siempre han considerado al país su botín personal”. Ilustrado con fotografías de las familias Ramírez y Mateos, entre otros fondos, el libro se divide en cinco capítulos: “De estirpe liberal y nacionalista”, “Fue un fraude o una gran mentira”, “Yo soy Adolfo”, “El ocaso de un titán”, y “A la maestra con cariño” (dedicado a Eva Sámano, esposa de López Mateos). Y vale mencionar, en estos tiempos en que los gobernantes suelen ufanarse de logros que sólo ellos ven de una idea de López Mateos, citada por Arellano: “Nunca debemos decir que hay progreso nacional, ni bonanza por la industrialización del país si no hay un beneficio económico en ello para todas las familias de la patria. Nunca me atreveré a decir que hice un buen trabajo en tanto no saquemos de la miseria y de la ignorancia a nuestros ciudadanos. Por el momento, diremos que la sociedad mexicana está en un proceso evolutivo lleno de adversidad.”