Naia, la mujer que reveló el origen del hombre en América

martes, 20 de mayo de 2014
MÉXICO D.F. (apro).- Los restos de un esqueleto humano encontrado en el sitio arqueológico Hoyo Negro en Quintana Roo --una cueva inundada de agua--, revelaron que los primeros pobladores de América son de origen asiático y que llegaron de Siberia por el estrecho de Bering. Después de tres años de estudios por parte de investigadores y científicos de institutos de México y Estados Unidos, primordialmente, se llegó a la conclusión que el esqueleto humano encontrado por los buzos espeleólogos Alberto Nava Blank, Alejandro Álvarez, y Franco Atollini en mayo de 2007, es el eslabón que comprueba que tenemos ascendencia asiática, informó el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Naia, como la nombraron los miembros del Proyecto Espeleológico Tulúm (PET) en honor a una ninfa griega que acorde a la mitología era hija de Zeus y asociada al cuidado del agua, fue una joven de entre 15 y 16 años cuyos restos tienen una antigüedad de 12 a 13 mil años, los más antiguos de América encontrados en perfectas condiciones, gracias a lo cual después de recuperar sus restos se pudo estudiar su ADN. Así lo informaron en conferencia de prensa María Teresa Franco, directora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en compañía de la arqueóloga Pilar Luna Erreguerena, directora de Arqueología Subacuática del instituto; Pedro Francisco Sánchez Nava, coordinador nacional del  INAH; y Roberto Chávez Arce y Alberto Nava Blank. Junto a Naia o “La joven de Hoyo Negro”, se encontraron los restos de 26 mamíferos correspondientes a 11 especies del Pleistoceno Tardío con antigüedad de 36 mil años, que incluyen: gonfoterio, tigre dientes de sable, perezoso de tierra tipo Shasta, tapir gigante, cerdo de monte, oso, puma, lince, coyote, coatí y murciélago frutero. De hecho los restos de estos animales fueron los primeros que los buzos espeleólogos vieron, antes de dar con Naia, según comenta Alberto Nava Blank, quien explicó el 15 de mayo en conferencia de prensa sobre cómo fue el hallazgo: “En mayo de 2007, Alex Álvarez , Franco Attolini y yo descubrimos Hoyo Negro, una cavidad inmensa en el estado de Quintana Roo, recuerdo que nosotros iniciamos la exploración en el Cenote La Virgen y seguimos  por un túnel lleno de agua, después de más de un kilómetro buceando entramos a Hoyo Negro, fue increíble, todo era oscuro, sólo agua y oscuridad, llevábamos unos aparatos con luces muy potentes y aun así la luz no llegaba muy lejos, así que lo llamamos Hoyo Negro en relación al fenómeno del espacio de los hoyos negros que absorben la luz y sólo pudimos pensar en eso para nombrarle. “Pasamos dos meses para poder entrar más profundo, y una vez que lo hicimos pasaron varios minutos antes de acostumbrarnos a la oscuridad, el primero hueso que vimos fue un fémur de un metro de longitud, y de repente todos empezamos a señalar con las lámparas en todas direcciones, vimos los restos de un puma, de un tigre dientes de sable, un perezoso gigante, pensamos que ya eso era “el descubrimiento del siglo”, y de repente Alex Álvarez pone su luz en un cráneo humano, que estaba invertido, nos daba la impresión de que era la primera vez que miraba a alguien después de miles de años, era Naia, dice el buzo espeleólogo. Fue hasta 2009 cuando los buzos se reunieron con Pilar Luna y le dieron todo el registro e iniciaron a trabajar en el proyecto arqueológico. “Todos los buzos hicieron entrenamiento de dos semanas  en Quintana Roo sobre cómo dar levantamiento de información e información de especímenes y así trabajar junto a los investigadores”, dijo Nava Blank. Pero ¿qué pudo mantener los restos por 13 mil años en perfectas condiciones? Nava Blank: “Hoyo Negro en este momento está lleno de agua, la mitad es agua fresca y la mitad agua salada, pero hace 10 mil años el mar estaba cien metros por debajo, la entrada más cercana que hay esta entre 3 mil y 5 mil metros de distancia, lo cual creemos que hace 36 mil años los animales podrían entrar buscando tomar agua, sobre todo se sabe que el gonfoterio era una especie que podía nadar en los túneles, y probablemente los humanos hacían lo mismo, hace diez, doce mil años no había tanta agua en la superficie de la península, así que naturalmente entraban en las cuevas buscando líquido potable. “Creemos que subió el nivel del mar hace nueve mil años y desde entonces nadie más entró hasta que lo hicimos nosotros con nuestra exploración, con mucha suerte, porque nadie más había entrado en diez mil años. Nosotros somos exploradores de cuevas, nunca pensamos que íbamos a encontrar Hoyo Negro hasta que estuvimos ahí.” Pilar Luna fue un poco más allá: “Naia comprueba que entró por el estrecho de Bering y bajando llegó a la península de Yucatán, pero esto comprueba el linaje de los pobladores contemporáneos, objetos de una evolución.” Concepción Jiménez, experto en paleontología y miembro de la Dirección de Antropología Física del INAH, abundó al respecto: “Tenemos una colección de cincuenta esqueletos humanos de ese periodo de Pleistoceno, los hemos fechado entre doce mil setecientos a cuatro mil quinientos años, para nosotros ese dato es muy importante, pues al parecer ese grupo emigró desde las costas del Golfo, y estos grupos de origen asiático al continente americano es una micro-evolución, no evolución pues para eso se requieren cientos de miles de año.” Naia deja atrás al hombre de Tepexpan, considerado hasta entonces como el más antiguo, y a la Mujer del Peñon III. Aún faltan más estudios por realizar a “La Joven del Hoyo Negro”, una segunda etapa donde se vea la parte física que no se ha explorado, y que gracias a la ciencia podría revelar su rostro. La investigación se realizó a través del Proyecto Arqueológico Subacuático Hoyo Negro, Tulúm, Quintana Roo, codirigido principalmente por Luna Erreguerena del INAH; James C. Chatters, antropólogo y paleontólogo de Applied Paleoscience and Direct AMS, reconocido mundialmente por el descubrimiento e investigación del llamado Hombre de Kennewick; Dominique Rissolo, arqueólogo del Instituto Waitt, y Alberto Nava Blank y Roberto Chávez Arce, miembros del PET. Además del INAH, se contó con el apoyo de la National Geographic Society, el Instituto Waitt, el Archaeological Institute of America y la National Science Foundation, entre otros. Asimismo, se ha trabajado muy de cerca con la directora del Centro INAH-Quintana Roo, arqueóloga Adriana Velázquez Morlet.