"César Chávez", insípida

martes, 6 de mayo de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- La película César Chávez (EU 2014) dirigida por Diego Luna es una verdadera decepción. Historia plana y gris que nos quiere hacer creer que los personajes que vemos en pantalla son sumamente interesantes e importantes en el caso los buenos, y sumamente despreciables y mezquinos en el caso de los malos. Lo malo es que no consigue hacernos creer ni una ni otra cosa. Todo se queda en una carta de buenas intenciones, en donde se vislumbra que la contraparte real de nuestro personaje principal (interpretado por Michael Peña) fue una figura interesante, inspiradora e importante; caso contrario a lo que ocurre con sus contrapartes de la ficción, que son aburridas y unidimensionales. La cinta da cuenta de la lucha de César Chávez, allá por los años 60, por obtener mejores condiciones laborales para aquellos campesinos (principalmente mexicanos y filipinos) que trabajan en las granjas. Los patrones, unos capitalistas desalmados representados principalmente por un sujeto llamado Bogdanovich (John Malkovich), tratan con la punta del pie a los pobres y buenos campesinos, pagándoles un sueldo miserable. Decidido a que eso cambie para que todos sus compañeros de trabajo tengan un vida digna, Chávez deberá enfrentar a los dueños de las granjas, a racismos, a los habitantes de su comunidad (que ven con espanto que un grupo de mexicanos se junte por las noches), y a la policía, que por supuesto está del lado de los dueños de la tierra. Sin mencionar los ataques de ira de su propio grupo, que siente la tentación de entrar en un espiral de violencia. En apoyo a Chávez, además de miles de campesinos, encontramos principalmente a su adorable esposa (America Ferrera), quien está dispuesta a ir al mismísimo infierno por su amado esposo. La cinta de Luna no es capaz de transmitir pasión e inspiración en la cruzada de Chávez, ni tampoco coraje con respecto a las injusticias hacia los trabajadores. Los personajes carecen de profundidad, y la historia carece de un lenguaje simbólico rico. Y es una lástima, porque todo parece indicar que la figura de Chávez es sumamente apasionante y carismática; pero la cinta deja tan mal sabor de boca, que tampoco dan ganas de investigar más sobre este líder campesino. Diego Luna es incapaz de adentrarse en las profundidades de los personajes. La sensación que produce César Chávez es la misma que deviene al ver una “bola de pelo” cruzando el desierto.

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