"¿Yo... por qué?"

martes, 6 de mayo de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- Desde 1513, cuando escribí mi polémica obra sobre política, estimados lectores de la presente, ya me cansa tantas generaciones de vivientes me hayan tomado y me tomen como  maestro de la hipocresía, instigador del mal, de la corrupción, como a un predicador de la duplicidad, el dolo y manipulador de lo peor que hay en el humano, en especial de los que aspiran al poder; como a un malvado ser que persiguió y defendió una doctrina política que pone a la razón de Estado por encima de las reglas de la moral, como al autor de una política que destaca la noción de Estado al que ambiciona liberar de las reglas de la ética. Verdad es que en mi famosa obra, EL PRÍNCIPE, escribí lo siguiente: “…lo mejor sería ser tanto amado como temido. Pero ya que rara vez se dan juntos los dos, cualquiera obligado a escoger, encontrará mayor seguridad en ser temido que amado. “Esto se puede decir de la generalidad de los hombres: que son desagradecidos, inconstantes, hipócritas; ansiosos de escapar del peligro y ávidos de ganar…”. Y también escribí en lo mismo: “Mucha gente imaginó repúblicas y principados que nunca existieron. Por tanto la forma en que el hombre vive está tan alejada de la forma en que debe de vivir, que cualquiera que abandone lo que es por lo que debiera ser persigue su caída en vez de su conservación; el hombre que se esfuerza hacia la bondad en todos sus actos seguro llegará a la ruina, debido a que hay muchos hombres que no son buenos. Así es necesario que el príncipe que tenga interés en sobrevivir aprenda a no ser bueno…”. Esos pensamientos, otros parecidos y los crueles y crudos ejemplos que los ilustran llevaron a no pocos a considerar a mi libro, EL PRÍNCIPE: “…como una de las obras más peligrosas…” “…Ya que es muy fácil para un joven ambicioso…” “…corromperse con máximas que halagan la impetuosidad de sus pasiones, cualquier libro que contribuya a este debe considerarse en lo absoluto pernicioso y contrario al bien de la humanidad”, como escribió alrededor de 250 años después de la aparición en escena de mi obra Federico II, el rey de Prusia. Mis partidarios, que también los tengo…aunque no sean tantos…han sostenido y sostienen que el frío realismo, mis llamadas a la violencia y a la intriga son los que han dado pie a una visión desfavorable de servidor y su obra…los que han creado mi leyenda negra, por así decirlo…pues mis críticos no tuvieron en el pasado ni tienen en el presente en cuenta el momento en que escribí mi libro…ni mi patriótico afán por conseguir la unión de Italia…como ya la habían conseguid España, Francia e Inglaterra…ejemplos que mostraban y demostraban que la investidura autoritaria, astucias y fuerza que a aconsejaba a mi príncipe o jefe era únicamente un medio…y hasta una necesidad para conseguir la unidad italiana…e incluso para el progreso de la misma. Eso decían y dicen mis defensores…ustedes, estimados lectores, por lo expuesto aquí, ¿qué opinan? Servidor, por su parte, se limita a recordarles el siguiente hecho irrefutable: de que el Estado moderno tiene por base y de manera definitiva una fuerza centralizada y centralizadora y que si la misma no puede prevalecer, ni tampoco…para bien o para mal, decretar acciones y menos imponerlas…gusten o no gusten al ciudadano…¿o no es así? Pueden pensar que con lo anterior no hago más que confirmar mi poco aprecio por la gente del común, pero si así es, no olviden que mi desconfianza también llegaba a la élites del poder… ¿pero de quién era la culpa de que así pensara y escribiera servidor sobre el arte de adquirir el poder…las malas artes si quieren…de los errores que debía evitar un jefe para mantenerse en el ejercicio de sus funciones y del uso de la fuerza necesaria para ello? Nada de eso lo inventé; eso estaba en la realidad en que viví. El ejemplo lo tenía ante mis ojos, ahí estuvieron las poderosas familias de los Borgia y los Médicis, el emperador Carlos V, Francisco I, rey de Francia y Enrique VIII, rey de Inglaterra, todos ellos fueron figuras señeras del poder en mi tiempo…individuos que en intrigas, hipocresías, simulaciones, en conductas inmorales en lo político y en lo personal, me sirvieron de ejemplo para mi “príncipe”. Considerando que lo hasta aquí expuesto es suficiente para exculpar a servidor de pervertidor de los humanos, pues servidor no tiene la responsabilidad de que tantos sean hipócritas, manipuladores, desagradecidos, inconstantes y ansiosos de ganar…y esperando que el reconocerse como son les cure de ser así, de ustedes su seguro servidor. NICOLAS MAQUIAVELO