El gran hotel Budapest: El paraíso perdido

jueves, 12 de junio de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).-  El gran hotel Budapest al que hace referencia la cinta homónima de Wes Anderson es una especie de paraíso perdido en un país llamado Zubrowka. En su interior yacen los últimos vestigios de civilidad, refinamiento y buen gusto que propician el amor y el placer entro los hombres y mujeres que lo visitan; un oasis en medio de una Europa en guerra.

El gran hotel Budapest (The grand Budapest hotel, 2014) cuenta la historia del gerente de dicho establecimiento, el educado y servicial Gustave (Ralph Fiennes), y su protegido Zero (Tony Revolori, de joven, y F. Murray Abraham, de viejo), durante los años de la segunda Guerra Mundial.

Los gustos sibaritas de Gustave incluyen a las ancianas adineradas y rubias. Pero no vaya a pensarse que el protagonista de esta historia es un vividor o un desgraciado que abusa a la gente de la tercera edad: Gustaf es un caballero y se dedica a hacer que todos los que están en el hotel tengan una experiencia placentera. Las relaciones que sostiene con las clientas mencionadas resultan ser un plus que no daña a nadie.

Por su parte, Zero es un joven inmigrante, sin familia, que sólo desea trabajar como Lobby Boy.

El estilo de vida de Gustave lo meterá en problemas insospechados, y lo llevará a enfrentarse a presidiarios, a los herederos de una rica anciana, a un asesino psicópata y a la policía misma.

El eje principal de la cinta es la nostalgia: Los personajes principales de El gran hotel Budapest añoran la existencia de un mundo que ya no existe, y en medio de esta bruma de melancolía, se las ingenian para disfrutar los pequeños placeres de la vida; sin éstos, la tristeza y el dolor provocados por la muerte y otras vicisitudes, sería algo insoportable.

Esta magnífica y conmovedora historia se complementa con dos cosas: Primero, con un estupendo reparto, además de los ya mencionados: Edward Norton, Jude Law, Bill Murray, Saoirse Ronan, Twilda Swinton y Harvey Keitel, entre otros.

Y segundo, con una estética que por momentos parece trasladarnos a un cuento de hadas o a eventos que transcurren en una casa de muñecas; en ambos casos, el refugio perfecto para una realidad dolorosa.

De manera inversa, los aires de frivolidad que desprende Gustave, y su tono servil y complaciente, esconden a un hombre con profunda fe en la humanidad, quien cree que sólo basta un poco de amor para que hombres y mujeres se abran. Así pues, la experiencia de El Gran Hotel Budapest tocará la vida de aquellos que pasan por ahí, al igual que lo hará con aquellos que decidan ver la película.

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