"Puntos para la calma"

viernes, 20 de junio de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- Atormentado Juan D´Udakis; entiendo perfectamente que esté angustiado porque su fe, o sea, la gracia divina que lo capacita para creer y entender lo que no ha visto y Dios le dice y su iglesia le propone… que su fe, digo, no le alcance para aclarar por qué existe el mal en un mundo creado por un Dios omnipotente y todo amor, y en consecuencia de esa confusión se vaya al Infierno, lo entiendo y lo lamento, pues esa situación lo mantienen en un constante estado de guerra dolorosa y desconsolada consigo mismo… Pero eso es natural que le suceda, pues razón tuvo el que dijo que el hombre, entre otras cosas, es un ser de religión, pues no hay sociedad humana, en el grado de desarrollo que esté, que no tenga una idea de Dios, por lo que hay personas que afirman que esta idea de la divinidad existente en todas las sociedades, por primitivas que sean, es cosa que muestra y demuestra la existencia del mismo… lo que no quiere decir que exista el Infierno tal y como lo ha presentado por siglos la Iglesia católica, a la cual usted pertenece a juzgar  por sus cartas a este buzón. Servidor le diría que apacigüe su temor de ir al Infierno, pues esa es una idea, una interpretación de la religión que tiene su ambigüedad y sus contradicciones, lo mismo que le ocurre a los conceptos de Limbo y Purgatorio. Veamos en qué consisten. El Limbo es el lugar al que se supone que van los difuntos que no alcanzan el cielo ni a sufrir la condenación. La idea del limbo, debida a los Padres griegos de la Iglesia, fue muy popular y confirmada por la infalible magistratura de la Iglesia en la Edad Media… idea que hoy en día no tiene el consentimiento unánime entre los teólogos. Por lo que respecta al Purgatorio, lo primero que es de notar es que los patriarcas del Antiguo Testamento, como por ejemplo Abraham y Moisés, que tantas órdenes y mandatos recibieron directamente de Dios, en manera alguna se refieren a él y en la misma parte vieja de la Biblia, hasta unos 100 años de Cristo, en los Macabeos, aparece una alusión al mismo… pero de manera confusa, indefinida… y por lo tanto sujeta a cualquier interpretación que se quiera dar… Jesús, por su parte, no hace la menor referencia al Purgatorio… hay que esperar hasta San Pablo, el que lo da a entender con palabras sibilinas, esto es, obscuras, nada claras… y por lo tanto dependientes a explicaciones discutibles. En cuanto al infierno por todo fiel creyente tan temido, pues a él van a parar las almas de los pecadores para sufrir terribles tormentos con fuego que no consume pero quema persistentemente y otros parecidos horrendos castigos, idea predicada y sostenida por el infalible magisterio de la Iglesia católica. Resulta que doctores y hasta santos padres hubo en la misma, como Orígenes y San Jerónimo, que defendieron la idea de que la pena del Infierno era sólo temporal… idea que, hasta el Concilio de Constantinopla (en el 543) declaró que los sufrimientos que se padecían en el Infierno eran eternos… que parece ser no satisfacía a todos los creyentes… En el concilio de Letrán llevado a cabo en  1123, la Iglesia lo impuso como dogma de fe, amenazando con condena a prisión, el tormento y hasta con la muerte incluso a quienes negaran dicho dogma… y ahora resulta que sí, que el infierno existe… pero que probablemente no sea como se estuvo predicando anteriormente, un lugar de horrorosas y eternas torturas, sino más bien de profunda tristeza… eso según teólogos católicos… Según el santo más popular de los últimos tiempos, el papa Juan Pablo segundo subido a los altares recientemente… en una de sus audiencias dadas en vida, dijo respecto al Infierno lo siguiente: “Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor  misericordioso de Dios, significa permanecer separados de El para siempre por nuestra propia voluntad y libre elección. Este estado de auto exclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra ‘infierno’”. ¡Ánimo, mi atormentado y respetado Juan D´Udakis!, pues ya ve cómo los mismos dogmas proclamados por el infalible magisterio de la Iglesia católica van cambiando, transformándose con el tiempo… o sea, con la historia… ¿y quién quita que con el tiempo cambie aún más… para el bien de los creyentes? Con la esperanza y el deseo de que la presente le sirva para ir calmando su temor de ir al “infierno” cuando muera, suyo y afectísimo servidor. LIGORIO D´REVUELTAS

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