Moneda, la calle más bella

miércoles, 16 de julio de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- Aunque haya quien considere que la calle de Moneda es “sinónimo de abigarramiento” (mide apenas poco más de un kilómetro de largo al costado norte de Palacio Nacional), sin duda alguna compite por la supremacía entre las más bellas de la Ciudad de México por su traza y los inmuebles que alberga. No sorprende por ello que el suplemento Km. Cero, editado por el Fideicomiso del Centro Histórico, le dedique su edición número 71, correspondiente al mes de junio, en cuya editorial destaca el carácter fundacional de la calle, puesto que ahí se establecieron las instituciones del poder en la época de la Colonia: el Palacio Virreinal y el Palacio del Arzobispado. Enfatiza el texto: “Hay calles en el Centro que son compendios de arquitectura, de historia, de arte, o de tradiciones, otras son corredores comerciales, muchas veces especializados, o son ejes urbanos de gran importancia en la circulación peatonal y o vehicular. También hay algunas pocas vías que son todas estas cosas al mismo tiempo. Moneda es una de ellas.” Es verdad, como escribe Roberto Marmolejo en la edición especial, que hay un abrumador movimiento comercial. Ir y venir de gente con bultos, vendedores ambulantes que pese a las restricciones se la juegan para ganarse la vida ofreciendo una variedad de mercancías, o de antojitos: Tlayudas, frituras, tamales y demás. Pero si en algún momento de la madrugada o la noche se puede ver la calle con poca gente transitando, desde su inició en el Zócalo y vislumbrar su final en donde está el edificio de la Academia de San Carlos, justo en la calle de Academia, es como hacer un viaje de siglos al pasado. Porque Moneda es de las pocas, o acaso la única calle que conserva su fisonomía sin alteraciones desde hace cientos de años. Marmolejo cita al historiador y politólogo José Iturriaga Sauco (1914-2011), quien se preocupó por años por el rescate del Centro Histórico, pues decía: “Cuando la capital de la Nueva España ya tenía en una sola calle la primera universidad, la primera imprenta y la primera academia de Bellas Artes del continente americano, todavía los búfalos pastaban con desenfado en Manhattan.” Alguna vez José Emilio Pacheco hizo notar en una de sus columnas Inventario en el semanario Proceso, que en París se podían ver hasta la fecha, las calles y edificios que recorrió Antonieta Rivas Mercado aquel 11 de febrero de 1931, cuando se dirigía a la Catedral de Notre Dame para darse un tiro en el corazón. No es poca cosa. El poeta vio y lamentó la vertiginosa transformación de la colonia Roma, de la ciudad entera. En esos términos, la conservación, casi detenida en el tiempo, de una calle como Moneda adquiere más relevancia. Es quizá de las pocas que en las batallas contra el automóvil regresa a su carácter peatonal, que frente a los intereses mercantiles de locatarios e inmobiliarias se mantiene. Existe aún el inmueble donde se fundó la Real y Pontificia Universidad, primera universidad de América, que informa Marmolejo, está en proceso de restauración, fue durante un tiempo la cantina más antigua de la ciudad, con la primera licencia de la Ciudad de México, llamada El Nivel. Está también en la esquina con la calle de Primo de Verdad la Casa de la Primera Imprenta. En el número 4, y pese a que Vicente Fox pretendió en su gobierno devolverlo al clero, el Antiguo Arzobispado. Y adosado al edificio del Palacio Nacional, pero sobre Moneda en el número 13, el edificio que fue el primer Museo Nacional, y hoy alberga al Museo Nacional de las Culturas. La calle, cuenta Marmolejo, tuvo como su primer nombre el de Martín López, un carpintero del rumbo. Luego, cuando se construyó la casa del obispo, se llamó calle Arzobispado. También se llamó Santa Inés, y su nombre actual se le puso cuando se creó la primera Casa de Moneda de América, sobre las “casa nuevas” de Moctezuma, en un costado del Palacio Virreinal, en 1570. Moneda es, en suma, un museo a cielo abierto que merece que las autoridades del Centro Histórico y de la ciudad estén al pendiente, siempre, de su ordenamiento comercial, su limpieza, y viabilidad para el transeúnte.

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