De la guerra

miércoles, 13 de agosto de 2014
México D.F., (apro).- Patéticos lectores de la presente: por medio de la misma servidor les recuerda que hace alrededor de 120 años escribí el libro EL CRIMEN DE LA GUERRA, en el que dé muestras y razones de por qué pensaba así de ella; hoy, desde el más allá, con tristeza veo que de poco o nada ha servido mi intención de ponerla en la picota. Considero que lo anterior se debe a lo que pensaba Pascal: “que no pudiendo que lo justo sea fuerte, se ha hecho que lo fuerte pase por justo”, lo que hizo, hace y hará tantas y tantas veces, que la guerra sea un crimen. Veamos los hechos. Por ejemplo, ustedes, mis lectores, viven en una realidad en la que la moral cristiana, junto con su madre, la moral judía, son las morales por excelencia de la globalidad neoliberal en la que se mueven y los mueven, pues no hay ninguna otra moral civilizada que no coincidan en ese su rechazo de la guerra…al menos en teoría… así como en la creencia de que si se niega su abolición definitiva y absoluta, es tanto como poner en duda la práctica de la ley de Dios padre y la de Cristo, su hijo… y a pesar de ello ¡cuántas veces se justifican las guerras, hasta las debidas a la mentira falaz! Sí, sabido es y no lo ignoro, que la violencia, y sobre todo en su máxima expresión y brutalidad: la guerra, está en cada hombre y el que a ella se entrega, como todo pueblo que la declara y la ejerce viven en esclavitud, ya que la gloria del hombre es la de saber dominar la agresión, en vencer sus instintos destructivos y no ceder miserablemente a los mismos. Por supuesto, servidor no es tan cerrado para no estar, hasta cierto punto, de acuerdo con Grocio, el cual pensaba que no siempre la guerra es un crimen, que puede ser, por el contrario, un derecho compatible con las altas morales de todos los tiempos. Cierto, sí, pero nada más que con su límite. La guerra no puede tener más que un fundamento legítimo y es el de defender la propia existencia… ¡más ay!, la malicia humana es tan perversa, que todas las naciones en guerra declaran, todas, que están en la misma por defenderse… ninguna admite que es la atacante, la ofensora. De creerles, los gobiernos, las autoridades que dirigen a tales naciones y hasta a sus pueblos, vendrían a ser en blandura más semejantes al cordero que a tigre… y cosa curiosa, la mayoría de los países se hacen representar en sus escudos por el león, el águila, el gallo, el toro y otros animales bravos, cuando no rapaces, depredadores. Pero volvamos a nuestro tema. La guerra, como ya escribimos, no puede tener más que un fundamento legítimo: el de defender la propia existencia. En un sentido, puede decirse que el derecho de matar se funda en el derecho de vivir, y sólo en defensa de la vida se puede quitar la vida. En saliendo de ahí el homicidio es asesinato, sea de hombre a hombre, sea de nación a nación… y recuerden: el derecho de mil no pesa más que el derecho de uno solo en la balanza de la justicia… piénsese cuanto pesarán la muerte de los inocentes… de niños, mujeres y ancianos… que nada tuvieron o tienen que ver en cualquier guerra… la que sea… pues mil derechos juntos no pueden hacer que lo que es crimen sea un acto legítimo. También está el siguiente hacho difícil de resolver: el de que en cualquiera de las guerras nadie se confiesa agresor… todos se dicen víctimas de la agresión…pero en la misma, los que forman parte de ella, no pueden ser a la vez ofensores, los agredidos y defensores a la vez, uno debe ser necesariamente el iniciador de tal conflicto, y por lo tanto el criminal… he ahí el difícil problema a solucionar… que casi siempre es resuelto por los vencedores… que no siempre son los más justos ni las más moralmente superiores… y si los más fuertes… lo que hace bueno el pensamiento de Pascal citado más arriba. Pero hay otro hecho que aclarar, al menos en parte, el problema anterior y es que en toda guerra comienza a ser un crimen desde que su empleo excede la necesidad estricta de salvar su propia existencia, pues la guerra no es un derecho sino como defensa, por lo que en todas ellas la defensa se convierte en agresión y el derecho en crimen desde que el tamaño del mal por la necesidad de la defensa excede del tamaño de la agresión no provocada y sufrida. Respetados lectores: después de leído lo anterior, ¿cuál es su opinión sobre el conflicto que en estos días conmueve al mundo? Me refiero el que se ha dado entre los palestinos de Gaza y el Estado de Israel. Con los mejores deseos para todos ustedes, los vivientes. JUAN BAUTISTA ALBERDI

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