"¿Tendrá razón?"

martes, 26 de agosto de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- Estábamos en una reunión de amigos, cuando la conversación nos llevó al terreno preocupante de la pérdida de poder, de soberanía del Estado en este neoliberalismo en que vivimos. Alguno hizo la inquietante pregunta de que quién nos defendería de la dictadura del mercado y del creciente poderío de las corporaciones transnacionales en esta globalidad vertebrada y regentada por las mismas. Discutimos sin llegar a ninguna conclusión que no fuera a de la inquietud, la de la alarma. Ahí fue cuando Juan Contreras nos salió con lo que a continuación informo. “No hay por qué llorar al Estado-nación, el cual, como dijo Anatole France, lejos está de ser solamente un señor lastimoso y malhumorado detrás de una ventanilla; como dijo también el mismo France, hay que verlo como al cuerpo humano, en el que todas las acciones que realiza no son nobles. Veamos por qué. “Según dicen algunos de los que se precian de saber del tema, el Estado es la expresión jurídico-política de un grupo o clase dominante; otros, más optimistas, piensan que es el instrumento de integración y de resolución de los problemas colectivos. La primera teoría contiene y encierra la existencia en la sociedad de grupos sociales en conflicto… ustedes, mis estimados me dirán: en esta globalidad neoliberal en que nos movemos y nos mueven, ¿es o no de clases?... nada más pregunto. La segunda teoría tiene por real que los grupos sociales no son necesariamente irreconciliables y puede existir un instrumento (el Estado) capaz de integrarlos, de armonizar sus intereses y servir, al menos teóricamente, por igual a todos los ciudadanos… ¿lo creen ustedes?... ¿todos quedamos conformes con sus decisiones y ordenamientos, o los aceptamos porque los impone y no hay de otra?... ¿qué me dicen? En lo personal veo al estado como una cobija, que tapa y abriga a unos y deja a la intemperie a otros muchos… ¿se figuran lo que va a pasar si a esa cobija la hacen más chica? Y lo veo como una cobija, porque soy de la opinión de los que piensan que la soberanía del Estado siempre se ha inclinado en favor de los que tienen mayor propiedad privada de los que sea: tierras, fábricas, dinero y últimamente medios de comunicación. Esa tendencia se acentuó desde los inicios mismos de la Revolución francesa, que materialmente descabezó, en Luis XVI, a la doctrina del poder divino, al concedido por la gracia de Dios. “Analizando la cuestión de la soberanía, tenemos que, al menos teóricamente, en una democracia la soberanía pertenece y es ejercida por el pueblo… y esta teoría, sostenida por J.J. Rousseau, lleva consigo al sufragio universal, a la práctica de “un hombre, un voto”. Temerosa y con el fin de evitar que ese sufragio universal diera por resultado gobiernos populares, la ascendiente burguesía del siglo XIX, más ilustrada y mejor organizada que las masas, primero rechazó y combatió el sufragio universal, luego elaboró, defendió y terminó por imponer el término de soberanía nacional, considerando al concepto de nación como un ente real, integrante tanto de los que tenían más, que eran los menos, como a los que tenían poco o casi nadad, que eran los más… y por último se dedicó a elaborar, defender y terminó por imponer diversos tipos de sufragios restrictivos… como por ejemplo el llamado sufragio censitario, por el que únicamente votaban quienes pagaban un tanto de contribución, o el sufragio capacitario, por el que únicamente tenía derecho a votar aquel que poseyera determinado grado de educación… así como otras formas de sufragios desiguales, como fue la de los votos suplementarios para los ricos. El sufragio universal, el de la consigna de “un hombre, un voto”, aquel que no se encuentra limitado por ninguna condición de fortuna de capacidad, por fin se fue implantando en Europa y otras naciones del mundo a fines del siglo XIX, después de prolongadas luchas de las clases populares… eso sí, privando a la mujer de su derecho a votar… derecho que le fue reconocido en fechas posteriores, cuando la burguesía o propietarios de lo que sea, pero en grande: tierras, industrias, mercados, dinero, medios de comunicación, etcétera,  y los políticos, fueron afinando la maquinaria electoral con el clientelismo, los grupos de presión, cabildeos y componendas, pues “de la misma manera que a riqueza es poder, todo poder atrae infaliblemente hacia sí a la riqueza por uno u otro medio”, como dije el político y escritor inglés Edmundo Burke, por lo que digo que no hay que llorar por la pérdida de soberanía del Estado… pues siempre ha sido cobija de los poderosas y de los ricos principalmente”. A las palabras de Juan Contreras les salieron tantos partidarios como antagonistas. Usted, estimado lector de la presente: ¿cree que tiene la razón o no nuestro amigo? Sin más por el momento, su seguro servidor.   JUAN DUDAKIS

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