Actualidades escénicas: "El amor de las luciérnagas"

sábado, 30 de agosto de 2014

A veces estrella, a veces nada. Leopoldo Lugones

MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- Entramos a un espacio onírico en que parece asomarse el poeta tabasqueño Carlos Pellicer para gritarnos: “¡Señoras y señores, hablad silencio, que aquí están las estrellas y los luceros!” Las luciérnagas, es decir las luces, se encienden. El amor de las luciérnagas es una comedia que dio fin a su temporada en el Centro Cultural Helénico el pasado 20 de agosto. Obra teatral dirigida y escrita por el joven dramaturgo Ricardo A. Ricaño. La historia se centra en la vida de María, personaje principal interpretado por tres actrices Sonia Franco, Ana Zavala y Sofía Sylwin. Todas completamente distintas en físico, voz, corporalidad, energía, emoción y esencia. Las tres crean un personaje que en cada diálogo cambia. Un ser que no se define. El motor de este personaje es una búsqueda. Una exploración que lleva a María a un viaje al fin del mundo. Este fin del mundo es relativo porque va más allá de un espacio geográfico. Puede ser Tijuana, Noruega, Veracruz, Guatemala, no importa. Al parecer el viaje más largo que se puede emprender es el de vivir. María es un personaje que mira su reflejo en un charco de agua que se quiebra al intentar tocarlo. En la obra se cita fragmento de un poema de Pellicer: “¿Qué buscas en la noche con tu farola opaca?”, metáfora que funciona como cimiento o raíz de María y su búsqueda. Sara Pinet, envuelta en un vestido rojo, representa a Lola. Interpretación que brinda a María y a la obra apoyo y comicidad. Hamlet Ramírez enfatiza nuestros sentidos poniendo en escena a un jarocho con olor a madera, sudor y campo. Un personaje que nos recuerda la belleza de aquellos lugares mágicos que caracterizan a los pueblos latinoamericanos. El espacio es sugestivo. Del techo cuelgan focos que nos hacen ver el revolotear de las luciérnagas y los sentimientos. Los objetos son simbólicos. En el escenario hay tres maletas que se mueven y transforman dejando siempre la sensación del viaje, de la marcha y el camino. La iluminación a cargo de Matías Gorlero da la atmósfera a la escena. La obra maneja un buen ritmo; sin embargo, la narración supera a la acción y llega a caer en lo contado y no en lo visto. Los movimientos no siempre responden a lo que el diálogo marca, buen recurso que también se agota. Es un texto en cuya simpleza radica su eficacia. El público entiende la obra al verse reflejado en el lenguaje y los acontecimientos históricos en los cuales se apoya. Se ríe y conmueve para salir agradecido del teatro, acto no tan frecuente. Esta pieza es como las luciérnagas, intermitente y luminosa. El amor de las luciérnagas tendrá una corta temporada que inicia el 11 al 28 de septiembre en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, Donceles 36, Centro Histórico.

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