Medio siglo del Museo Nacional de Antropología

miércoles, 24 de septiembre de 2014
MÉXICO D.F. (apro).- Erigido hace 50 años, el Museo Nacional de Antropología, producto del trabajo de un sector político que daba justa dimensión a la cultura, sigue siendo uno de los recintos más importantes de México y único en su tipo en todo el mundo. Lo anterior quedó claro en el evento conmemorativo realizado el 17 de septiembre en el patio central, bajo el imponente parasol de José Chávez Morado, donde ocurrió la celebración, mismo que guarda el mayor conjunto de obras y creaciones arqueológicas y artísticas, como esculturas, pinturas, piezas de cerámica y códices, además de una pinacoteca de más de 200 cuadros de artistas como Rufino Tamayo, Manuel Felguérez, Leonora Carrington y Pablo O’Higgins. Sin embargo, llevar el MNA a la realidad no fue tarea fácil, si bien su construcción se realizó en 19 meses (entre 1963 y 1964). Ya desde el siglo XIX se había pensado en su creación sin éxito, acorde a información del historiador Antonio Saborit, actual director de este recinto museográfico, publicada esta semana en la revista Proceso. “Fue Adolfo López Mateos –explicó--, quien como presidente de México (1958-1964) le dio importancia al tema de los museos, y entonces un grupo de arquitectos, ingenieros, antropólogos, arqueólogos, historiadores y artistas plásticos, en fin, con una preparación desde los años 50, coordinados por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez (Distrito Federal, 16 de abril de 1919-16 de abril de 2013) y comandados por el entonces secretario de Educación Pública, Jaime Torres Bodet, aplicaron sus conocimientos y propuestas.” Así, el pasado miércoles 17, el recinto cumplió sus 50 años. En la ceremonia conmemorativa, el secretario de Educación Pública, Emilio Chuayfett, presidió los festejos, acompañado de Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Conaculta, y Maria Teresa Franco, directora del INAH, y Antonio Saborit, director del Museo Nacional de Antropología, entre otros. Miguel León Portilla, historiador e investigador emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México, ofreció dio una digna dimensión del significado del recinto al mencionar lo siguiente: “Somos una cultura originaria, una cultura que se desarrolló por sí misma, alejada de las grandes civilizaciones del antiguo mundo, como la egipcia y la china, razón por la cual interesa tanto la cultura indígena de México en todo el mundo. “Este recinto vibra con México, no es meramente académico el interés que tiene, es un interés vital, ya lo decía el licenciado Tovar y de Teresa, que viene a ser la presentación plástica viviente, real, no inventada de las raíces más hondas en el ser de México.” León Portilla concluyó su participación con la lectura de un poema en náhuatl. En la ceremonia, se entregaron seis medallas conmemorativas a personalidades que fueron fundamentales en la creación del recinto: Mario Vázquez, coordinador del programa de museografía del MNA en 1964; Manuel Felguérez; la investigadora Beatriz Barba de Piña Chan; Avecita López Mateos, hija del expresidente Adolfo López Mateos (1910-1969); Pedro Ramírez Vázquez, (1919-2013), que recogió su hijo Javier Ramírez Campuzano; y la entrega simbólica de una medalla a Jaime Torres Bodet (1902-1974), exsecretario de Educación Pública. Y para sellar el festejo se anunció el regreso a nuestro país del Códice Chimalpahin, documento fundacional de la nación, repatriado por el Estado mexicano luego de que se adquiera por medio de una subasta millonaria, lo irónico, pagar por algo que ya era del país. La obra, integrada por tres volúmenes del siglo XVII, fue recibida por la directora general del INAH para su custodia y resguardo en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, donde será preservada e investigada. Días después se anunció que la emisión de un boleto conmemorativo cuyo sorteo se realizó el pasado 19 de septiembre con un premio de 25 millones de pesos, así como algunos recitales musicales en diversos recintos de la ciudad. Recientemente, el Museo inauguró la muestra Códices de México. Construido sobre una superficie de 70 mil metros cuadrados, el MNA contempla más de ocho mil piezas en exhibición en sus 22 salas, 11 de arqueología y 11 de etnografía. En sus bodegas hay alrededor de 200 mil.

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