Sobre y tras el dinero

martes, 30 de septiembre de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- Contradictoria, como no lo ignoran, apreciados lectores, muy mucho contradictoria, es la relación de los humanos con el dinero, pues al mismo tiempo que lo desean intensamente, lo temen e incluso lo odian y hasta lo abominan. De antiguo vienen las siguientes frases que ilustran esa relación: “el dinero, el dinero es el hombre”, así como las siguientes palabras de Virgilio: “execrable sed de oro: ¡qué crímenes no haces cometer a los mortales!”, frases que, insisto, confirman lo que servidor viene diciendo; otras hay en la literatura que hacen lo mismo y que explican en gran parte las razones, los motivos de la apasionada atracción que siente el hombre por el dinero, por ser ricos. De la Edad Media española, el Arcipreste de Hita nos manda el siguiente mensaje:
El que non ha dinero, noes de sy señor. Mucho fas el dinero, mucho es de amar. Sy touyeres, avrás consolación, pracer e alegría y del Papa ración, comprarás paraíso, ganarás saluación; do son muchos dineros, es mucha bendición. Toda cosa del sygro se face por su amor.
Al respecto de estos versos, bueno será que recordemos que en tiempos del Arcipreste fácil era la manera de ganar la salvación en el más allá por medio de indulgencias pagadas en metálico, hecho que llevaría unos dos siglo después al protestantismo, con el rechazo de ese negocio celestial por parte de Lutero y otros reformadores de la Iglesia católica rompiendo con ello la unidad en la fe de la misma, dando lugar a otras iglesias cristianas. Poco tiempo después, en el Renacimiento, cuando va tomando fuerza la burguesía, cuyo poder se iba cimentando y extendiendo con el dinero ganado en el comercio, mismo que iba desplazando la importancia de tenencia de la tierra como símbolo de riqueza, como capital, Shakespeare nos dice lo siguiente: “¡Oro! ¡Oro amarillo!... muchos suelen volver con esto lo blanco, negro; lo feo, hermoso; lo falso, verdadero; lo bajo, noble; lo viejo, joven; lo cobarde, valiente. Esto hace que se corrompan vuestros sacerdotes y soborna a vuestros sirvientes y se revelen contra sus patrones, y va a retirar la almohada de debajo de la cabeza del hombre más robusto; este amarillo metal va a fortalecer y disolver religiones y bendecir a los malditas, hacer adorar la blanca lepra… vamos, fango condenado, puta común de todo el género humano, que siembras la discordia entre la multitud de las naciones”. Estas citas muestran algunos de los motivos de la contradictoria relación de la humana criatura con la riqueza en general y el dinero en particular. En estas citas vemos que el dinero seduce porque con él se pueden comparar las mercancías y servicios que se necesitan, pues como medida de valor permite la comparación entre todos ellos, relacionando a cada uno con los demás, por lo que se puede decir del mismo que es uno de los inventos más geniales del hombre, ya que es el lenguaje universal de los intereses, como dijo Mirabeau padre; al mismo tiempo, el dinero puede ser una reserva de valores o instrumento de ahorro, de acumulación de capital, mas esas no son sus únicas facultades, aunque sí son las más positivas. Tiene otras que no lo son tanto, que son incluso negativas, sobre todo cuando su maravilloso poder de compra, tienta y facilita que se haga una mercancía al que lo inventó: al hombre, haciéndolo víctima de un cambalache, de una compra-venta que persigue el afán de la ganancia, en la que tiene mayor ventaja el que compra, pues muchos son los que tienen que venderse, incluso al menor precio posible, por necesidad, con lo que el dinero no es ya un vehículo de circulación de bienes y servicios, pues con la compra del hombre se convierte en un problema ético, en una problemática social. Carlyle dijo: “hay épocas que el único lazo que une un hombre a otro es el dinero contante y sonante”, ustedes, apreciados lectores, dirán si esta globalidad en que respiramos, es una de ellas o no. ¿Qué contestan? Servidor piensa que sí, por lo que en la globalidad en que nos movemos y nos mueven por razones de dinero, en la misma los valores de la verdad, la virtud, el honor, la gloria e incluso el amor al prójimo y otros valores parecidos, necesarios para vivir en buena sociedad, no son libres, igual que la humana criatura, son más bien esclavos de dinero. Eso piensa servidor de ustedes. Al respecto ¿cuál es su opinión, apreciados lectores de la presente? ¿Qué me dicen? Con mis mejores deseos para todos. JUAN RECUERDA

Comentarios