El Zócalo, corazón del país

martes, 9 de septiembre de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- El Zócalo de la Ciudad de México es más que la segunda plaza pública más grande del mundo. Para el historiador Luis Barjau, director de Estudios Históricos (DEH) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el Zócalo es “el ombligo del mundo… el origen de nuestra historia, el escenario del drama, de la fiesta, de la protesta, del símbolo, del establecimiento del Estado. En fin, el eje central de las coordinadas de nuestra historia y de nuestra razón de ser”. Sin duda por eso indignó tanto a la ciudadanía la ocupación de lo que muchos llaman la “plancha de concreto”, como un monumental estacionamiento para los autos de los políticos, funcionarios, diplomáticos y demás invitados que asistieron al mensaje que dio Enrique Peña Nieto en Palacio Nacional con motivo de su II Informe de Gobierno. En términos simbólicos, la Plaza de la Constitución no es una plancha de concreto, es el corazón del país. Aunque no tiene un solo ladrillo hacia arriba, es un monumento en los términos de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, porque forma parte del Centro Histórico de la Ciudad de México, declarado zona de monumentos a través de un decreto presidencial publicado en el Diario Oficial del 11 de abril de 1980, y además inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1987. El Zócalo es parte también de la traza urbana de dicho Centro, que constituye por sí mismo un elemento histórico. No data sólo de la época colonial. Se habla de que desde la época precolombina existía ahí un espacio abierto. Su relevancia histórica ha motivado el ciclo de conferencias magistrales La plaza principal, su entorno y su historia, convocado por la DEH del INAH, y que fue abierto el pasado jueves 4 de septiembre por el historiador Miguel León-Portilla y continuará este jueves 11 con la participación del arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma. El ciclo que se lleva a cabo semanalmente todos los jueves en punto de las 18:00 horas, en el Auditorio del Museo del Templo Mayor, contempla las ponencias de Luis Barjau, para el 18 de septiembre, seguido de José Rubén Romero, Antonio Rubial, Sergio Zaldívar, Margarita Menegus y María Teresa Franco, quienes abordarán diversos temas relacionados con el entorno del sitio. Concluirán Carlos Aguirre con el tema “La plaza en el siglo XIX” y Manuel Perlo que dictará la conferencia “El Zócalo como escenario político, social y recreativo”. A lo largo de su historia el Zócalo ha sido transformado varias veces. Tuvo jardines, albergó en su centro la majestuosa escultura ecuestre de Carlos IV, El Caballito, hecha por Manuel Tolsá y ahora a punto de ser restaurado luego de una fallita limpieza en la que se le barrió la pátina del tiempo. Varios proyectos han intentado modificar su faz y se ha pensado incluso en poner un centro comercial en su subsuelo. En 1983, cuando se proyectaba que la línea 8 del Metro pasara por sus entrañas (finalmente modifico su traza hasta el Eje Central Lázaro Cárdenas), el arquitecto Ramón Vargas Salguero escribió en el semanario Proceso: “No se sabe qué sorprende más en el inicio de las obras de la línea 8 del Metro: Si la absoluta desaprensión en que las autoridades del Departamento Central del Distrito Federal tienen a nuestro patrimonio arquitectónico y arqueológico, o la prepotencia de que hacen gala al afrentar a la vilipendiada opinión pública o, en fin, el constatar una vez más su aberrante manía de pasar por alto los ordenamientos legales que ellas mismas han creado a fin de, supuestamente, inducir un mínimo de racionalidad en los procesos de desarrollo urbano y, para el caso que nos ocupa, en el respectivo al de la Ciudad de México…” Sus palabras adquieren hoy nueva vigencia por el actuar de las autoridades ante el atropello en el Zócalo. ¿Qué molesta más a la ciudadanía? ¿La arbitrariedad con la que se usó ese espacio como estacionamiento? ¿La indolente respuesta de los funcionarios de presidencia? ¿El silencio o desentendimiento de las autoridades del Distrito Federal? Aquí hay varias instituciones responsables que intervienen en la conservación y cuidado del Centro Histórico, por parte del gobierno federal: La Secretaría de Educación Pública, a través de los Institutos Nacionales de Antropología e Historia y de Bellas Artes, que además es quien decide otorgar o no el permiso para el uso de un sitio o edificio patrimonial, distinto del que marca la ley. Y del gobierno de la Ciudad de México: La Autoridad del Centro Histórico, el Fideicomiso del Centro Histórico, la Secretaría de Cultura y su Coordinación de Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural. La ciudadanía ha jugado un papel importante a través de las redes sociales. Así expresó su indignación también en el caso del uso para una fiesta particular de la Rotonda de los Hombres Ilustres. Aunque no se sabe si su molestia fue por tratarse del lugar donde reposan los restos de héroes, artistas y reconocidos personajes o de un sitio patrimonial. Muchos monumentos son usados día con día para fines que la ley no les concede, un caso son los museos alquilados para cenas de gala. Durante el gobierno de Peña Nieto se propuso usar Teotihuacán par aun espectáculo de luz y sonido. Ahora mismo muchos particulares se benefician de la explotación de zonas arqueológicas como Chichén Itzá y los casos abundan, sin que todos generen la misma reacción en la ciudadanía.

Comentarios