"Gloria": La victimización como acto de redención

martes, 13 de enero de 2015
MÉXICO, D.F. (apro).- La cinta Gloria (México, 2014), que esboza el ascenso y caída de la cantante Gloria Trevi, deja mucho que desear: es aburrida, desabrida y posee una falta de consistencia en el comportamiento de los personajes. Gloria, de Christian Keller con guión de Sabina Berman, comienza cuando Sergio Andrade (Marco Pérez), Gloria Trevi (Sofía Espinosa) y Mary Boquitas (Tatiana del Real) son detenidos en Brasil en el año 2000, acusados de abuso sexual a menores. De ahí, nos vamos para atrás, al primer encuentro entre Gloria y Sergio Andrade, durante una audición (que, podemos presumir, es para formar parte del grupo Boquitas Pintadas). Por un lado, tenemos a Gloria, una niña inocente, con talento inusual, energía desbordada y hambre de triunfo; y por el otro a la mente maestra, un productor de pop con destellos de genialidad musical, ambición, locura y monstruosidad. Estos rasgos de personalidad se combinarán para generar un boom mediático y, como se muestra en la cinta, un mundo de poder y perversión. De entrada, la película retrata a Gloria Trevi como una víctima cuyo único “pecado” fue enamorarse y querer triunfar como cantante, y todo auspiciado por su inocencia. Situación que, más allá de su certeza, en la historia que vemos no resulta verosímil (sin mencionar los estereotipos en los que encuadra a la cantante Aline y a la periodista Paty Chapoy, quienes quedan reflejadas como brujas malas de cuento de Cachirulo, de manera injusta). Por supuesto, el villano principal es nada más y nada menos que Andrade, un monstruo de principio a fin, maltratador, machista (…) y su clan está compuesto de unas chicas inocentes que cayeron en sus redes. Sólo él y nadie más será el culpable de los horrores que pasarán durante el desarrollo de la historia. Independientemente de si así fueron o no las cosas, los personajes no resultan verosímiles: no hay los argumentos, ni los sucesos necesarios para hacernos creer que tanto Gloria como Mary Boquitas pueden salir sin raspones de por medio. Curiosamente, las actuaciones de los protagonistas resultan estupendas; las inconsistencias se deben más a un error de guión o de dirección que de otra cosa. Quizá por eso Sabina Berman se deslindó de la cinta, puesto que la producción tomó la decisión de modificar la versión final de la historia para que resultara más amable para la cantante. Al final, Gloria no es una historia conmovedora donde se muestra el lado humano de la intérprete, con sus posibles horrores y virtudes. Es una bella postal que homenajea a la artista y la redime; es decir, una cinta que sólo tiene interés para los fans que desean ver a su artista reivindicada, pero no funciona como una historia de calidad que pueda aportar al mundo de la cultura pop, al que pertenece Gloria… al mismo que hizo estremecer cuando el país escuchó por primera vez la canción “Dr. psiquiatra” en 1989.