Rinden homenaje a Ignacio Solares en Bellas Artes por sus 70 años

miércoles, 14 de enero de 2015
MÉXICO, D.F. (apro).- Ignacio Solares, director de la Revista de la Universidad de México y a quien Carlos Fuentes llamó “prominente novelista mexicano, dramaturgo, crítico, ensayista y emprendedor cultural oriundo del estado de Chihuahua” cumplió este miércoles 70 años de edad, motivo por el cual el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) le rindieron un homenaje en el Palacio de las Bellas Artes. Llegar a las siete décadas de vida para Solares significa una suerte de “corte de caja, una oportunidad para hacer recuento, ver los deberes y los ingresos; yo lo que creo es que ojalá y quede algo o alguno de mis libros, más allá de mí, pues ya son 70 años”, según publicó Conaculta en un boletín de prensa dedicado al autor de Delirium Tremens, Madero, El jefe máximo, Columbus y La invasión. Justamente esta última novela, escrita en 2005 y traducida por Timothy G. Compton al inglés como Yankee Invasion (Scarletta Press/Aliform Publishing. Canadá, 2009, 233 páginas), contó con la introducción del reconocido literato Carlos Fuentes (1928-2012), quien escribió: “La frontera norte y nuestras relaciones con los Estados Unidos han tenido muy pocos exploradores literarios. Solares se destaca en este aspecto. Francisco I. Madero, descendiente de una aristocracia norteña e iniciador de la Revolución Mexicana, ha atraído a Solares para escribir tanto teatro como ficción. “Pancho Villa, el bandido y capitán de Chihuahua es la figura central de su novela Columbus, en torno a la breve incursión de Villa en ese pueblo de New Mexico en 1916. Pero ahora, Solares aborda un evento mayor, ignorado por la mayoría de los literatos mexicanos: la invasión a México por los Estados Unidos en 1847, obedeciendo las leyes no escritas de expansionismo territorial de los yankis del Mar Atlántico al Océano Pacífico… “Este es el gran mérito de La invasión. Solares juega con las luces y con las sombras, los efectos y los defectos. Lo hace a través de una espléndida estructura narrativa… Abelardo, el narrador, nos relata la historia que vivió cuando era joven muchas décadas después, cuando está viejo, enfermo, cuidado por su esposa y los médicos si bien su memoria permanece lúcida al recordar los días aciagos de la Ciudad de México ocupada por las huestes del general Winfield Scott, con la bandera de las barras y las estrellas ondeando Palacio Nacional y las contradicciones halladas por Solares quien se atreve a narrarlas. “Un famoso lienzo contemporáneo muestra a la plaza del Zócalo en la capital de la República Mexicana siendo ocupada por el ejército y los soldados mercenarios de los Estados Unidos, mientras la población los acecha. Hay piedras que la población recoge para arrojárselas, y tarde o temprano los americanos comprenderán que no podrán controlar una ciudad tan numerosa como México ni un país con tan potente sentido de identidad, lenguaje, religión, sexo y cocina, aún a pesar de sus políticos farsantes y una estructura post-colonial que sólo con la revolución se fortalecerá. “Escrita desde la precaria ventaja de un punto de vista situado en el futuro inmediato de la novela, e incluso por estar narrada en primera persona, Solares se yergue contemporáneo nuestro y La invasión preserva una tácita invitación para ver y ser vistos como personajes de un relato atravesando el cedazo de la historia. Así es como Solares nos ofrece un riquísimo cuento de una historia revivida, el pasado como presente, la totalidad de la experiencia como un acto de la imaginación dirigida no sólo como pasado, sino también como el futuro del guerrero final, que representa el propio autor.” Nacho Solares en su propia tinta La inquietud por escribir o más bien por leer, le surgió desde pequeño a Nacho Solares, según dijo a Conaculta. “Fue lo primero que, cuando me preguntaron en mi casa a los 10 años qué quería ser, yo dije que quería ser lector y luego pues ya sin remedio, me avoqué a la literatura”. Sus estudios iniciaron en Chihuahua con los jesuitas, donde un año completo se dedicó a la lectura de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha “y luego ya en México entré a la Facultad de Filosofía y Letras, allí estudié letras y mi primer cuento lo escribí a los 19 años”, el cual fue publicado en El Heraldo por el novelista Luis Spota (1925-1985), autor de Casi el paraíso (1956). “Mi primera novela realmente es Anónimo y luego escribí un libro como a los 29 años que se llama Delirium Tremens, es el libro que más he vendido y que más me satisface, aunque es un libro hecho con el dolor de mi prójimo, es un libro para mí importantísimo”. Aseguró estar interesado en los arcanos, “en lo que no se ve y creo que está allí, siempre me ha interesado la parapsicología, el ocultismo y todo eso derivado de una fe que me inculcaron los jesuitas, que es una fe en algo más, o sea yo creo que por más que no queramos, estamos rodeados de otro mundo y de otro mundo que puede manifestarse en cualquier momento, me interesa todo lo que es, vamos a decirle así, fuera de lo normal, lo único que me parece insoportable es la realidad real, así, pelona, tal como la tenemos que vivir”. Ignacio Solares refirió que por esta razón su literatura es más bien, como “una especie de mis sesiones espiritistas, porque convoco a mis personajes, que en realidad, mis personajes son los que me convocan a mí, porque yo casi diría que no los elijo, me llegan”. El acto de escribir puede ser por inspiración, “porque de repente algo te invade, algo te arrastra y quiere tomar forma, entonces así me ha pasado con todos mis libros, cuando me han pedido un libro por encargo, no he podido, me pidieron un libro sobre Zapata, otro sobre Porfirio Díaz y no, tiene que haber una especie de comunión”. Por ahora, no tiene ningún libro pendiente “después de El sueño de Bernardo Reyes, estoy en impasse dedicado a editar la Revista de la Universidad de México y a mi programa de televisión. Quizá, algún cuento de vez en cuando, pero ahorita no me ha pateado la musa, como se dice. Espero que llegue. Pero no tengo nada en especial, quiero escribir algo que ya no sea histórico, entonces no sé qué voy a escribir, pero bueno, de todas maneras te digo que eso, lo rebasa a uno”. El homenaje a Solares del INBA se llevó a cabo en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, con la participación de Rosa Beltrán, José Ramón Enríquez, y Humberto Musacchio, además de la lectura de su obra a cargo de Jesús Ochoa, Antonio Crestani y Miguel Flores.

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