Los Quijotes de Pozo Blanco, propuesta teatral no profesional presente en el FIC

lunes, 19 de octubre de 2015 · 13:15
GUANAJUATO, Gto., (apro).- En un escenario alejado de la ruta de los teatros del Cervantino, con precarios programas de mano y apoyo logístico, integrantes del grupo teatral de la comunidad de Pozo Blanco (San José Iturbide) presentaron Los Quijotes de Pozo Blanco, una adaptación dirigida por Raquel Araujo para el Proyecto Ruelas. Este proyecto es la iniciativa de teatro no profesional con habitantes de localidades guanajuatenses marginadas que el FIC incluyó en su programación por segundo año consecutivo. El Proyecto Ruelas es una de las iniciativas de acercamiento social a poblaciones desfavorecidas, en situación de desigualdad, impulsados por Jorge Volpi desde que asumió la dirección del Cervantino. Sin embargo, todavía hay mucho por hacer para dar a este proyecto una cabida digna en el festival. La falta de difusión, un escenario extraordinario pero de acceso complicado como es el anfiteatro de la Mina de Rayas (en la carretera Panorámica de la ciudad, un espacio preservado del esplendor minero guanajuatense) seguramente dificultaron al público del FIC conocer del proyecto y acudir a la presentación del grupo de Pozo Blanco. Este escenario fue elegido por los organizadores para las presentaciones de las cuatro compañías no profesionales incluidas en el Proyecto Ruelas, surgidas de barrios de la ciudad de Guanajuato y de las comunidades de San Juan de Abajo (León), Puerto de Valle (Salamanca) y Pozo Blanco del Capulín. El Proyecto Ruelas pretende “generar identidad y nuevas formas de convivencia en las comunidades desfavorecidas de Guanajuato”, y en él están involucradas, además del FIC, la Fundación Cervantista, el Conaculta, el DIF estatal y los municipales correspondientes a las localidades y colonias, la Universidad de Guanajuato y el British Council. Tanta instancia metida en el ajo bien podría resultar en un respaldo más sólido, que haga a su vez más visibles las bondades y resultados del proyecto. La compañía de Pozo Blanco ha sido dirigida en estos dos años por Beatriz Araujo y el grupo La Rendija (de Yucatán). El año pasado escenificó Sueño de una noche de verano de Shakespeare. Este año, se eligieron algunos pasajes de Don Quijote de la Mancha. La mayor parte de la escenografía y el vestuario fueron elaborados por la compañía –esta parte coordinada por Alejandra Díaz de Cossío- con la participación de los propios actores y habitantes de la comunidad: títeres, huacales, algunos paisajes pintados en mantas, además de que utilizaron utensilios de cocina y limpieza para confeccionar títeres y otros objetos escénicos. A lo largo de la primera descripción que hace Cervantes de Don Quijote y su vestimenta; el momento en que es nombrado caballero; su batalla contra los molinos de viento o los pícaros momentos en la venta con Maritornes, cada uno de los adultos, jóvenes y niños va asumiendo el personaje del Ingenioso Hidalgo o la voz de éste y su Sancho Panza convertidos en títeres o simples máscaras, sobre el hilo de la narración cervantista. La obra se desarrolla sin contratiempos (con excepción de los ocasionados por el viento y un clima frío en el escenario abierto); todos estos actores no profesionales; ancianos, mujeres, niños y niñas, se han involucrado al cien por ciento en las posibilidades que les brinda el teatro y lo demuestran con creces. Al final de la presentación, el director del FIC, Jorge Volpi, se acercó al grupo y les anunció que, ante lo presenciado, el compromiso es que participe en la edición del año próximo y no con una, sino con dos obras montadas. En entrevista con Apro, Volpi reconoció los inconvenientes del escenario y la necesidad de igualar, por ejemplo, la publicidad y la convocatoria para estos espectáculos con cualquier otro de los programados en el FIC. Al fin y al cabo, como lo dijo, “han hecho un trabajo espléndido en esta épica con Raquel; (es evidente) cómo se ha integrado a la comunidad, estamos muy contentos con el impacto social que ha tenido. Artísticamente están creciendo y se nota”. Tenemos que encontrar mejores maneras para que más gente pueda ver el espectáculo. Este espacio nos gusta mucho pero hay dificultades para llegar hasta acá. Tendremos programas de mano mejores también”, prometió el director del Cervantino. La directora, Raquel Araujo, también habló de la experiencia: “Ha sido un verdadero aprendizaje estar en esta comunidad. Son las personas más nobles que he conocido en mucho tiempo; hemos aprendido de ellos y estamos felices por este intercambio grupal”. Para esta segunda puesta en escena con los habitantes de Pozo Blanco, el montaje se llevó poco más de dos meses, trabajando todos los días. “Y lo que es fantástico es poder ver cómo el esfuerzo es en tierra fértil, porque cuando regresamos ya estaban todos dispuestos, cuando repartimos los textos ya estaban listos. El poder de crear comunidad a través del teatro es asombroso” señaló la directora. Con La Rendija, Araujo tiene ya experiencia en la representación de Don Quijote, por lo que decidió readaptar los pasajes por un motivo que explica a continuación: “Fue idea de nosotros, teníamos que presentar el proyecto para el festival. Algo que nos ha asombrado de Pozo Blanco es que todos son quijotes. Lulú, es la delegada de la comunidad, se conoce la historia de cada niño, de cada familia, tiene una sala de lectura, es amante de los libros; muchos de los niños ayudan a sus padres en la milpa, en la albañilería; la abuelita anda por el pueblo y cuida a los nietos. Por eso pusimos el proyecto como Los quijotes de Pozo Blanco, porque lo que hemos aprendido de ellos son estos ideales”. Además, Araujo cree que el Proyecto Ruelas “es como ese Quijote que quiere andar por las comunidades: A veces las cosas marchan y a veces nos encontramos con molinos de viento. Es el espíritu del Proyecto Ruelas”. -¿Cree que ha sido dignamente recibido en el Cervantino?- “Por supuesto que sí. Sabemos que es un proyecto importante. Todo el tiempo a lo largo del año estamos en comunicación; ha habido mucho respeto por la gente de la comunidad, por sus tiempos, porque es un proyecto de alcance social más que estético, (es) crear comunidad a través del arte. “Creo -dice Bertha Araujo- que estas pequeñas acciones son las que necesita nuestro país para encontrar la paz, a través de la educación y de la cultura”.

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