'Robot!”, coreografía multimedia entre bailarines y humanoides

sábado, 24 de octubre de 2015
GUANAJUATO, Gto., (proceso.com).- La curiosidad de la coreógrafa española Blanca Li carece de límites, como la capacidad de invención del hombre y su vertiginosa relación con los avances de la tecnología. En su espectáculo de danza presentado este último fin de semana del Festival Cervantino, “Robot!”, en el que “bailan” juntos personas y robots humanoides, la artista lleva su apuesta a lo más aventurado y emprende riesgos, no siempre con resultados afortunados. Esta es una estrambótica puesta que resalta, a la par (y quizás ese sea una de las implicaciones desfavorables de la propuesta) la singularidad, belleza y voluntad del cuerpo humano, y las posibilidades de que un robot (un pequeño humanoide NAO) baile en el escenario, adornado con un traje de lentejuelas y cantando “Bésame mucho”. Es decir, que humanos y robots dancen y se les aplauda a ambos al mismo tiempo. Fue esa curiosidad de la coreógrafa, bailarina, cineasta y actriz, alumna de la escuela de Martha Graham, la que la llevó a Japón para conocer de cerca e inspirarse en la interacción de robots con humanos fuera de las necesidades científicas o tecnológicas o incluso musicales, y dentro de otras artes como la danza. “Trabajando con robots, redescubrí que la máquina más perfecta, más bella, es el cuerpo humano. Con los bailarines redescubrimos el cuerpo”, dijo Blanca Li en una charla con el público al final de las tres funciones que cumplió el espectáculo en el auditorio del estado. El público, asombrado por la novedad, por la misma curiosidad, por lo multidisciplinario y vistoso de la coreografía, mostró su aprobación con aplausos, lo que dio como resultado que las dos funciones del sábado 24 fueran de las más solicitadas de este Cervantino que termina. Esa curiosidad ha llevado a Blanca Li a un multifacético despliegue artístico que ha involucrado lo mismo coreografías inspiradas en la Grecia antigua, en el hip-hop, algo denominado flamenco-rap y espectáculos unipersonales. En esta coreografía se involucran: ocho bailarines (cuatro mujeres y cuatro hombres) dirigidos por Li; un cuerpo de bailarines consolidado, pulcro y de impecable técnica por sí solo, sin artificios (o sin necesidad de éstos) y varios robots humanoides NAO (descrito como el humanoide más utilizado en el mundo de la investigación y de la educación), de 58 centímetros de altura, brazos, piernas, dos cámaras HD como ojos y cuatro micrófonos en el lugar de la boca, operados desde un Ipad. Una tercera intervención, esta sí alucinante, fantástica, corre a cargo del colectivo Maywa Denki, creador y operador de varios instrumentos electromecánicos con formas muy distintas a los instrumentos tradicionales, pero que corresponden (en sonidos) a un piano, un bajo, una marimba, una voz cantante y un “palmero” flamenco. Estos instrumentos permanecen situados al fondo del escenario, presentes a lo largo de la coreografía para marcar el ritmo de los bailarines. Todo comienza, desde luego, con el cuerpo humano. Sobre la figura de uno de los bailarines se proyectan imágenes en rápida sucesión de aquéllos tipos de robots que hemos conocido a lo largo de nuestra historia, los creados por la ciencia, por las series de televisión, por la imaginación infantil, por el cine. Después viene la participación alternada del cuerpo de bailarines y de los pequeños robots. El público aplaude sin distingos y con igual enjundia a unos y a otros, y desde el asiento del espectador surgen las preguntas existenciales de rigor. En la profundidad de las coreografías se asoma la forma en que nos alcanza el futuro y nos falta tiempo; la mecanización de la vida cotidiana, de las rutinas, desde el despertar hasta el dormir, del ritmo sin pausas de la vida, de los hombres y mujeres en las fábrica donde operan sin cesar la maquinaria a cargo de la producción en serie de los artículos que acabará consumiendo también. El ser humano, pues, pareciéndose cada vez más al robot que creó. “A mí lo que me gusta es el cuerpo, la danza, crear una magia y que la gente tenga un viaje. Eso se puede hacer de muchas maneras y a mí me gusta inventar. Es verdad, me gusta mucho la tecnología. La tecnología es ya parte de nuestra profesión, de la danza y de nuestro mundo”, añadió la artista.

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