La Yerbabuena, la buena música mexicana

miércoles, 28 de octubre de 2015
MÉXICO, D.F. (apro).- Del fuego propio del son calentano de Guerrero, a la suave cadencia de la sandunga oaxaqueña y otras más, pasando, claro, por la chilena, la llamada música ranchera y prolongándose hasta el norte para recrearse con la polka, el grupo folclórico La Yerbabuena hace un recorrido más que amplio por lo dilatado de nuestro territorio nacional. Y tomando de aquí y de allá, integra un repertorio que si bien no es inédito en su totalidad, ni tampoco pan de cada día en el espectro radial ni televisivo, que es donde, en forma aplastantemente mayoritaria, cualquier tipo de música se difunde --siempre y cuando, por cualquier razón, así convenga a los intereses de ese espectro. Lo anterior quiere decir que a este realmente buen grupo no le va a ser fácil que lo escuche en cualquiera de las emisoras normales y, razón por la cual nos ocupamos hoy de él y de su primera producción discográfica que, como el grupo, se llama La Yerbabuena. Abrevando en la inmensa diversidad sonora mexicana, el grupo integrado por cinco profesionales de la música que igual tocan tres o cuatro instrumentos cada uno, además de cantar y bailar, ha logrado crear un estilo y sonido propio que, sin desvirtuar raíces, otorgan un sabor distinto a los huapangos y sones calentanos, por ejemplo; y como su formación académica se los permite, se van también a otros géneros, y a los boleros, por caso, les otorgan su particular toque. Ya entrados en gastos, se saltan las fronteras y le entran a la cumbia, los valsecitos peruanos, quizás una milonga e, irreverentes, hasta al mambo. Sus presentaciones son, pues, un auténtico jolgorio disfrutable de principio a fin --aunque suene a lugar común— por niños y niñas, adultas y adultos que se sienten (sentimos) en la fiesta relajada de los pueblos. El disco, de producción independiente por supuesto, es un rica muestra de lo que gusta hacer La Yerbabuena, por lo que tenemos piezas muy conocidas de dominio público como “El palomito”, que es un “palomo costeño” (así se llama el género), y la samba tixtleca “El toro rabón”; alternado con otras de vernáculos compositores de reconocimiento pleno como Jesús Chu Rasgado, de quien se incluye el bolero istmeño “La vida es momento”; el “gusto calentano” “El becerrero”, de J. Isaías Salmerón (los Salmerón son una prestigiada estirpe en esto de la música calentana), y de un tanto más al sur, del Perú, una canción de dominio público, “Ya me casé”, a la cual las dos integrantes del grupo, Maira Arroyo y Nadia Mercedes Salmerón, le agregaron un par de coplas. Surgido hace once años, La Yerbabuena llega hasta hoy a su primer disco porque, como dicen sus integrantes, también con formación académica en las ciencias sociales, su intención principal nunca ha sido grabar discos sino hacer música e integrarla a las comunidades. Así, el disco surge como constancia del trabajo que La Yerbabuena ha desarrollado para esas comunidades donde este proyecto, de clara posición política (de izquierda, debo agregar), ha encontrado su lugar natural al acompañar a los pueblos y sus demandas. Guitarras, contrabajo, vihuela, clarinete, tamboritas, violín, mandolineta, tarola, botellas y cajones son algunos de los instrumentos, a más de voces y palmas, que tocan Maira Arroyo, Nadia Mercedes Salmerón, Camilo Raxá Camacho, Hermilo Jiménez, Vladimir Jiménez y Tarsicio López Alcalá en este refrescante disco que vale la pena tener. Buena música esta de la Yerbabuena, ¡Bienvenida!

Comentarios