El Greco y la Legión tebana

viernes, 13 de noviembre de 2015
MÉXICO, DF (Proceso).- Como parte de su gira internacional, la compañía española Pánico Escénico se presentó en el teatro Esperanza Iris con su trasnochada puesta en escena El Greco y la Legión tebana. La obra combina dos épocas históricas mezclando una estética de romanos del año 287 y la de la corte española en el siglo XVI. La idea del autor Alberto Herreros es colocarnos en el momento en que Felipe II encarga al Greco un cuadro, lo cual significa para el pintor la posibilidad de ser integrado a la corte de El Escorial y obtener el mecenazgo tan anhelado después de abandonar Grecia, su tierra natal. En la obra, acompañamos al Greco en el proceso de elaboración de la obra El martirio de San Mauricio y la Legión tebana, al mismo tiempo que es testigo mudo de la trágica historia sobre los soldados de la legión cristiana del siglo III que se niegan a obedecer el mandato del emperador Maximiano de rendir culto a los dioses romanos y arrodillarse ente él como su Dios. Si bien la problemática se sugiere interesante, ya sea por las historias que aborda como por la alternancia de tiempos que plantea, los resultados son desalentadores. La forma utilizada por el dramaturgo es poco ágil y los acontecimientos son narrados tan explicativamente que se vuelven antidramáticos al grado de llegar al tedio. El personaje de El Greco, que observa silencioso la historia que habrá de plasmar a través de su trazo y colorido, tiene poca fuerza tanto por el texto como por la interpretación de Lino Ferreira. A pesar de ser una presencia rica en aristas, son pocas las situaciones en conflicto a las que se ve expuesto. La epopeya de la Legión tebana está llena de aventuras, pero se queda igualmente en un estatismo descriptivo donde los personajes hablan sin descanso recurriendo a un lenguaje pomposo. Los problemas del texto no pueden ser salvados por los actores, ya que el formalismo en la interpretación no escapa de la tradición del Siglo de Oro español poco afín al trabajo interior de los personajes. Acartonados y grandilocuentes, nos alejan definitivamente de la problemática de los protagonistas. Tal vez una dificultad técnica en el campo actoral sea la velocidad en el hablar, la entonación tan española y los problemas de dicción que impiden la comprensión total de lo que se expresa. La dirección, a cargo de Ignacio García, Natalia Mateo y la Compañía, trabaja hábilmente el movimiento de los personajes en el escenario diseñado con eficacia y buena estética por Tiziano Santi. El vestuario, a cargo del reconocido diseñador de moda Lorenzo Caprile, cumple de manera convencional con el objetivo de distinguir las dos épocas: falditas y capas para los soldados romanos y túnicas oscuras y vestidos cortesanos para los españoles del reino. Llama la atención el diseño de iluminación de Jesús Almendro por su riqueza en contrastes; frente a una luz blanca, invaden, momentos después, los tonos cálidos y de contraluces. Pánico Escénico, que presentó El Greco y la Legión tebana en la clausura del Festival de Teatro Clásico de Cáceres, por la conmemoración del IV centenario de la muerte de El Greco el año pasado, también estuvo en la ciudad de Toledo, donde el pintor radicó de 1577 hasta su muerte en 1614. Esta nueva aparición en México, con la que arranca su gira en América, resultó, por desgracia, decepcionante para los espectadores.

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